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03 enero 2008
POR QUÉ SOY ANTIMODERNO (dóxa y epistéme)
Durante 30.000 años la humanidad ha progresado lentamente. En los últimos 500 años (en Occidente) lo ha hecho más deprisa, gracias sobre todo a la ciencia. Los problemas han surgido por intentar buscar atajos. Ha habido tres movimientos muy dañinos que han pretendido dar el “gran salto adelante”, aquél consistente en transvasar el conocimiento científico al moral. Los tres quisieron reinstaurar el saber empírico sobre bases ciertas y científicas, y los tres han fracasado en su intento: el racionalismo del siglo XVII, el idealismo del XVIII y el positivismo del XIX. A su lado el romanticismo, movimiento en sentido contrario, tuvo una fugaz influencia. Pero lo peor llegó en el XX, cuando prendieron las ideas de aquél judío que vivía de su mujer y se entretenía en la National Library. El insensato, que había nacido en Tréveris, dio en llamar a su movimiento “científico”, por lo que la Revolución se ancló en bases muy firmes (científicas y ciertas). El resultado de la ecuación ya lo conocen: el siglo XX ha sido el mejor de la historia de la humanidad gracias a la ciencia; también el peor, gracias a las ideas inspiradas por ella.

Hubiera bastado una lectura reposada de Aristóteles para no caer en tan funesto error. Él definió la especie humana como “animal racional”, ésa es su esencia. Un individuo concreto pertenecerá a ella si posee esas notas, es decir, si es animal y racional. Para los antiguos las especies tienen realidad, pero ésta no es idéntica a la de los individuos. La realidad de los individuos la conocemos por los sentidos, por sus propiedades y accidentes. Por el contrario, la realidad de la especie, es decir, de la esencia universal, no es directamente accesible a los sentidos sino sólo al entendimiento, a la razón. El conocimiento de las esencias, por ser universal, es por definición cierto. Por eso Aristóteles asigna a este tipo de conocimiento la categoría de epistéme, “ciencia”. Pero sobre los individuos concretos no cabe nunca ciencia, sino sólo dóxa, “opinión”. La epistéme busca la certeza a través la demostración. La dóxa delibera en busca de una aproximación prudente. Deliberación y prudencia son las dos condiciones básicas del “razonamiento práctico”, del mismo modo que la demostración y la certeza lo son del “razonamiento teórico”. Para los antimodernos, como yo mismo, el ejemplo paradigmático del razonamiento teórico lo constituyen las matemáticas (herramienta necesaria para entender la física y hoy también la biología). Por el contrario, el razonamiento práctico es el propio de la ética y la política.


Por lo tanto en filosofía política no cabe más que la sencilla fórmula ultraliberal y antimoderna que aquí prescribo: manténgase la ciencia es su perímetro de demarcación. Para que lo entiendan hasta los intelectuales: no intente dirigir la sociedad en base a “verdades científicas” o “verdades reveladas”. Sean más modestos, cojones. Los que afectamos ser del Antiguo Régimen, lo que pretendemos es que riéndose de nosotros (ja, ja, creen en Dios y en el Rey), terminen ustedes riéndose de sí mismos (je, je, creíamos en la Ciencia).

(Escrito por Marqués de Cubas Libres)

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04 julio 2007
VIDA Y HECHOS DEL PÍCARO

"SABLISTA ESCAPISTA"

ATALAYA DE LA VIDA HUMANA



Aunque nací sin padres, que en mi cuna

sembrasen las primicias de su oficio,

tuvo mi juventud por padre al vicio,

y mi vida madrastra en la fortuna.


Porte grave, buen talle e industria, es todo lo que recibí, y no me parece poco, de la sangre de mis afligidos padres. No recibí pues, oficio ni beneficio, y me las tuve que ingeniar para medrar en las zahurdas de la existencia. Supe ampararme en el discreto, en cuyo abrigo fui de adversas tempestades protegido. Pero sobre todo me cobijé bajo las ubres, primero de mi ama y luego de las sirvientas, las cuales me enseñaron el recto camino. Transitando por él di braguetazo diestro, ya lo conté, y ahí sigo, mimado y consentido. De joven soñé vivir de la tercería, pues me parecía noble ocupación la de puto y celestino, pero fui,venturosamente, buen estudiante. Galeno de profesión, no desprecié ni la Retórica ni el Griego, disciplinas de las que he vivido holgadamente. Así contento el vicio de ellas, y solo de ellas, no sin pesar. Sé que a nuestro Dios no le agrada, y que la ley natural, justamente, lo rechaza.

Pero cruel baldón me impuso el destino, no digo que inmerecido, pues me ornó con sanguíneo carácter. Una bilis negra que sabe a hiel, y que a fe mía, hiela el ánimo de mis semejantes.

