<body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <div id="navbar-iframe-container"></div> <script type="text/javascript" src="https://apis.google.com/js/platform.js"></script> <script type="text/javascript"> gapi.load("gapi.iframes:gapi.iframes.style.bubble", function() { if (gapi.iframes && gapi.iframes.getContext) { gapi.iframes.getContext().openChild({ url: 'https://www.blogger.com/navbar/7974984536099633988?origin\x3dhttp://nickjournalarcadiano.blogspot.com', where: document.getElementById("navbar-iframe-container"), id: "navbar-iframe" }); } }); </script>
08 julio 2010
Economía para camareros (I)


Estaba yo hace unos días en la boda de mi primo en Madrid, y era ya una hora bastante tardía. Observé que el sofá se había quedado libre al haberse levantado por fin la pareja que estaba haciendo manitas, y cargué hacia el a velocidad de ataque.  Me apodere de uno de los lados y arrimé una silla cercana para poder descansar las piernas, que me estaban matando. Entonces, ya tranquilamente colocado en posición miré el reloj. Eran las 3 de la mañana, y hasta las 5 y media no salía el siguiente autobús para el pueblo donde nos quedábamos a dormir.

Harto del cacofónico chunda-chunda musical (PAPANAMERICANOOOO), e intentando aprovechar el tiempo me puse a pensar en un artículo que me había pedido Mandarin Goose para publicar en el Nickjournal. Para poder concentrarme cerré los ojos durante unos segundos (no fueron mas de 10, lo juro) y cuando los volví a abrir me encontre a mi lado con uno de los camarareros que con disciplina y precisión prusiana nos habian atendido en la boda.

- ¿Perdone, se encuentra bien? Me dijo.

- Si, perfectamente. Simplemente estaba intentando aislarme un poco del ruido y pensando en un artículo que tengo que escribir...

- Ah, ¿Es usted periodista?

- No, economista...

- Mmmm, interesante. ¿Le sirvo algo?

- Traigame un acuarius de naranja o algo sin gas, por favor. No, no me lo traiga, ya voy yo a la barra (y así me acoplo al lado de la bandeja de canapés y medias noches que esa poniendo allí el otro camarero, pensé).

Nos encaminamos los dos hacia la barra, y me aposenté perfectamente en un taburete que estaba al lado de la bandeja de canapés y medias noches, mientras el camarero me servía.

- Así que es usted economista. Se que se lo habrán preguntado muchas veces, pero ¿Que opina usted de la cosa esta de la crisis y de los follones de los bancos? Es que hay...

En ese momento pensé que lo que le tenia que haber dicho que el articulo era para una revista del ramo de mi profesión, y que yo a lo que me dedicaba era a ser actor, guionista, director y productor de películas pornográficas. Seguro que hubiese tenido que dar menos explicaciones...

... que ver que follones tienen montados con las cajas de ahorro. Es que lo de las cajas de ahorro es increible, porque hay que ver el dinero que ganan y luego encima tenemos que poner dinero para taparles los agujeros. Es vergonzoso, habria que tenerlas bien controladas, habria que democratizarlas...

- Pero oiga... ¿usted sabe en realidad quien manda en una caja de ahorros?

- Pues claro. El dueño, el que tenga mas acciones, ese es el que manda.

Porno gay masculino... Le tenía que haber dicho que me dedicaba al porno gay masculino. Iban a ser unas horas muy largas hasta que saliese el autobús de las cinco y media, pero eso si, al menos tenía las medias noches, y la barra libre... Lastima que yo no bebo alcohol y no tenia la excusa de caer en un estupor alcohólico...

- Verá usted, es que las cajas de ahorro no tienen dueño.

- ¿Como que no? ¡Si aquí todo tiene dueño!

- Que va hombre, que va. ¿No recuerda usted lo que decía cierta ministra? Que el dinero publico no era de nadie. Pues las cajas de ahorros casi igual.

- ¿Pero entonces?

- Verá usted, buen hombre, las cajas de ahorro son unas empresas muy particulares. Resulta que las cajas de ahorro se comenzaron a montar a finales del siglo XIX como "cajas de ahorro popular" que en muchas ocasiones llevaban aparejada la función de "monte de piedad", es decir, de casa de empeño. Estos negocios estaban para atender a pequeños ahorradores y a personas en necesidad, frente a los usureros, a los prestamistas con intereses leoninos y a los bancos, a los que por su propio volumen de negocio no podían acceder los pequeños ahorradores porque no recibían una adecuada compensación, ni los necesitados porque el banco no se dedicaba al empeño de muebles, alhajas, cuadros y otros bienes muebles.



