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31 enero 2010
Las siete últimas palabras de Cristo en la Cruz
No consta que Haydn estuviera nunca en Cádiz, ni siquiera en el Puerto, pero lo que sí parece cierto es que en 1787 a petición de la hermandad de la Santa Cueva compuso una pieza para ser interpretada en Viernes Santo. La obra se concibió como un todo, a modo de sermón, que intercalara las partes orquestales y otras tantas meditaciones sobre las últimas siete palabras de Jesucristo en la Cruz. Le Concert des Nations, dirigido por el Jordi Savall, las ha grabado en su localización original, la Iglesia de la Santa Cueva o Capilla de la Pasión de Cádiz.

No soy partidario de estos localismos ni de los inefables centenarios, por lo que les voy a hacer una recomendación deslocalizada en tiempo y espacio pero que siempre me agradecerán. En mi afán por conocer la vida de mi admirado Benjamin Britten me enteré que su marido, el tenor Peter Pears, había grabado para Decca Las Siete Últimas Palabras. Lo hizo con un cuarteto hoy casi olvidado, The Aeolian String Quartet, pero que fueron los primeros que se atrevieron a grabar la integral de todos los cuartetos de Haydn. En 1977 salieron al mercado los 35 Long Plays, solo al alcance de unos pocos ricos refinados. Iba acompañado por un breve texto introductorio del coreógrafo Lindsay Kemp, otro del gremio, que era una muestra de concisión y sensibilidad. Naturalmente que no tuve acceso a aquella maravilla (ni por fortuna, ni por refinamiento), pero años más tarde lo pude adquirir, ahora compilado en 22 CDs. Lo he visto anunciado en internet a muy diversos precios, desde 50 a 150 euros, también incluso se ofrece una descarga gratuita que no recomiendo.

Escuchando esta portentosa grabación he alcanzado gran recogimiento, pero también he comprendido que Britten estuviera tan enamorado de Pears y le compusiese múltiples óperas para su personal lucimiento. La parte vocal de Las Siete Palabras es un recitado de textos cuyo autor es variable, aquí son autores ingleses, pero hasta Saramago se ha aventurado a introducir sus textos en la grabación de Savall. La voz recitada de Pears es de una belleza excepcional, quizás la voz masculina más bella que nunca ha acariciado mi pecador oído.

(Escrito por El Sablista Escapista)

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09 mayo 2009
Suárez y Zapatero: historias de la oscura provincia
Me contaron que Zapatero nunca había salido de España hasta que hizo su primer viaje oficial como Presidente del Gobierno. Sus cómicas dificultades con el inglés y su apego a la provincia me hicieron prensar en cierto paralelismo con Adolfo Suárez, abulense militante también peleado a muerte con los idiomas. Me animé entonces a leer la biografía del ex presidente que publicó Gregorio Morán en 1979 (y que ahora va a ser reeditada con una actualización). Su lectura confirmó la sospecha: ZP y Suárez han tenido vidas, aunque diacrónicas, paralelas. Es cierto que la pluma de Morán es muy afilada, y algo hay que descontar de lo que cuenta, pero sus magníficos libros sobre el PCE y sobre Ortega (Maestro en el erial) lo avalan como un escritor de raza, como se decía antes.

Ambos estadistas fueron estudiantes mediocres que hicieron Derecho, no sin dificultades, uno en León y otro en Salamanca. Ninguno de los dos llegó nunca a trabajar en el sector privado ni fueron capaces de aprobar oposición alguna (no se puede considerar como tal las canonjías que obtuvo Suárez por su pertenencia al Movimiento). Ambos estuvieron muy politizados desde el primer momento: Adolfo con su fe católica y falangista, José Luis con su izquierdismo utópico. Que con estos mimbres se hayan hecho dos Presidentes del Gobierno de España, bien merece una reflexión.
En todo partido político hay un aparato de propaganda que se encarga de la hagiografía del líder, así han llegado hasta nosotros cómicas, por falsas, biografías de nuestros próceres. Para la imaginería popular Suárez representa la Transición del franquismo a la democracia, mientras que Zapatero representa la segunda Transición, esta vez desde un Gobierno con las manos manchadas de sangre a uno pacifista y preocupado por los derechos positivos de los ciudadanos. Ambas imágenes son grotescas en su infatuada distorsión, Adolfo y José Luis simplemente pasaban por allí.

Seamos serios, la Transición la propició Franco y Torcuato Fernández Miranda le dio forma legal. La Corona y la izquierda consintieron, pues no tenían otra alternativa. Suárez puso la cara, poco más. Él nunca entendió los entresijos legales, simplemente vio la oportunidad, con la misma filosofía que aceptó ser Secretario General del Movimiento con tal de llegar a ministro. Poco después su figura se esfumó, pues no había nada detrás. Compárese con el denostado Fraga, primer actor de la política española durante cincuenta años.

De la misma forma la vacuidad de Zapatero será evidente en poco tiempo, desaparecerá del panorama político y su Alianza de Civilizaciones y su programa económico serán objeto de chanza, cuando no de olvido.

(Escrito por El Sablista Escapista)

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[0] Editado por Protactínio a las 9:00:00 | Todos los comentarios 286 comentarios // Año IV