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28 febrero 2010
Comienzos y casualidades.
Pienso que podría contar lo de Amis y Barnes. Cómo Julian se enfadó con Martin porque éste cambió de agente, dejando colgada a Pat Kavanagh por Andrew Wylie, más conocido como “el Chacal”. Todo por un suculento adelanto sobre los derechos de La información. Todo porque Kavanagh era también la mujer de Barnes.

Así que vuelvo a Experiencia y releo cómo Amis cuenta la historia: cómo su hijo pequeño le pasaba el teléfono, “papá, es para ti, es el Chacal”, cómo finalmente Barnes le envió una carta de ruptura que finalizaba con una expresión inglesa de siete letras, tres de las cuales son efes.

Pero no deja de ser puro chismorreo, así que cojo Dietario Voluble, de Vilá-Matas, en busca de algo más estrictamente literario. Lo abro al azar, pero como siempre el tipo está hablando de casualidades, de coincidencias. Habla del pánico a la primera frase. Es otra coincidencia, porque también he pensado escribir sobre primeras frases.

Habla de El extranjero: “Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé”. Habla de Los detectives salvajes: “He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral.”

¿Todo el mundo quiere captar al lector desde la primera frase?, ¿no se puede esperar, qué sé yo, a la segunda?

Fernando Marías recuerda una escena de Wilder. Matthau pide a Lemmon que adelante la noticia, que ponga en el primer párrafo lo que ha puesto en el segundo. ¿Y qué pongo entonces en el segundo, pregunta sorprendido Jack?, a lo que Walter concluye: “El segundo párrafo no lo lee nadie”.

No sé qué pensar. Hay primeras frases, como “Llamadme Ismael”, que han pasado a la historia, probablemente, porque la obra triunfó. Habrá otras, excelentes, que sólo leyó la familia del autor. Por otra parte, la mayoría de los escritores preguntados confiesa que la primera frase del libro no fue la que primero escribió, así que todo es mentira.

Hay listas, claro: las cien mejores primeras frases, ya saben.

¿Cuáles son sus favoritas?:

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento...”

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas.”

“Las familias felices son todas parecidas.”

“En un lugar de La Mancha…”

Hay para todos los gustos. Si se trata de jugar y de principios de novelas, que además nunca terminan, ninguno mejor que el de Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino, que comienza precisamente así: “Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero”.

El tema no me acaba de convencer, salgo a dar un paseo.

A última hora de la tarde, encuentro en una librería la última obra de Julian Barnes, Nada que temer. No es una novela: Barnes habla de la muerte, de su familia y de la religión, dice la contraportada.

Me lo tomo como una coincidencia, ni siquiera sabía que la había escrito. Por lo que puedo hojear, habla de la muerte de su padre, de la muerte de su madre. En la red compruebo que la publicó a principios de 2008, aunque aquí ha salido ahora. Su mujer, Pat Kavanagh, la ex-agente de Amis, murió en octubre de ese año. Un tumor fulminante, al parecer. Barnes escribía sobre la muerte sin saber que su mujer iba a enfermar y morir ese mismo año. Otra extraña casualidad.

Leo su comienzo y creo que se merece un hueco: “No creo en Dios, pero le echo de menos”.

Bueno, hay que terminar y mojarse, así que lo hago con dos de mis comienzos favoritos.

Jamás me he dado tanta importancia como para sentir la tentación de contar a otros la historia de mi vida.” El mundo de ayer. Stefan Zweig.

“¿Qué hago yo aquí, preocupado por esta tontería?”. Lecciones de ilusión. Pablo d’ Ors.

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27 febrero 2010
Utilidades para el fin de semana

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[0] Editado por Bartleby a las 9:00:00 | Todos los comentarios // Año IV
26 febrero 2010
Dialectos/ Jergas/ Verborrea
Seré breve.
Cada época tiene su propia dialecto. En lo esencial hablamos de lo mismo. Solo nos preocupamos de cambiar la jerga. Recuerdo la primera vez que me enfrenté a un libro de Umberto Eco. Me fascinó sobre todo por su vocabulario especializado. Descubrí que con él podía acceder a mundos secretos compartidos solo por los pocos inicados. Luego caí en la narratología de G. Genette y de alguno más. ¡Ya tenía los instumentos verbales para la descripción sistemática y exhaustiva de cualquier novela! Vinieron más tarde los posestructuralistas y los poscoloniales, y junto con ellos los derridianos. Aquí, hagamos un alto, me caí del caballo, que en mi caso debía de ser mulilla de arrastre. Lo de la logorrea me recordó a aquella vez que contraje una gastroenteritis.
A partir de entonces, ¡gracias Derrida, gracias Paul de Man!, me volví al clasicismo estilístico. Clasicismo en la escritura: concisión, ligereza, ironía. El contenido me traía sin cudado pero como se le ocurriera traer su jerga propia, el libro revoloteaba por encima de mi cabeza, pasaba cerca de la lámpara y aterrizaba en el cubo del olvido.
Por aquel entonces los escritores solían utilziar el lenguaje clásico del que tanto me mofé en mi adolescencia y que ahora tanto valoro. Ha habido un cambio generacional, sin embargo, porque los novelistas de hoy también se han dado al uso de la jerga banal y fatua solo apta para iniciados. ¡Una lástima! Antes sus novelas eran mediocres pero sus escritos misceláneos se dejaban leer. Ahora ya ni eso.

Y para muestra tres botones:

La vuelta al mundo

Diario de lecturas

Ibrahím B.

(escrito por Garven)

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25 febrero 2010
¿Una cuestión moral?
En 1994 el fotógrafo sudafricano Kevin Carter, que trabajaba como free-lance, recibió el premio Pulitzer de fotografía, en su sección Feature (dejémoslo así), por una imagen publicada en el New York Times el 26 de marzo de 1993. Como en el caso de otras fotografías controvertidas que recibieron el premio Pulitzer, la decisión de publicarla fue tomada por los editores y ésta tuvo un amplio eco mundial. La foto no es una instantánea sino que fue preparada por Carter: esperó un tiempo (horas según el Newseum, donde está expuesta; pocos minutos según su compañero Silva, que le acompañaba) para que el buitre se acercara, entraran ambos en cuadro y consiguiera un mayor efecto. Incluso esperó a que el buitre desplegara las alas, lo cual no ocurrió. La niña estaba en ese momento sola y se encontraba cerca de un centro de alimentación de Naciones Unidas El hecho sucedió durante una de las hambrunas que asolaron la región de Darfur y el sur de Sudán en los años 90. Carter se justificó durante el discurso de aceptación del premio diciendo que la niña pudo llegar por sus propios medios al campamento de la ONU. Poco después declaró: “es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla, la odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña."

Versiones y detalles aparte, Carter fue duramente criticado por no haber renunciado a la foto, recogiendo a la niña para salvarla. El éxito y la crítica le persiguieron, se pasó a fotógrafo de naturaleza y al cabo de dos meses se suicidó.

Desde el principio la cuestión se planteó por los propios medios que convirtieron la foto en icono como un asunto de moralidad pública, incluyendo la sección utilitarista propia del mundo anglosajón. Sin embargo y desde ese punto de vista de la utilidad, Carter salía indemne del proceso y ganador, puesto que obtuvo más beneficio para la comunidad (africana, con alimentos; occidental, con satisfacción) en forma de ayuda internacional que si se hubiera limitado a rescatar a la niña, supuestamente moribunda. Los moralistas que le criticaban negaban a su vez la autonomía individual de la moral en cuyo nombre hablaban. A Carter se le exigía ser ejemplar cuando sin la foto no hubiera podido serlo porque nadie lo hubiera conocido. El carácter virtuoso para la comunidad de la acción de salvamento que le reclamaron excluía el valor de la noticia como testimonio de un hecho. Al propio hecho, la agonía de la niña y el buitre dispuesto a devorarla, se le negaba su autonomía para imprimirle un valor moral ajeno. Esta tragedia protagonizada por un fotógrafo y unos medios ambiciosos y una comunidad escandalizada, ¿tiene límites? ¿Es legítimo que Carter hubiera preparado la escena hasta extremos más morbosos, como la muerte de la niña?




