De mejicanos
Y cierta pedantesca frigidez francesa
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No sólo me agitan los vientos de los acontecimiento según su inclinación, sino que además me agito y me turbo yo mismo por la inestabilidad de mi naturaleza; y quien se observe atentamente apenas si se verá dos veces en el mismo estado. Préstole a mi alma ya un semblante, ya otro, según la coloque. Si hablo de mí de distinta manera, es porque me veo de distinta manea. Todas las contradicciones se dan en mí alguna vez y de alguna forma. Vergonzoso, insolente; casto, lujurioso; charlatán, taciturno; duro, delicado; ingenioso, atontado; iracundo, bondadoso; mentiroso, sincero; sabio, ignorante; y liberal, y avaro y pródigo; todo ello véolo en mí a veces, según qué giro tome. Y cualquiera que se estudie bien atentamente hallará en sí mismo, e incluso en su propio entendimiento, igual volubilidad y discordancia. Nada puedo decir de mí, de forma total, entera y sólida, sin confusión ni mezcla, ni en una palabra. Distingo es el término más universal de mi lógica.
De la inconstacia de nuestros actos. Libro II, Capítulo I.
Ensayos, de Montaigne
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los miserables que encontraban entre los griegos acabaron abrazando a los miserables que luego descubrirían entre los medos. Quizás abandonaron definitivamente su ciudad y acabaron, qué se yo, varios siglos más allá, en un blog de eunucos persas en los dominios de Artajerjes, de natural innoble y perverso. En esas épocas en las que la ira de los tiranos ocasionaba el infortunio y desgracia de los castigados. No sé si a estas ejecuciones se le daba ya por aquel entonces el nombre de justicia, pero lo cierto es que pasados los siglos la ira sigue levantando una suerte de 'sed de justicia' insaciable dominada por la pasión del odio. La cosa es que esta pasión por la justicia estaba a flor de piel en la corte persa. Parisatis, mamá de Artajerjes, guarda cierta justificada tirria al eunuco del rey Masabates. Antes de poder hacer lo que quisiera con el triste eunuco, Parisatis se las ingenió para jugárselo a los dados a Artajerjes, juego en el que la mami era extremadamente buena, y ganarlo de una buena tirada. En cuanto lo hubo ganado, dispuso ella que sus verdugos lo desollaran vivo, lo crucificaran en tres tablas y colgasen su piel aparte. Claro que Artajerjes se gastaba otros suplicios más horrendos, como es el caso del suplicio de las artesas, que consiste en lo siguiente, según la receta de la época rescatada por Plutarco:

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ontano ya ha corrido a despedirse: ya no le burbujea. Se acerca la triste hora.
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Bien, la cosa es que he vuelto a esta casa a hacer leves y breves entradas., no como otros. Me han pedido escribir regularmente, no como otros, y yo he prometido esforzarme en hacerlo algo mejor, parecido a los otros. Ya veremos si le dedico algo de tiempo a alienarme con la otredad y acabo escribiendo con decencia, como un poeta.Etiquetas: Melò Cucurbitaciet
por un actor de aire mezquino, quedaba como un pícaro granuja, y encima, por lo que veo a la hora de elaborar esta entrada, su asesino iba a ser uno de los protagonistas. En lo que pude ver, oh casualidad, salió de boca de M. Antonio el nombre del auténtico desertor del arado, Cincinato, cuando en una inverosímil y amigable conversación con los asesinos de César les decía que deseaba retirarse a cuidar de sus tierras, como Cincinato. Cleopatra, floja, por supuesto que me quedo con la de Joseph L. Mankiewicz, aunque Vivien Leigh...
Imposible desconocer la vida de excesos de muchos de los legendarios romanos ni, aunque no fuera con la penetración de Tácito, tampoco es un detalle que nos hurtara Plutarco. Sin duda Plutarco es un moralista, como también Montaige (aunque hay negacionistas de este extremo), y por tanto tiene interés en mostrarnos los defectos que observa, sin que ello obligue a caer en la mojigatería. A Plutarco lo seguiría, para gran parte de su obra teatral, Shakespeare haciendo buenas aquellas ideas sobre el plagio expresadas por Fielding según las cuales todo lo que tiene de malo copiar a los contemporáneos lo tiene de bueno cuando se trata de los clásicos. Posiblemente el lector no se entere, el autor no se molesta ni te demandan sus deudos, y, en caso de que al fin se sepa, otorga galardón de vasta cultura y de buen gusto al rescate de clásicos relegados.Etiquetas: Melò Cucurbitaciet
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“el error de Antonio y Cleopatra es general, ordinario, común a todos nosotros y a todas las épocas; es la mundanidad, el amor al placer, al éxito, al arte y a nosotros mismos, y, a la inversa, el miedo al aburrimiento, al fracaso, al ridículo, a equivocarse de bando, a morir.”
“en Antonio y Cleopatra, todos se niegan a sufrir; y como ha escrito Kafka: “te puedes mantener retirado del sufrimiento del mundo, se te da libertad para hacerlo y se corresponde con tú naturaleza, pero quizá ese retiro es el único sufrimiento que podrías llegar a evitar"
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