- Ya, pero para montar un banco hace falta dinero, y nadie pone dinero a no ser que sea para ganar mas dinero.

- Pues tampoco es así. Las primitivas cajas de ahorro se montaban gracias al apoyo de lo que ahora se conoce las entidades fundadoras. En muchos casos, quienes hacían los desembolsos iniciales eran, por un lado, las asociaciones de caridad de diferentes ciudades. Por ejemplo, la caja de ahorros conocida actualmente como Cajacírculo en realidad se llama Caja de Ahorros del Círculo Católico de Obreros de Burgos, y en otras muchas ocasiones, la Iglesia...

- ¿La iglesia? ¿Ya están los curas metidos por el medio? Como siempre para trincar dinero, porque  esos solo se meten para trincar dinero...

- No, hombre no. Si de una caja de ahorros no se puede trincar dinero así como así... ¿No ve que NUNCA han repartido beneficios?

- ¿Pero eso como va a ser? ¿Entonces los dueños...?

- Es que verá, como le estaba diciendo, las cajas de ahorro no tienen dueños. Tienen entidades fundadoras. Las asociaciones de caridad, solidaridad y/o hermandad por un lado, particulares acaudalados que deseaban dar un buen fin a su dinero por otro, y la Iglesia Católica utilizando patrimonios que le dejaban en herencia por otro mas, se dedicaron a fundar estas entidades de pequeño ambito de acción.

- ¿Pero como de pequeño ámbito de acción? Si desde aqui podemos ver que en el edificio de enfrente hay una Caixa y en la esquina hay una Kutxa...

- Es que desde el siglo XIX las cosas han cambiado mucho. Como le digo, estas pequeñas entidades se fundaron para poder atender al pequeño ahorrador y al necesitado. Para ello se crearon los Montes de Piedad, en una tradición que viene de Italia donde podemos encontrar el germen de esta peculiar forma de hacer banca. Pero centrándonos en las cajas españolas, estas, en principio, estaban muy limitadas tanto en las operaciones que podían efectuar como en el volumen de fondos que podrían comprometer.

- ¿Pero eso no es lo de los microcréditos de los bancos esos del tercer mundo?

- Caballero, es que en economía poco queda por inventar. Si en pleno siglo XXI hemos sentido la gran necesidad de resucitar las teorías de Keynes que son de principios del siglo pasado, imagínese en otros aspectos... Otra cosa es en organización empresarial, obviamente...

- ¿Entonces quien manda en las cajas de ahorros?

- Pues como todas las empresas, tienen una especie  de consejo de administración, pero ese consejo de administración es muy especial, en tanto en cuanto no responde a la participación en el capital de la sociedad, como puede pasar en un banco, sino que obedece a otros aspectos.

- ¿Otros aspectos?

- Si, verá, en el principio obviamente mandaban en las cajas de ahorro los que pusieron el dinero para fundarla, pero evidentemente, eso solo fué al principio...

(continuará)

(Escrito por Ben Grimm)




Etiquetas:

 
[0] Editado por Mandarin Goose a las 8:00:00 | Todos los comentarios 47 comentarios // Año IV
22 mayo 2010
Colgando del cable
Andaba yo pensando qué tipo de artículo escribir para satisfacer las repetidas peticiones de Mandarin Goose cuando el "sonido" de la carroña llegó a mis oídos. Numerosos coches de bomberos, de policía y ambulancias se dirigían hacia mi calle a toda velocidad. Desde una de mis ventanas me puse a escrutar a ver que pasaba, y entonces lo vi.

Un pobre (o mejor dicho, afortunado) currito estaba colgando a unos 30 metros de altura sobre el asfalto, sujeto al edificio cuyo tejado había estado reparando gracias a lo que en términos de prevención de riesgos laborales se conoce como "línea de vida": un cable y un arnés que sujeta al trabajador en situación de riesgo a un punto fijo para que no termine despachurrado contra el suelo si se cae. En una grotesca imitación de los gorriones y palomas que cruzan los cielos de mi barrio, el pobre currito movía brazos y piernas intentando mantenerse estable

Rápidamente los bomberos se pusieron en posición. Mientras la policía cortaba la avenida, los bomberos utilizaban un coche equipado con una canastilla y una grúa extensible para llegar hasta la altura del trabajador. Enseguida llegaron a su altura y le recogieron. Este trabajador, a pesar del mal rato, había logrado salvar su vida, y gracias al cumplimiento de las medidas de Prevención de Riesgos Laborales, lo que pudo ser un grave accidente laboral que pudo terminar como mínimo con un muerto quedó simplemente en un gran susto y en un incidente al parecer sin víctimas.