(Escrito por Bartleby)

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24 febrero 2010
Desde la distancia
Muchas veces nuestros problemas nacen de que vemos los asuntos decisivos desde muy cerca, tanto que no podemos enfocarlos. Los árboles nos impiden ver el bosque. Entonces, como seguimos con los ojos abiertos, empezamos a mirar al revés, de dentro a fuera, y así terminamos viendo lo que queremos ver o lo que ha protagonizado nuestras peores pesadillas, situaciones ambas que nos hacen cometer penosos errores.

A resolver estas incertidumbres ayuda mucho el distanciamiento, un esfuerzo voluntario por apartarse, evadiéndose de lo inmediato para ver los problemas con más perspectiva. Se trata de subir a la montaña para llegar a divisar el bosque. En eso consistía en parte el viejo retiro espiritual de los cristianos que hoy, en nuestras devoradoras sociedades de consumo, ha dejado prácticamente de existir.

El distanciamiento siempre es revelador. Muchas veces no se busca expresamente, sino que llega como consecuencia de circunstancias fortuitas: un desplazamiento a tierras lejanas, una larga enfermedad, el internamiento en una prisión, cosas así. Mi caso es, afortunadamente, el primero citado. Resido actualmente muy lejos de España, pero no hace mucho que he salido de allí y todavía la siento calentita, cerca de ese abstracto corazón de los poetas. Veo, oigo y leo a mi querida patria perdida en su bosque, agobiada por el espeso sotobosque que apenas la deja avanzar Y me gustaría compartir con mis colegas del Nickjournal esa percepción mía y las salidas del laberinto español que me sugiere la distancia.

España y los españoles, sean estos de la etnia o bandería que ellos quieran creerse que son, están crispados. La crispación española, como casi todas las crispaciones, es consecuencia de dos sentimientos de fondo, la impotencia y el miedo que ésta genera. Los españoles no se sienten bien gobernados ni capaces como sociedad de trazarse su propio camino de prosperidad en el mundo que viene. Por eso están crispados, se sienten impotentes y tienen miedo.

Todo este miedo poliédrico viene de antiguo, es en buena medida consecuencia de nuestra decadencia irreversible como Imperio que fuimos, una ruina puesta de manifiesto definitivamente por el nefasto Napoleón, ayudado por el imbécil Fernando VII. El emperador gabacho nos machacó y nos hizo perder un siglo sobre los que ya habíamos venido perdiendo, terminando así de despeñarnos. Luego todo siguió rodando cuesta abajo, el tiempo histórico tiene unas dimensiones que nos son extrañas, difíciles de comprender. El caso es que, afortunadamente, hace tiempo que por fin decidimos convertirnos en una nación normal, con un pasado interesante y una lengua magnífica y planetaria, pero una nación más, sin otras pretensiones que hacer lo más felices posible a sus ciudadanos y hasta a los tataranietos de estos.

Pero el miedo todavía no nos lo hemos quitado de encima. La única forma de mitigarlo, quizá incluso disolverlo, es aclarándonos las ideas y trazando un rumbo a largo plazo común para todos los españoles. Como para aclararse hay que empezar por un ejercicio de reducción a lo esencial yo, haciéndolo, creo que los dos problemas más importantes que tenemos hoy son la disgregación autonómica y la incapacidad del sistema educativo para prestar a España el servicio que los tiempos le exigen. Son problemas de fondo, de esos que no tienen efectos espectaculares fácilmente adscribibles a sus causas, sino que afectan al funcionamiento de todo el sistema, tanto social como económico y político. Por eso a muchos miopes no les parecen los más importantes.

En cuanto al estado de las autonomías, fue en buena parte una consecuencia más del miedo español, disfrazado de generosa prudencia. En este caso fue miedo a la Goma Dos; se transigió creando para los vascos una situación especial, que lógicamente no se le podía quitar a los navarros, luego vino el café para todos y el agravio para Cataluña, que siempre se creyó la mejor y más explotada. Ahora estamos donde estamos, en una nación cada día más ingobernable, más reducida a taifas que se compravenden sus favores, donde el buen negocio está en profundizar las diferencias que naturalmente tienen que existir entre unos y otros y donde se ha hipertrofiado una clase política cada vez más desorientada. Todos asustados, ladrándole en diferentes variantes dialectales a la Luna llena, sin saber de dónde nos va a llegar el próximo enemigo, cabreados los unos con los otros. No debemos seguir así, somos demasiado pequeños para consentirlo. Lo malo es que todas estas malas tendencias autonómicas, si no se sale del sistema que las provoca, son irreversibles. España no podrá sobrevivir digna y sanamente en un régimen como el que tiene. Por eso hay que coger el toro por los cuernos y plantearse el estado autonómico como algo que necesita cirugía.

Pero la cirugía no puede consistir en cortarle la lengua a los disidentes, sino en reformar la Constitución en serio, casi creando un nuevo estado, lo que para los franceses sería "la VI Republique". Entre otras modificaciones importantes, habría que incluir en la nueva Constitución los mecanismos para que un grupo suficientemente numeroso de ciudadanos, viviendo en un determinado territorio español de suficiente autonomía geográfica como para valerse por sí mismo, y cuya secesión no hiciera inviable la supervivencia del resto, pudiera exigir la celebración de un referendum de independencia. Y aceptar democráticamente que si en ese referendum, llevado a cabo con todas las garantías democráticas, es decir, sin peste a asesinos cerca, ganasen los independentistas con una mayoría cualificada, pueda el territorio en cuestión segregarse definitivamente de España. Estableciendo también con claridad cómo hay que hacer las últimas cuentas con los que se van. Etc. De modo que por fin podamos vivir juntos y en paz los que de verdad queremos hacerlo. Y que se vea de una vez quiénes desean separarse de España y no aprovecharse simplemente de los ríos revueltos.

Todo esto solo puede llevarse a cabo desde una posición en la que España confíe en sí misma, lo que exige también un buen liderazgo. Pero para los buenos proyectos siempre se encuentran líderes eficaces. Así como para las malas realidades solo se encuentran líderes mediocres, de los de ir tirando.

En cuanto a la reforma educativa, sorprende ver cómo nuestros líderes políticos se obstinan en buscar en otra parte la piedra filosofal que acabe de una vez con la miseria crónica de España. Pero si es la educación, ¡estúpidos!

Con el sistema educativo pasa como con el autonómico. Nadie se atreve a meterle mano, y eso es así porque nuestra clase política vive sumida en el cortoplacismo más nauseabundo: solo se acometen los asuntos capaces de ofrecer resultados positivos antes de las próximas elecciones, o los que sean fácilmente sometibles a pactos tácticos, más aquéllos de naturaleza estrictamente técnica cuya ejecución cae por su propio peso. Es decir, nada que exija altura de miras y arrojo.

¿Para cuándo el comienzo de una reforma drástica de la educación, único camino para que España pueda ser una nación de primera fila, próspera y avanzada, capaz de enfrentarse con los nuevos desafíos que le vayan llegando? Los principios de esta reforma son dos y bastante sencillos de formular: primero, las mismas oportunidades educativas para todos los españoles y segundo, la instauración de la excelencia, en profesores y alumnos, como el criterio director de todo el sistema. Exactamente lo contrario de lo que se ha venido haciendo. ¿Se entiende lo de la excelencia? Quiere decir el reconocimiento de que, por ley natural, hay estudiantes mejores y peores, y debe estimularse y favorecerse a los mejores, como se hace en el deporte y también en el deporte-espectáculo. Siempre guiándose exclusivamente por el interés y el honor de España.