No es de extrañar que mi confesor, el Padre Elorza, exclamase en venturosa jornada: "Hijo mío, pareciera que los Pecados Capitales se dictaron pensando en ti". De lo dicho hasta ahora se desprende que vanidoso soy, víctima también de la soberbia e iracundo hasta muy lejano extremo. No me libro, claro está, de la lujuria y menos de incontenible gula. Frecuento ventas y figones, amigo con venteros y maritornes, acuchillo el pellejo del vino, del que abuso, igual que de la pitanza, con poca o ninguna medida. Quizás, como excepción, nunca me gustaron los naipes y tampoco di muestras de pereza. Escaso bagaje, que apenas permite esbozar una menos que feble defensa.

Llegará el día, lo veo cercano, en que el Comendador, Convidado de Piedra, me pida cuentas. Reclamará justicia en nombre de cornudos y ofendidos, de abadesas y condesas. Allí pagaré, todas juntas, las consecuencias de mi fementida existencia. Lo haré con humildad, pero sin arrepentimiento. Cuando esté cayendo, inconfeso, al abismo donde habita el Averno, se oirá, oiréis, mi carcajada. Recordaré lo efímero de mi paso por éste mundo, Efímero, sí, pero también flamígero, oh llama del deseo que todavía hoy siento, dulcemente, como me quema.


En mi tumba, veréis este epitafio.

Fue buen español y regular cristiano,

mal padre y peor marido.

Fue buen amante y regular amigo,

mal compañero y peor enemigo.



(Escrito por el Marqués de Cubaslibres)

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04 junio 2007
Silva de varia lección


Hace unos días Brema me envió un libro titulado “Silva curiosa de historias” de Ángel María Pascual. Bellamente editado por Pamiela en 1987, contiene un prólogo de Miguel Sánchez Ostiz, el cual realizó también la selección de los artículos que aparecen en el libro. Es decir, hizo la silva de la Silva curiosa de historias que publicara Pascual en el Diario de Navarra a partir de 1931. Dámaso Santos consideraba a Ángel María Pascual (Pamplona, 1912-1947) “el mas malogrado escritor que había conocido”. Éste había fundado en 1937 la revista “Jerarquía”, revista negra de la Falange de un primor tipográfico inusitado, junto al jesuita Fermín Izurdiaga. Gran dibujante, Pascual ilustraba sus propios artículos y cuidaba con esmero la tipografía y el diseño del Arriba España de Pamplona, periódico que dirigió desde su fundación al acabar la Guera Civil, hasta su muerte en 1947. Imagino que el nuevo Gobierno de Nafarroa Bai, no tardará en hacer un justo homenaje a su memoria.

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Estos días leo una autobiografía de Miles Davis escrita al alimón con un tal Quincy Troupe (disponible en Amazon en paperback por 10$). Me atrae la música de Miles, particularmente sus Sketches of Spain, pero lo que más me interesa es su malditismo. Estremece leer cómo cuenta su lucha contra la heroína a través del espejo de Sugar Ray Robinson, quizás el mejor peso medio de la historia. Miles Davis quiso ser boxeador, al parecer no tenía mala esgrima, pero su endeble físico lo hacía inviable. Sublimó su admiración por Sugar Ray practicando el boxeo de salón, como yo mismo hacía con Luís Folledo. Tomando como ejemplo la fuerza de voluntad del campeón, logró descabalgarse. Miles ahead.
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Reflexiono sobre el paradigma de modernidad que supone ser “demócrata y ateo”. No soy lo uno ni lo otro, me proclamo “premoderno y gnóstico”, modelo que se ajusta mejor a la naturaleza humana. Ello significa que considero a tales modernos unos impostados, que niegan sus verdaderas pulsiones, bien por ignorancia, bien por conveniencia. Tan irracional es aceptar una verdad revelada (cristianos, mahometanos) como negar el sentido de trascendencia que nos confiere tener conciencia de nosotros mismos (ateos radicales). Lo ajustado es desarrollar nuestra espiritualidad con un gnosticismo propio de religiones orientalistas, para así conformar un hombre mejor, que desde el profundo individualismo actúe en beneficio de la sociedad (liberalismo). Proclamo por tanto el nuevo paradigma de la modernidad, gestado desde la antimodernidad: Aceptación de las reglas de la democracia formal, a sabiendas de que la real es inalcanzable. Aplicación de las reglas del “minimal state”, según la receta de Robert Nozick. Profundo respeto por los valores en que se ha cimentado nuestra civilización (fuerza y honor). Permisividad con los practicantes de las religiones reveladas. Fomento de una espiritualidad nacida desde nuestro interior, que tenga como último objetivo el disfrute de la belleza.
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En pleno abono isidril, atisbo como la tauromaquia representa una excelente muestra del gnosticismo que prescribo en mi canónica formulación vital. Al igual que practiqué el boxeo frente al espejo, he buscado en el toreo de salón un camino de perfección. El torero busca el equilibrio entre el temple de la muleta y el desabrido cabeceo de la bestia. Tal búsqueda se antoja imposible por el brutal dimorfismo en el coito, en el cual el toro es el gran macho y el torero la delicada bailarina con medias de seda. Cuando ella es empitonada y brota la sangre, ésta se coagula y oscurece, negro semen que genera una nueva vida ¿Cabe mayor belleza alegórica de nuestra existencia?