Si transponemos la situación que acabo de referir a nuestra situación económica actual, también nos encontramos colgando del cable. Pero a diferencia del trabajador, que se puso el cable antes de subirse al tejado por si acaso se resbalaba y se caía, nuestro estimado gobierno se ha dedicado a ir pegando brincos económicos por los tejados.

Comprendo que las noticias sobre la economía son muy difíciles de digerir. Normalmente no sale Belén Esteban (salvo cuando se habla del reloj que le regaló el de Ubrique a su hija y que usa ella) o el futbol (salvo cuando se habla de la cuantía de los fichajes), pero el pasado día siete todos los españoles estábamos quebrados, colgando de la versión "económica" de un cable similar al del currito del que hablamos en el principio del artículo.

El mecanismo de financiación a través de deuda pública se basa, en realidad, en perpetuar la deuda en la medida de lo posible: Cuando nos toca devolver la pasta que nos han prestado convencemos a aquellos a los que debemos que nos renueven el préstamo. Así, en vez de devolver el dinero, en realidad lo que hacemos es devolver papelitos nuevos a cambio de papelitos viejos.

Pero el pasado día siete la cosa fue distinta. Mientras el gobierno español saca anuncios televisivos indicando lo buena que es la deuda española con el careto de Abraham Lincoln, que como todos sabemos era de Cienpozuelos y luego emigró a los USA, los inversores internacionales se negaban a comprar la deuda española, por miedo a los impagos.

En términos de deuda pública, los inversores prestan dinero al estado recibiendo a cabo una contraprestación que podemos dividir en dos partes: La prima de interés (que les compensa por haberle prestado ese dinero al estado) y la prima de riesgo, que les compensa por el riesgo que puede suponer un posible impago de la deuda por parte del gobierno. Normalmente, en Europa utilizamos el "Bund" alemán como patrón comparativo de los demás bonos, al ser el que ha mantenido un comportamiento mas estable. Pues bien, durante algún tiempo, el bono español se aceptaba en los mercados internacionales con la misma prima de interés y la misma prima de riesgo que el bono alemán, es decir, bajísimas, porque se tomaba como un valor seguro. Pero el pasado día siete de mayo nadie quería bonos españoles, ni siquiera ofreciendo un 18%.

Es en ese momento cuando comienzan a saltar las alarmas por las cancillerías del mundo desarrollado. Si España cae, puede montarse un terremoto económico mundial que ríase usted del Crack del 29, de las jornadas negras del 87 o incluso de la quiebra de Lehman Brothers. Así que como un resorte, al grito de "sujétale que se cae", los grandes países del mundo corrieron a sujetar a nuestro país, personificado en su presidente: El hombre que colgaba del cable era el hombre que no hace mucho decía que habíamos superado a Italia como potencia industrial y pronto estaríamos por encima de Francia. Era el hombre que prometía el pleno empleo porque había motivos para creer. El hombre cuyo lacayo lameculos colocado en el ministerio de Hacienda se reía de las malas previsiones económicas de las que hablaba un excelente empresario. Era el hombre que gastaba y gastaba sin darse cuenta que lo que tenía que hacer era ahorrar porque venían las vacas flacas. Pero la gran diferencia entre este hombre y cualquier otro es que mientras otro hombre se puede dejar su dinero o el de su familia en las tragaperras del bar, Zapatero se está jugando el nuestro. El de todos los españoles. Y con esas dos tardes de clases de economía que ha recibido, todos podemos comprobar que ha pasado: Hasta el cuello de deuda pública, hasta el cuello de impuestos y ahora, por último, anuncia medidas contra las rentas más altas que, gracias a las normativas de la zona euro como la libertad de movimiento de capitales, si han querido se han podido llevar ya toda la pasta. Y dado que los pobres no tienen dinero para pagar y los ricos ya se lo han llevado, seremos nosotros, la clase media, como siempre, los que paguemos los platos rotos por una gentuza cuya incapacidad en la gestión económica de lo público y su gran capacidad para la gestión privada de su patrimonio es tan manifiesta que roza lo pornográfico.

España necesita un gobierno que no mienta. Rubalcaba dixit. Y mientras tanto, nosotros colgamos del cable, pero sin que vengan los bomberos...

(Escrito por Ben Grimm, firma invitada)

Etiquetas:

 
[0] Editado por Mandarin Goose a las 9:00:00 | Todos los comentarios 110 comentarios // Año IV