Esto es lo que yo he visto desde la cima de mi humilde y lejana montaña. Aquí no me acosan la televisión ni las tertulias ni otros ruidos de fondo. Aunque a lo peor me están haciendo desvariar las meigas. No lo creo.

(Escrito por Olo)

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23 febrero 2010
Están locos estos rusos
Ya he comentado otras veces en este blog que me gusta el cine de Aleksei Balabanov. Aprovecho para felicitarlo anticipadamente por su próximo cumpleaños: nació el 25 de febrero del 59 en Yekaterinburg, llamada entonces Sverdlovsk -entre el 24 y el 91, en que volvió a ser Yekaterinburg, por esa manía que tiene la gente de cambiar los nombres de los sitios.

El hermano Balabanov nace, crece, estudia, digo yo que se echaría novia, empieza a trabajar en películas de otros, hace un par de documentales y rueda su primer largo en 1991. No debe de ser muy bueno. No lo sé; no lo he visto. Pero en 1995 ya se hace un poco famoso al participar en una película colectiva, 'The arrival of the train', un homenaje al centenario del cinematógrafo. Su parte en la película, 'Trofim', recibe algunas buenas críticas.
Aquí se ve, regular, un trozo del trozo.


En 1997 ya la arma del todo con 'Brother', una de mafiosos rusos y chechenos que, vaya por dios, también me he perdido. Es, seguramente, su película más famosa todavía a estas alturas, y tuvo incluso una segunda parte, 'Brother 2' -para qué nos vamos a complicar- , que sí que he visto y que está bien, aunque no es una maravilla. Es un cine distinto al americano o al español, como estos dos son distintos entre sí. Supongo que será cine ruso, pero como no tengo ni idea de cine ruso, tampoco vamos a creer que todo el cine ruso sea como el de Balabanov.


Entre su primer bombazo (hablando siempre de lo que no gana óscares) y la mencionada secuela rueda 'Of freaks and men', que es -cágate, lorito- una 'crónica extrañada y amoral de los primeros tiempos del cinematógrafo en Rusia, vistos a través de la primitiva industria de la fotografía y el cine pornográficos' (1). Me bajé esta cosa raruna hace tiempo y todavía no he tenido humor para verla a pesar de lo que en general me gusta este hombre. También hay trozos de ella
por el YouTube.


Después de hablar tanto de lo que no he visto de Balabanov, voy a contar mucho más brevemente lo que sí he visto, y que me ha gustado más que 'Brother 2'.


'War'
(2002) cuenta una historia de la guerra de Chechenia, con un par de ingleses secuestrados de por medio que se creen que en seguida van a poder hablar con el cónsul, y tal. Y no, claro. En la historia no hay unu buenu, y tiene toda la pinta de que la guerra debe de ser tal que así, más que como sale en las de Chuck Norris. O Spielberg.


'Dead man's bluff' (2005) es una comedia de pistoleros de segunda que llegan a concejales. No es broma. Yo me reí muchísimo con el doblaje en bable y escenarios que parecían sacados de la cuenca minera, borracha y dinamitera. La Perestroika en Turón. Humor cafre y la actuasión estelar de Nikita Mijalkov. Que no es ni el mejor, así que ya se hacen una idea.

'Cargo 200' (2007) es la primera que vi de Balabanov y me sigue pareciendo una obra maestra. Basada -yo creo que poco más que vagamente- en una historia real , es un retrato de la más clásica España negra pero en los Urales.

'Morphia' (2008) se basa en el relato del mismo nombre de Mijaíl Bulgákov que relata aventuras y desventuras de un médico rural en imagínense dónde durante los primeros tiempos de la Revolución y con la morfina de compañera de juergas. Se trata de una experiencia de primera mano en muchos de sus aspectos, ya que Bulgákov fue, efectivamente, tanto médico rural como morfinómano. Doctor Zhivago uncensored.

A pesar de tratar asuntos diferentes en tan distintos escenarios, esas cuatro películas tienen cosas en común. Sobre todo, un realismo que nos convence a través del vestuario, el atrezzo, la ambientación general y los diálogos para que suspendamos la incredulidad, como tiene que ser, y podamos disfrutar de las aventuras, que las hay. Balabanov no cuenta el día a día ni la vida corriente, pero reconocemos a los protagonistas; son gente normal, y esas cosas también pasan.



(Escrito por Mercutio)

_______

(1) La frase es de 'Aleksei Balabanov. Cine para la nueva Rusia', de Jesús Palacios, un libro que editó el Festival Internacional de Cine de Gijón y que es el que he saqueado para copiar los cuatro datos que cito.

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[0] Editado por Mercutio a las 8:00:00 | Todos los comentarios 153 comentarios // Año IV
22 febrero 2010
Sueltos

De vez en cuando gusto de llegar al trabajo y soltar sin venir a cuento: “robo arbitral”. Da igual si lo digo un lunes o un viernes, si ha habido partido o no, siempre hay dos o tres que me saltan a la yugular: “¿qué robo ni robo?, vosotros si que robáis, el Madrid, Cristiano, Franco, Plaza, Guruceta, el Espanyol, que es un filial del Madrid” y en este plan.

Pulsar este resorte y conseguir la esperada respuesta pauloviana sí que constituye un hecho diferencial notable. A nadie se le ocurre preguntar: “¿A qué partido te refieres? ¿De qué hablas?”, no, las palabras “robo” y “árbitro” están asociadas en lo más profundo del inconsciente a este sentimiento victimista tan nuestro.

Me tomo unas cervezas y me doy una vuelta por el paseo marítimo de La Ràpita. Hasta cinco veces me topo con un señor que quiere venderme lotería para el Día del Padre. A la quinta le digo: “perdone, ¿se trata de una cámara oculta o algo por el estilo?” El tipo se cabrea, me dice algo que no entiendo y se va. Noto que ya se ha quedado con mi cara.

He visto con poco margen de tiempo 2012, Avatar y El hombre lobo. Sufro una sobredosis de efectos especiales. Ninguna de las tres me ha gustado. Espero con impaciencia Shutter Island, de Scorsese, que a estas horas ya debe haberse estrenado. Recomiendo La carretera a quien no haya leído antes la novela porque de tan fiel que es al libro parece un déjà vu de dos horas.

Leo que las celebraciones del año nuevo chino empezaron el 14 de febrero y continúan hasta el 28 aunque lo gordo ya ha pasado. Concretamente, se festeja la llegada del año 4708, lo cual significa que hemos entrado en el Año del Tigre. A todo esto, el Richal, desertor del NJ, zanganeando por ahí como si no pasara nada.

Hace muchos, muchos años, que no me disfrazo por Carnaval, es una fiesta que no soporto. En Río o en Tenerife aún puede tener su gracia, pero aquí, en pleno invierno, lo único que provoca son pulmonías. Antes, cuando me preguntaban de qué me iba a disfrazar respondía con el típico “de vikingo, con los cuernos de tu padre”, ahora, como todo el mundo está muy susceptible, respondo con un escueto “de torero”.

Voy al teatro a ver a Juan Tamariz. El tipo es tremendo con la baraja, absolutamente genial. Cuando no tiene las cartas a mano el tema flojea, los trucos no impresionan demasiado, yo diría que no está a gusto. Afortunadamente, la última parte del espectáculo es un seguido de juegos de cartas sobre el tapete grandioso. Si fuera torero saldría a hombros.