(Escrito por
Marqués de Cubaslibres)

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04 mayo 2007
De los genes a la cultura: el caso del incesto


Un buen español respeta a su madre como a la Virgen de la que es devoto, pero en los tiempos que corren la Patria se nos ha llenado de contumaces que propagan mentiras marxistas y freudianas. Es sabido que el médico vienés, que se había practicado una vasectomía para retener el semen y así conseguir la eterna juventud, estaba convencido de que todos los hombres deseaban fornicar con su madre. Según su atrabiliaria teoría, la sociedad había creado tabúes para impedirlo, siendo ése deseo insatisfecho la causa de las neurosis. El antropólogo finés Westermarck advirtió a Freud de su error, haciéndole ver que los hombres naturalmente sienten aversión al incesto, pero el padre del psicoanálisis argumentó que sí así fuera, no habría sido necesario que la sociedad crease los tabúes. Westermack cayó en el olvido y las teorías freudianas conservan todavía, increíblemente, seguidores.

Hoy sabemos que la evitación del incesto es un efecto epigenético en la especie humana, es decir, una conducta que está condicionada genéticamente, por lo que sólo un ambiente extremedamente degradado puede llevar a que se produzca. Edward O.Wilson, padre de la sociobiogía, considera el caso del incesto como una excelente apoyo para su disciplina. La coevolución entre genes y cultura, la existencia de sociogenes, o de memes (tal como los llamó Dawkins en "El gen egoista", en 1976), son el eje central de la sociobiología. La prueba mas relevante que permite caracterizar la evitación del incesto como un efecto epigenético la proporcionó Arthur P. Wolf, que a lo largo de cuatro décadas, de 1957 a 1995, estudió las historias de 14.200 mujeres tailandesas contratadas para matrimonio "menor". Tal matrimonio, antaño muy extendido en el sur de China, consiste en la compra de niñas que son adoptadas por familias que las crían junto con los hijos biológicos para casarlos posteriormente. Lo que Wolf encontró es que esos matrimonios terminaban en divorcio con una frecuencia tres veces mayor que los matrimonios normales utilizados como control, que tenían un 40% menos de hijos y que los casos de adulterio se triplicaban (30% vs 10%). Tras cruzar múltiples análisis identificó el factor inhibidor clave para el incesto en la coexistencia cercana durante los trece primeros meses de edad. Ello explicaba, entre otras cosas, por qué es excepcional el incesto entre madre e hijo, cuya convivencia durante los primeros meses de vida es tan intensa.

El hombre había observado durante miles de años los desastrosos efectos biológicos del incesto (hijos enfermos y a menudo malformados), para evitarlo algunas culturas han creado diferentes tabúes. Dicho con el lenguaje de la sociobiología: las personas evitan el incesto debido a una regla epigenética hereditaria de la naturaleza humana que han traducido en tabúes. Además hoy conocemos la razón de los efectos biológicos del incesto: los genes recesivos asociados a enfermedades, que necesitan del gen del padre y la madre para expresarse patológicamente. Estamos ante un fantástico ejemplo de coevolución entre genes y cultura.

La sociobiología, como las teorías de Pinker en "La tabla rasa", plantea que la naturaleza humana está encriptada en nuestros genes y que llegamos a este mundo con un comportamiento ya prefigurado. Igual que sentimos naturalmente una aversión al incesto, al asesinato o a la mentira, somos naturalmente envidiosos, vengativos o egoistas. Por si fuera poco estamos también muy condicionados por nuestro fenotipo (nuestro cuerpo) que es una directa expresión de nuestro genotipo, es decir, feos o guapos, altos o bajos, sanos o enfermos ¿Qué espacio le queda pues a la cultura para ahormarnos socialmente? Parecería que muy poco. Seríamos una consecuencia del azar genético y ambiental, también de la necesidad. Nuestro destino está escrito. Una unidad de destino en lo universal.


Lecturas recomendadas de la biblioteca del marqués:

-Edward O. Wilson. Consilience. La unidad del conocimiento. Galaxia Gutenberg. Barcelona, 1999.

-Jaime de Andrade. Raza. Ediciones Numancia. Madrid, 1945.

Ilustración de la pinacoteca del marqués:

-Otto Dix (1891-1969). Las hijas de Lot.

(Escrito por el marqués de Cubaslibres)

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