Jesus lanza una bola…




(escrito por barley)


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[0] Editado por Garven a las 8:00:00 | Todos los comentarios 182 comentarios // Año IV
21 febrero 2010
Uniforme de teócrata
Estaba yo concentrado en la fase inicial de yoga ibérico ilustrado en el sofá (o sea, con el periódico encima de la barriga y afinando el suave ronquido satisfecho) cuando mi súcubo me ha metido un dedo en las costillas para reclamar mi atención en algún asunto crítico

 Anda, mira, el líder del Partido Liberal-Demócrata ingles es antropólogo, que curioso...

 No se qué tiene de raro. Aquí hemos tenido ministros fontaneros...y la tira de inútiles cuyo único currículum es ser hijo de tal o sobrino de cual, para ser colocados en puntos claves. ¡Por Tutatis, mira esta, si el chaval encargado de la gasolinera tiene mejor expediente!

 Pues no se yo si la carrera de Antropología no será mas adecuada para el puesto de político que las disciplinas usuales... Ciencias Políticas no sirve para nada, de Derecho ya hemos tenido bastante, los licenciados en Medicina tampoco parecen nada del otro mundo, los psiquiatras han conseguido destrozar los Balcanes... al menos un antropólogo podría explicar los extraños comportamientos sociales de los grupos humanos ¿no crees? O quizás necesitemos a alguien con una visión mas periférica, mas...iluminada...

 A ver, esa pregunta no es inocente...cuéntame, demonio de mis días y ángel de mis tormentos, qué es lo que te inquieta

 ¿Porqué la gente reacciona siempre en el mismo sentido en circunstancias similares? ¿No ha aprendido nada, o no hay factores aleatorios que puedan cambiar la ecuación?¿Es que los personajes prototípicos aparecen espontáneamente cuando toca? ¿Estaban escondidos, son modificados a partir de los modelos básicos por las feromonas en el ambiente, como los peces que cambian de sexo según la proporción en la población?¿Se estudian unos a otros para dar una imagen similar?

Y mi cavilosa súcubo me enseña dos retratos: Juan Calvino y el Ayatolá Jomeini. Dos personajes separados en el tiempo y el espacio, en mundos dispares y con historias diferentes, y sin embargo tan similares en muchas cosas. Ambos aparecen en un momento de crisis social con una sociedad mas que harta, empachada de la corrupción y la decadencia moral de una minoría elitista urbana. En Ginebra e Irán existían ademas grupos molestos a los cuales se les ha prometido inveteradamente la redención en el futuro a cambio de su sumisión a los que mandan, que se exhiben envueltos en los brillos del oro y las sedas: en Europa rechina el boato de la corte papista en su apoteosis barroca y en Persia escuece el Trono del Pavo Real. En los dos territorios se vive sometido a las “potencias extranjeras”, invadidos de una forma mas o menos evidente por poderes fácticos externos que compadrean con los mandamases, y se mezcla la reforma social con las ideas de independencia como una salida al caos religioso y político. Los dos tienen que exiliarse de sus países al ser considerados instigadores de malas ideas y disruptores de la paz (y los dos, a Francia, que casualidad, la misma que movía los hilos en la trama), y los dos son reclamados por multitudes que ha seguido sus lecturas a distancia (bien comunicadas por Francia, otra vez, que se encarga hacendosamente de mimar a los extraños y dar voz a sus palabras... en casa ajena)


Ambos surgen de un sector religioso reformista y puritano que clama por la vuelta a los valores primigenios y por una depuración de los ciudadanos depravados. Ante la decadencia de los pueblos solo cabe instaurar una teocracia que ponga en vereda a los impíos, y se dictan leyes que prohíben el juego, el baile, las canciones “obscenas”(todas menos las de tema religioso), las borracheras y los juramentos, y se detallan las horas de ocio, así como el castigo de los tibios en la atención a los servicios del culto. En ambos casos se produce, al llegar al poder, una ola de destrucción del arte, la iconografía, los libros y hasta persona consideradas “heréticas”, con especial presión sobre las “malas mujeres” (por brujas o por liberadas, la cosa es que a las diferentes se las castiga con piedra o con fuego). Los poderes políticos quedan subordinados a los religiosos, y estos deciden en temas grandes y pequeños como la sanidad o la diplomacia exterior . Los dos líderes reformistas se consideran, en su terreno, eminentes teólogos que sin embargo descienden a terrenos prácticos y cotidianos, y que no se cansan de enseñar en sus cátedras a quienes abarrotan los bancos para escucharles, sintiéndose privilegiados de que tan gran sabio consienta en enseñarles. La obsesión por la docencia directa y por la redacción de textos de lectura fácil, complementados con sermones fogosos y exaltados, los convierten en profesores muy queridos por los menos doctos. A partir de estos comportamientos “populares” sus herederos han querido suavizar la percepción de sus figuras, elaborando rasgos menos severos y rodeándoles a veces de una imaginería benevolente que no casa demasiado con la original, excusando los excesos cometidos al fervor o la ira de sus colaboradores (unas veces quemando a Servet, otras presentando fatwas contra Rushdie), y ante las cuales ellos permanecían inalterables y en todo caso compadecidos por el error y castigo del herético.


Ambos se presentan frente al mundo como austeras figuras, físicamente similares, envueltos en grandes ropones, holapandas y capas, de salud escasa, cetrino semblante, blancas manos de escribano, y mas interesados en el estudio que en otras contiendas, el ceño adusto y el verbo duro, con sermones tremendos y tremendistas, abrasadores (bastante literalmente). Los barnices suavizantes de la propaganda aggiornante y meliflua los han convertido en ancianos severos pero justos, y en unas decenas de años acabarán pintando al flamígero ayatolá cual abuelito de Heidi en versión persa (Calvino de momento ha conseguido ¡hasta sonreir!)




El truco, claro, está en la tramoya y el escenario. Porque no es lo mismo una ciudad de comerciantes en una zona de paso que un país entero con enormes latifundios. Ni los equilibrios de la Europa del s XVI que el tablero del Gran Juego del s XIX y sus réplicas en el XX y el XXI . Ni sobre todo los comerciantes y artesanos perseguidos en Francia y Alemania, atraídos a la ciudad por su seguridad, que los grandes terratenientes opuestos a la propuesta de reforma agraria del Sha que se alían con un clero cerril y arcaizante que maneja a conveniencia a las masas analfabetas y embrutecidas, que bien a gusto exigen la esclavitud, la pobreza y el gobierno de los sátrapas. Y que a pesar de las apariencias ambos líderes (y sobre todo sus “equipos de trabajo”) tenían ideas muy diferentes sobre la conveniencia de permitir que el que sermonea en la catedral lo haga en la alcaldía y con mando en plaza

El resultado es que el calvinismo, con todos sus defectos y caveats, no ha usurpado el poder político ni ha impedido el progreso económico y social en las sociedades que lo practican (que lo haya favorecido es tema de polémica, aunque algunos gusten de considerar a Calvino el santo patrón de los capitalistas), mientras que la teocracia chiita iraní (con sus teólogos haciendo de economistas y de logistas) ha acabado en desastre gubernamental y la ruina del país, demostrando que tal vez sus ulemas sepan mucho de mensajes esotéricos,ángeles y moradas celestiales, pero al mando de una nación son peor que inútiles: son peligrosos, para ellos y para el resto del mundo

(moraleja: mas vale tecnócrata concienzudo en el despacho que iluminado solemne en la presidencia)


Bibliografía (por llamarlo de alguna manera)

What exactly did Jean Calvin (1509–1564) do for Geneva?

Should John Calvin’s Theology Be Decoupled from John Calvin’s Geneva?

¿Quién fue Juan Calvino y qué es el Calvinismo?

Can an Authoritarian Tree Produce Good Fruit? Thinking about John Calvin’s Geneva

Execution of A Child and Adulterers in Calvin's Geneva

¿Por qué ha sobrevivido la república islámica de Irán?

Irán en los últimos 100 años

Caída del Sha de Irán: La rebelión de los ayatolas ¿Islam o guerrilla? :: 17/11/1978

Revolución iraní

(Escrito por Mandarin Goose)

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20 febrero 2010
Pasando la criatura
By: Carol Guzy

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19 febrero 2010
É la nave va

Hoy es una de esas tardes en que a uno no se le ocurre qué contarles. En realidad tampoco se me ocurre qué hacer más allá de seguir aquí, la lado del radiador, calentito, enfrente de la pantalla y con unos cuantos libros al lado. Así que leo y tomo notas, de vez en cuando los leo a uds. , y trato de pensar en cómo era la vida antes de Internet. Parece que hubiera sido siempre así, pero no, y caigo en la cuenta de lo pronto que olvidamos. Como cuando de pequeño nos mudábamos de casa, y cambiábamos de número de teléfono. Al mes ya no recordaba el número anterior. Con los domicilios siempre ocurría lo mismo, aunque tardaba algo más. Al cabo de dos años había olvidado el número de portal y el del piso, así como la letra. Guardaba solo la memoria visual del lugar. Gracias a ello he podido visitar las calles en las que viví en algunas de las ciudades donde pasé algunos años. Claro que el progreso no es igual en todas lados y por eso hay no existe la vista callejera de todas las calles de todas las ciudades, y no he podido recordar (o hacer que surgieran algunos sentimientos al volver a ver aquellos lugares que me cobijaron.) Si eso me ocurre con las direcciones ya se pueden imaginar que con los vecinos el olvido es mucho mayor. Recuerdo a los más peculiares: aquel señor gordo que decía que tenía una vaca encima del piano, la viudita alegre que vestía de amarillo y no paraba en casa , la esposa de negro que nunca fue a la peluquería y lloraba por los rincones de los rellanos, y pocos más. Recuerdo si a los maleducados que escupían en el ascensor y al impresentable de su papá que les reía la gracia.

Pero lo que más me preocupa es que hasta no hace mucho recordaba el nombre y apellido de todos mis profesores de EGB y BUP, y ya voy olvidando unos cuantos.

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Por si quieren bailar:




(escrito por Garven)

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18 febrero 2010
Naufragio
Libro uno



La aventura de 'Factual' ha terminado como el rezo de nefasta prédica, el Rosario de la Aurora: es un hecho. Habrá que estimar entonces que, después de tantos años de éxitos ininterrumpidos, la estrella de Arcadi empieza a apagarse, su fama declina. Su reinado en internet ya es cosa del pasado, sobrevalorado pasado. Todavía resuenan el eco vocinglero de la algarabía que montaron Los Fundadores solemnes, con sus conciencias removidas por sus ¡50 leuros! defraudados ¡casi hasta consiguen que se los devuelvan! Qué broma. Hoy queda la amargura de las desilusionadas notas que han ido desperdigando aquellos periodistas que de repente se convirtieron en en noticia y, gracias a Dios, también queda la mala leche de De Paco.


Ahora, en nuestra humilde sábana, la cosa es comprobar si a esta casa también le arrastrará la marea, si nosotros también nos hundiremos con este Arcadi celebradamente fracasado por tantos enemigos. Y uno no se extraña de que sus enemigos, que los tiene notorios, conocidos, y hartos, se complazcan, pero se sorprende de la multitud que se aúpa a los lomos de la derrota, esa burra. Montano ya ha corrido a despedirse: ya no le burbujea. Se acerca la triste hora.

Curiosamente, aunque no se ha hablado todavía, este blog estuvo a punto de pasar a formar parte de Factual. Ya estaba casi casi en sus manos. Unos días más y... ¡a saber quién diablos iba a admnistrar esta casa! Por ahora seguimos. Yo me alegro de seguir leyéndoles, la verdad. Aunque hablemos poco o vayamos a hacer del laconismo un estilo, como aquellos.


Libro dos

Ahora voy a copia una nota que leo en un artículo que firma Alvaro Delgado-Gal. Antes pongo una ilustración:


"Es también reveladora la historia de "L'origine du monde", el lienzo de Coubert en que se ve, ocupando el primer plano, la vagina de una mujer perniabierta -Coubert tomó su motivo, probablemente, de una fotografía, y la cabeza de la mujer aparece cortada por el borde superior de la tela-.
Conviene contar la historia desde el principio. Coubert hizo compatible el didactismo social con obras de encargo de carácter erótico o pornográfico. Kalil-Bey, el embajador turco en París, le había echado el ojo a "Venus y Psique", una pintura de Coubert con resonancias lésbicas que ha desaparecido sin dejar rastro. Se le adelantó otro cliente, y en compensación nuestro hombre ejecutó para el embajador 'Le sommmeil". El lienzo de grandes dimensiones, figura a una rubia y a una morena que duermen en una cama, abrazadas y desnudas. "L'origine" fue un extra. Kalil-Bey lo colgó en su cuarto de baño, pero tuvo que venderlo para saldar unas deudas de juego. El lienzo va dando tumbos y en 1913 acaba, de nuevo, en un cuarto de baño: el del barón húngaro Ferenc Hatvany. El barón montó un dispositivo especial: el cuadro de Coubert quedaba disimulado bajo otro cuadro, un paisaje con motivo invernal. Las tropas soviéticas invaden Budapest en la Segunda Guerra y saquean el banco donde está depositado el Coubert. Después de ser restituido a su dueño, "L'origine' pasa a manos, finalmente... de Jacques Lacan, quien repite la maniobra del barón: tapa el Coubert con una pintura semiabstracta de André Masson, y lo cuelga en su estudio. Muere Lacan y hereda "L'origine" su esposa Silvia, ex de oro erotómano de nota: George Bataille. En 1995 se queda con el cuadro el Estado francés, en concepto de pago de impuestos."L'origine" forma parte, en estos momentos, de los fondos del museo d'Orsay. Lo que comienza como un tejemaneje entre cochinos de manual, remata en un homenaje a la haute culture, con mediación del fisco.'

(la última frase ¿qué novela les recuerda?)

Intérpete Melò Cucurbitaciet
Guayominí de puán
Desierto Polaco ?

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17 febrero 2010
¿Quién dirá los días que ha vendido?

Como un estar sin estar ha definido alguna vez el inclasificable zamorano Agustín García Calvo su trayectoria dentro del mundo cultural español.

¿Cómo entender este oxímoron? Comencemos por el estar. Con cierta frecuencia se recuerda en la prensa y en los estudios sobre el tardofranquismo y la Transición el nombre de García Calvo como integrante, con Tierno Galván y Aranguren, de la terna de profesores universitarios que fueron expulsados de sus cátedras en 1965 por su implicación en las protestas estudiantiles. Desde su exilio francés, García Calvo comenzó a publicar algunas de sus obras más difundidas, comenzando por la traducción de La filosofía en el tocador del marqués de Sade.

De vuelta a España, restituido a su cátedra por las autoridades de la Transición, García Calvo continúa sus clases y mantiene, junto a Fernando Savater, una famosa tertulia en la calle Desengaño, centrada en el comentario de los pensadores presocráticos: fruto de la misma serán sus dos tomos de Lecturas presocráticas, que incluyen una celebrada edición crítica del texto de Parménides y Heráclito. A la calle Desengaño seguirán el café Manuela, en el barrio de Malasaña, y otras sedes siempre provisionales de tertulia; hoy mismo, el Ateneo de Madrid, donde cada miércoles por la tarde, a las 20:30, tiene lugar una tertulia política conducida por nuestro autor.

Aun después de abandonada la docencia regular en la Universidad Complutense de Madrid por jubilación forzosa en los años 90, GC constituye una presencia tan imprevisible como ubicua a través de charlas, recitales, cursos y tertulias habidos por todos los rincones de nuestra geografía. También, a pesar de una deficiente distribución (que en los últimos años se ha corregido bastante), dejando a un lado los descatalogados (que incluyen títulos importantes, como De los números, Lalia o la Iliupersis), las librerías acogen aquí y ahora un catálogo considerable de libros de su autoría, publicados los más en su propia editorial, la zamorana Lucina; a los que hay sumar una serie no despreciable de traducciones, tanto de clásicos grecolatinos (Ilíada, Edipo Rey, De Rerum Natura) como de obras de Shakespeare (Macbeth, Sueño de una noche de verano, Sonetos), y ediciones críticas (De Rerum Natura, de Lucrecio; la obra del rabino Sem Tob).

Por lo que se refiere a sus numerosos artículos, si los referidos a cuestiones filológicas han de buscarse en revistas especializadas, los que tocan temas políticos (y con frecuencia polémicos) llegan puntualmente al lector a través de una colaboración sostenida con tenacidad tanto en revistas de pensamiento (en particular, Archipiélago) como en diarios de distribución nacional (Diario 16, El País y, actualmente, La Razón).

Fiel al dicho de que sólo los peces muertos siguen la corriente del río, la presencia de García Calvo en el mundo cultural tiene vocación de tábano socrático: apuntemos, por ejemplo, su negativa absoluta a comparecer en el medio televisivo, coherente con su idea de que la televisión es un medio señero de manipulación y formación de masas.

Marginal de vocación, García Calvo ha logrado en buena medida serlo de hecho: un aspecto de este activo no estar es su llamativa ausencia, con contadas excepciones, de los estudios y panoramas de la literatura española contemparánea. Su producción poética y teatral encaja tan mal en los esquemas de las corrientes predominantes en la literatura de posguerra que el modo más común de tratarla ha sido un silencio de muy abierta interpretación.

Este silencio de la crítica literaria es solidario con el que suelen recibir, por parte de los filólogos clásicos e hispánicos, sus aportaciones a los estudios de gramática y Filología. Una vez examinadas las referencias del propio García Calvo a quienes le ignoran (críticos literarios e investigadores científicos) justo es decir que estamos ante un desdén mutuo vivamente correspondido.

Y sin embargo, en tres llamativas ocasiones este silencio de la crítica especializada se ha roto para conceder a García Calvo sendos premios de la máxima importancia: el Premio Nacional de Ensayo de 1990 por su obra de gramática Hablando de lo que habla, el Premio Nacional de Literatura Dramática por Baraja del rey don Pedro en 1999 y el Premio Nacional al conjunto de la obra de un traductor en 2006.

De Baraja del rey don Pedro, un poema, sin duda entre lo mejor que haya escrito:

¿Quién contó las olas de la mar?
¿Quién le puso números al sueño?
Por tener lo que volaba,
llenó su jaula de pájaros muertos.
Por tener lo que soñaba,
su sueño trocó por joyeles de hielo.

Ése fue el rey Midas de los frigios,
que una vez, se dice, halló en su huerto,
medio asno, sudoroso,
peludo todo, borracho, a Sileno;
y lo ató con correyuelas
en flor y con hiedras llevóselo preso.

Pero luego al padre Dïoniso
le entregó su bruto tembloriento.
Conque el dios, en su sonrisa
le dijo: «Elige qué quieres en premio».
Y él pidió: «se trueque en oro
sin más cada cosa que toquen mis dedos».

¿Quién dirá los días que ha vendido?
¿Quién es quien las rosas puso a rédito?
Por saber lo que tenía,
perdió tesoro sin cuenta ni dueño.
Por saber lo que soñaba,
en mármol y nombre volviósele el sueño.

Ésa fue la blanca niña Alma
que por celos de la misma Venus
hubo de tomar esposo
sin nombre, y nunca tenía que verlo.
Cada noche la abrazaba
y el gozo era sombra florida de besos.

Pero no bastó lo mucho y tanto:
todo quiso Alma, todo el tiempo;
y una noche que él dormía,
sacó la antorcha, la alzó sobre el lecho:
era Amor: su nombre supo;
lo vio y lo perdió: era amor, era ciego.

(Baraja del rey don Pedro, pp. 63-4).


(Escrito por Al59)

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16 febrero 2010
Una mujer y un animal

Mi primer recuerdo de esta pintura lo debo a mi amigo Víctor. Había estado de viaje en Polonia y traía una lámina. ¿Qué te parece?, fue la pregunta, poco original. Yo quise hacerme el gracioso y contesté: una mujer con un animal, ¿no?

Entonces empezó a contarme la historia del cuadro. Lo había visto en Cracovia, en el Museo Czartoryski. Se atribuía a Leonardo y durante la segunda guerra mundial había sido expoliado por los alemanes. Luego los aliados lo encontraron en Alemania y volvió a sus legítimos dueños, la familia Czartoryski. Parece ser que en un primer momento quienes lo requisaron tenían la intención de enviarlo al proyectado museo particular de Hitler, en Linz, pero el gobernador Frank se hizo con él y lo tuvo en su cuartel general hasta su huída del país, con esa y otras muchas obras de arte, según se documentó en Nuremberg.

Una mujer y un animal, en efecto, y se hace difícil qué admirar más: la precisión de la mano o la de la garra, la sonrisa de medio lado de ella o la expresión de astucia del bicho.

Luego me olvidé del cuadro y hará cosa de un año me lo volví a encontrar en la biografía de Leonardo que escribió Charles Nicholl. No sé si es muy frecuente comprar una biografía por el autor, en vez de por el personaje, pero ese fue el caso. Había leído la espléndida Rimbaud en Africa y no lo dudé.

Nicholl cuenta que la retratada es Cecilia Gallerani, a quien se calculan quince o dieciséis años en la fecha del cuadro, sobre cuya autoría no parece haber hoy mucha discusión: efectivamente, es un Da Vinci. La muchacha era la favorita de Ludovico Sforza, Il Moro, duque de Milán, que era donde estaba Leonardo por aquellos tiempos. Sforza había echado ya el ojo a la criatura cuando sólo tenía catorce, pero tenía que andarse con cuidado, tampoco demasiado, porque tenía proyectada su boda (una boda política) con Beatriz De Este, otra chiquilla. Lo cierto es que el embajador de los padres de la muchacha escribía contando las andanzas de Ludovico con la Gallerani y eso podía entorpecer la alianza.

En todo caso, Il Moro no tuvo mayores problemas en dejar embarazada a Cecilia en 1491, el mismo año en que por fin se casó con Beatriz, muerta seis años después.

Estas batallitas de prensa rosa nos permiten entender mucho mejor el cuadro de Leonardo, quien por otro lado se relacionó con ambas mujeres y con alguna otra que pasó también por la alcoba del duque.

Tenemos a una mujer, casi una niña para nuestros cánones, con un animal.

Y ahora empiezan las interpretaciones: el armiño es símbolo de la pureza, prefiere morir antes que mancharse, potius mori quam foedari.

¿Qué pretende entonces Leonardo?, ¿nos está diciendo que aquella muchacha es pura, cuando es la amante del duque, a pesar de serlo?, ¿o se está burlando de Ludovico sin parecerlo?

Pero hay más: en griego, armiño se dice (por lo visto) galé, lo que remite al apellido de Cecilia, por lo que según esta interpretación, Leonardo haría referencia a la familia de la joven.

Y aun más: Ludovico Sforza tenía al armiño como animal heráldico. Entonces tenemos que imaginarnos que la hermosa Cecilia está acariciando al duque, que coloca su posesiva garra sobre el brazo de la joven.

El cuadro está retocado, al parecer incluía un paisaje que ha desaparecido. La leyenda en la parte superior, la bele ferioneri, es también reciente. Existe la leyenda de que Leonardo pintó a una hermosa esposa de un comerciante en hierros, un feronieri, y por error se supuso que era esta pintura.

Así que donde sólo vi una mujer con un animal había todo esto que he contado.

Y tampoco estén muy seguros, porque los expertos en el mundo animal aseguran que en realidad no se trata de un armiño, sino de un hurón albino, animal al parecer más fácil de domesticar.

Quédense con esa hermosa media sonrisa, ligeramente ladeada, como si estuviera atendiendo a algún comentario.

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[0] Editado por Schultz a las 8:00:00 | Todos los comentarios 141 comentarios // Año IV
15 febrero 2010
New York in a weekend
La ciudad de Nueva York actúa como una droga. Parecido, que no igual, a las patatas matutano, las pringles ó algunos blogs, si haces pop ya no hay stop. Pero NYC es peor droga que una asquerosa pringle, porque es adictiva de cojones. A lo mejor no en la primera visita, pero llegará un momento en el que una vez abandonada la manzana de los cojones-de-Montano, ya esté pensando el viajero en la próxima vez.

Para bebercio y música mejor remitánse a las crónicas de Mercutio .Aquí les guiaré si quieren por algún restaurante que otro. Pero primero deben procurarse alojamiento. Mi primera opción está en Lexington Avenue a unos pasos de la Quinta Avenida a la altura de la Catedral de San Patricio. Es el W NEW YORK . Si tienen suerte con el cambio y con la reserva - el hotel está siempre lleno - podrán conseguir por "tan sólo" 250 euros/noche una habitación por encima del piso 11 con vistas a la Avenida y al Waldorf Astoria que está justo enfrente. El bar de su lobby es una mezcla del NYC más fashion con Aspen. Al calor de la chimenea y de un bebedizo podrán disfrutar del espectáculo de los variopintos huéspedes y clientes que merodean por el hotel.
Una segunda opción en la parte sur de Manhattan, recomendable sobre todo en verano por su pool bar situado en el ático, es el Gansevoort Hotel.



Pero vayamos a las opciones carnívoras que les ofrece Manhattan. Si no han probado la verdadera hamburguesa americana, tienen dos opciones. El J.G. Melon (1291 3rd Avenue), a un paso del Central Park , especializado en hamburguesas y Bloody & Bull Marys.
Y también puede optar por el Burger Joint (119 West 57th Street) . Este último está situado dentro de un hotel de lujo, el Parker Meridien, rodeado por un lobby de diseño con todo tipo de bares a cual más cool, donde al fondo de un pasillo, tras la recepción, hallarán un letrero en neon de colores, propio de un spanish bar de carretera. "En siguiendo" la flecha fluorescente se toparán con una cutre hamburguesería con las mesas justas y donde si al llegar a la caja no se tiene claro la comanda le mandarán a la mierda, que en este caso está situada al final de la cola, y en ocasiones es larga de montanescos cojones. La cola. Aquí degustará una de las mejores burgers de la ciudad en un sitio completamente inexpensive. Ambos garitos son FIRST IN, FIRST SERVED (vamos, método FIFO sin reservas) y CASH ONLY.
Por último, si quiere probar una hamburguesa fashion, no deje de ir -imprescindible reservar con bastante antelación- al Minetta Tavern ( 113 Macdougal St ) la joya de la corona de Keith McNally (Balthazar & Pastis). Los habituales acuden a probar la Black Label burger, pero ya que están, no se les ocurra irse sin probar la "Dry Aged Cote de Bouef". No es barato el chuletón, 52 dólares por persona a finales de 2009. Le presentarán la pieza entera, para luego traersela con los huesos a un lado y los filetes por otro. El precio incluye un escueto y sabroso plato de lechuga, pero no probará un carne igual en el resto de su puñetera vida.
Ya sólo le quedan tres visitas para justificar el fin de semana. Primero subir, por ejemplo, al TOP OF THE ROCKS, situado en el Rockefeller Center, desde donde tendrá unas vistas inmejorables del Empire State y el Central Park. Segundo tomar el ferry gratuito a Staten Island para ver la estatua de la Libertad. Y por último cruzar a Brooklyn caminando por el puente de igual nombre y repostar, bien en Grimaldi's Pizzeria (19 Old Fulton Street) ó en el River Café, en este más por las vistas espectaculares del puente y del Skyline, que por su comida, por mucho que los locos de la Michelín este año les hayan concedido un macarrón. Lo de "este año" no son palabros baladíes. NYC cambia a toda velocidad. Por ejemplo, el himno oficioso de la ciudad ya no es el caduco "New York, New York", sino el dueto de Jay Z y Alicia Keys , "Empire State of Mind".





Por último, y para hacer "honor a las servidumbres de mi etiqueta" les presento a Kristine Lefebre, que era una de las aprendices del millonario neoyorkino, Donald Trump.

(escrito por pangloss)

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14 febrero 2010
Un finde movimentado
- Hay que ir a la casa de campo. Los gatinos llevan muchos días solos y no tendrán pienso, dijo mi santa a poco de volver de nuestro tradicional tour navideño por las cálidas tierras del sur peninsular. Ella no propone: ordena.
- Pues qué quieres que te diga, después de los tres mil kilómetros que acabo de meterme entre pecho y espalda no quisiera hacer ni un kilómetro más. De momento. Dicho lo cual, esperé a ver si se producía el milagro. Pero qué va
- hay que ir. Y punto. Me retó cual guerrera de la orden de Santa Juana de Arco.
- Es que verás. Esta mañana se me ha metido una pestaña en un ojo y estoy bastante molesto. Aunque sedosas, mis pestañas son tan largas que parece que tengo una viga más que un leve pelillo.
- Ya, ya, pero los gatos estarán famélicos.

Así que sí o sí, pensé. Cuando gustes, musité. Con lo que quedó despejada la cuestión y nos pusimos en camino. Ya llegando comenté que pasaría antes por la villa para recoger los periódicos encargados en el quiosco del pueblo.

- ¡Ah!, muy bien. Entonces preguntaré en la pelu si pueden teñirme
- Vale. Y, como el quiosco queda frente por frente de la farmacia, le digo:
- Pues, mientras yo recojo la prensa atrasada cómprame un colirio, anda.
- No

La noche, invernal y fría, cayó inmisericorde. Estaba como boca de lobo. La llamo para decirle que, cuando termine me deje una llamada perdida. Iría a recogerla

Al pasar de nuevo por la farmacia se brindó a comprarme el colirio, así, de motu proprio, que se dice. La cabalgata de los Reyes Magos de Oriente tenía cortada la salida de la villa y hubo que esperar. Las molestias oculares progresaban a la velocidad de la luz. Cuando la calle quedó expedita y llena de confeti continuamos. Al pasar frente al ambulatorio, M, que a pesar de sus dotes militares tiene un corazón tierno aunque a veces oculto, dijo:

- Si está aun abierto podían verte el ojo en el centro de salud
- Bueno

Y, sí, estaba abierto. Nos sentamos en la sala de espera y en unos minutos nos atendió un facultativo.

- Usted no es de aquí, me dice, ¿tiene la cartilla a mano? (llama cartilla a la tarjeta de plástico que hace tiempo la ha sustituido)
- Creo que sí
- La enfermera le va a hacer un lavado del ojo con suero y anestesia. Vaya con ella
- Entre aquí y tiéndase en la camilla, ordena la enfermera. ¿Me deja la tarjeta?
- Espere un momento. Saqué la cartera mientras ella, la enfermera, preparaba la operación, y busqué con la calma de quien no duda de que va a encontrar lo que busca
- Déjame que la busque yo, terció M. Debes saber que esta señora está trabajando y no va a perder su tiempo hasta que tú encuentres la tarjeta.
- Perdona, pero prefiero hacerlo yo. Si lo haces tú vas a desordenar el contenido y además tardarás más que yo.

Pero, qué va. Saqué tarjetas de todos los colores y texturas, las barajé una y otra vez y allí no aparecía la dichosa tarjeta o cartilla de cuando entonces. Entre las muchas que salieron de la cartera estaba la del seguro privado, un dato que conviene anotar a efectos posteriores.

- ¿Pero no te das cuenta de que estás tardando mucho y que esta señora no puede seguir esperando más?, insistió M, siempre tan atenta a no resultar molesta con los profesionales que cumplen con su obligación.
- Ya, ya, pero lo cierto y verdad es que la tarjeta no la tengo. Y me volví a tumbar en la camilla para que la enfermera hiciera su trabajo

El galeno buscaba en el PC mi nombre, pero por más que buscó no lo encontró. M estaba lo que se dice al borde de un ataque de nervios. No podía tolerar que el médico se tomara tantas molestias por mi culpa. Tanto bufó que el médico la miró al tiempo que decía:

- ¿Pero que prisa tiene usted, señora? No se preocupe
- Si no me preocupo, recete, aunque sea sin recetas gratuitas de jubilado. No es problema. La culpa es nuestra, bueno, exactamente de mi marido.
- Bien, mire, póngase dos gotas cada ocho horas del colirio que le receto y devuelva el que le han vendido en la farmacia, no es el adecuado, dijo el médico. Y procure usted, me dijo a mí, no olvidar la cartilla porque si estuviera en Cataluña no le atenderían.
- Ya, así lo haré, pero en cuanto a lo de Cataluña no se preocupe. Con la que está cayendo y con la que amenaza caer lo más recomendable es no ir a Cataluña. Cataluña para los catalanes, dije buscando una complicidad en el médico que no encontré.

La noche transcurrió en paz. Los gatos salieron a nuestro encuentro por la ventana de la sala, M les abrió y entraron miagando desconsoladamente. Comieron a dos carrillos alimentos secos, alimentos húmedos y hasta bebieron un abundante cuenco de leche. Realizada la refacción, se acomodaron en el sofá cerca de la chimenea ya encendida encima de su manta preferida. M estaba feliz con sus gatinos y ellos felices con M. La verdad es que se quieren a rabiar, es lo que se llama amores compartidos.


Al día siguiente volvieron a entrar, claro, los gatinos, tan pronto como nos levantamos, tarde, y encendimos la confortable chimenea. Antes de proceder a hacer nuestra primera comida del día M dijo que en la sala había un olor insoportable, que parecía mentira que yo no lo oliera, que no sabía para qué me sirven las hermosas y feas napias que tengo, y que mejor comíamos en la cocina, aunque no estuviera encendida la chimenea, que prefería pasar frío a soportar aquel olor fétido. Insistí en comer en la sala y, aunque rezongando, M lo admitió. Eran ya las tres de la tarde. En esas estábamos cuando llegaron los vecinos que viven al otro lado del río. Venían, muy cariñosos, a felicitarnos el año. Los invitamos a sentarse a la mesa, pero dijeron que a esas horas ya hacía dos que habían comido, que muchas gracias. El tema de los malos olores no tardó en sobrevolar la escena y los vecinos dijeron que sí, que allí olía mal, que apestaba a gatos.

- ¿Ves tú?, le dije a M. Ya te he dicho que los gatos no deberían entrar en casa, te lo vengo diciendo desde hace tiempo, son muy lindos, los gatos, y muy cariñosos, sí, nadie lo duda, pero no es aquí donde tienen que estar los gatos. Y encima si huele mal es por que los gatos entran. M tenía en ese momento la cuchara camino de su boca; la soltó mirándome con furia, se levantó, agarró su abrigo y salió de la casa sin decir otra palabra. Los vecinos y yo nos quedamos en silencio, como de piedra. Más ellos que yo porque yo a M la conozco, después de tantos años, del derecho y del revés. No me moví y seguí comiendo la apetitosa fabada de verdinas que ella misma había preparado
- ¿Y ahora?, dijo quedamente la vecina.
- Pues ahora voy a seguir donde estoy y cuando acabe iré a la parada del bus. M ha cogido el pendengue y subirá al primero que pase.
- Pues date prisa, que a las cuatro pasará.
- Ya, pero primero termino de comer, y después voy a la parada

Recogí como pude los platos de la comida, incluso de la no comida, cerré ventanas y puertas, corté la luz, el agua, la caliente y la fría, y salí de la casa casi atropellando a los boquiabiertos vecinos. Cuando llamé a M ya estaba a bordo y en la siguiente parada.

- Baja, que te llevo, estoy ya con el coche y en la carretera.
- No, me dijo. Y colgó

Una hora después ya estábamos en el dulce hogar capitalino, yo tratando de no dar importancia a los hechos porque, si se la daba, retomaba el feo asunto de los malos olores.


Amaneció un nuevo día y, como el ojo seguía doliendo, pedí hora a un especialista particular. A las seis de la tarde de un día enzaspiau por nieve, granizo y viento, me eché a la calle para ir a la consulta.

- ¿Me da su tarjeta?, me dice la recepcionista.
- Enseguida, le contesto

Busqué en la cartera, en la misma donde el día antes tenía que haber estar la de la Seguridad Social y no estaba, en la misma en la que estaba, en aquel preciso momento, la tarjeta de la seguridad privada. Pero, misteriosamente, la tarjeta que había estado ya no estaba donde estaba. Me vi teniendo que ir al ambulatorio de la villa y el tiempo no estaba para meterse en viajes por cortos que fueran. Al final, la recepcionista se apiadó y aceptó atenderme sin tarjeta, pero eso sí, con el compromiso de llevarla al día siguiente. Al volver a casa le digo a M:

- La tarjeta de la seguridad privada no la tengo en la cartera. Seguro que se cayó en el centro de salud de S. Déjame la tuya para que el oftalmólogo la pase en vez de la mía, si es que no tiene inconveniente.
- Déjame, ¡ho!, ¿no ves que estoy viendo la película?
- Ya, ya lo veo, pero, por favor, déjame tu tarjeta porque si no voy a tener que ir a S a buscar la mía.
- Vale, tráeme mi bolso, ¡qué pesado que eres!. ¡Ah!, pues sí, aquí veo que hay una tarjeta que no es mía, ¿a ver qué nombre pone?. ¡Ah!, es la tuya. ¡No sé cómo habrá podido llegar hasta mi cartera!

(¡¡¡Mujerrrresssss!!!)

(Desdeluego)

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13 febrero 2010
Doble y nada

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12 febrero 2010
Comunidades
¿Qué define a una comunidad hoy? Así se subtitula una exposición sobre tres fotógrafos y pintores. Una excusa para hablar del nuevo tipo de comunidad, aunque tenga que ser improvisadamente. Empiezo por descartar los conceptos y modos tradicionales de formación de la comunidad: familia, clan y pueblo (o cualquier forma premoderna), de intereses (vecinos, propietarios) o creencias (religiosa o secta), con su origen y medio de relación físico como denominador común. Lo que ha cambiado y define a la comunidad hoy es el tipo de vínculo y el medio por el que nacen y se mantienen. Parecen más electivos: amigos, conocidos o socios de cualquier actividad se buscan y desechan por internet. Se intercambian con rapidez. Comunidades móviles inicialmente formadas por elección y con un resultado final -como conjunto- caracterizado por el azar, el cual convierte al individuo en indiferente, supeditado a la comunidad, ésta a su vez indistinguible. Rostros, modos de vestir y comportarse intercambiables, protocolos de relación homologados, todos iguales. Se bautizan como democráticas. La intimidad desaparece en beneficio de la comunidad. Vuelta al clan, difuso.

Jim Torok: Trenton Dayle Hancock, 2008

Jim Torok: David Brody, 1999

Jim Torok: Doble autorretrato, 2002

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