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30 abril 2010
No hay dos sin tres
"Cada vez son más visibles las dos Españas. Todo empezó por la revisión del Estatuto de Cataluña, del modelo de Estado, y hemos acabado por cuestionar las instituciones que lo conforman. El riesgo es cada vez más alto". Con esta lapidaria sentencia concluyó hace unos días la habitual arenga con que su directora y presentadora inicia invariablemente el informativo nocturno de Telemadrid. Como es preceptivo en este tipo de soflamas, dejaba la frase en suspenso, regalando a la complicidad de sus telespectadores el sinuoso placer de adivinar a qué tipo de riesgo se refería. Obviamente, esa presentadora no cree que España se encuentre al borde de la guerra civil. Se trataba únicamente de crear un estado de opinión favorable a su interés, que se resume pronto y bien aludiendo a la simple intención de contribuir al desgaste del Gobierno de Zapatero. Telemadrid, quizá algún despistado provinciano necesite la aclaración, es una cadena pública, es decir, sufragada con el dinero de los habitantes de las dos mitades de la capital.

Las dos Españas se han convertido en algo realmente útil, un riesgo recurrente al que referirse cuando la disputa meramente partidista lo haga conveniente. Esa presentadora de Telemadrid, como tantos otros en la política o en la prensa (¿qué diferencia hay?), no tiene inconveniente alguno en invocar a un millón de muertos puestos en pie con el prosaico fin de practicar la agitación y hacer campaña. Pero no éste el único uso que se le da hoy a la viejísima idea. Hay otros aún más pedestres que el de la mera disputa partidista. Las dos Españas venden. En un país en que no hay ya supervivientes de aquella guerra y donde más de la mitad de la población nació con el dictador felizmente enterrado, su recurrente presencia en los medios sólo puede interpretarse como un objeto de consumo más, un entretenimiento para el prime time tan peligroso para la convivencia como una disputa futbolística. Ahí están las tertulias del programa televisivo La Noria, que escenifican con sensacionalismo y simpleza el teatrillo de las dos Españas de la mano de seis sectarios en busca de autor, emparedadas entre los últimos cuernos famosos que asomaron a la luz pública o cualquier debate sobre la conveniencia de masturbarse o las nalgas de la Princesa, condimentadas con los sms de espectadores que aprovechan el coste del mensaje para, en la misma línea de texto, declarar su amor incondicional a Kuki y advertir sobre la inevitable ruina y catástrofe que se cierne sobre España.
Las dos Españas tienen probablemente el mismo futuro que aquellos debates, tan habituales al final de nuestra Transición y ya afortunadamente pasados de moda, que alertaban sobre los peligros de las drogas o la conveniencia de una vida sexual responsable. La realidad acabó por dejarlos inservibles como producto televisivo y eso terminará sucediendo también con el nuevo tema de moda, el de la crispación y su hermana mayor, la temible y truculenta doble España. No es extraño en realidad, en un país adicto al estruendo, que la gente ruidosa concite periódicamente la atención. Siempre habrá, como hubo yonquis y embarazos no deseados, adolescentes antimadridistas y antifascistas y talludos nostálgicos de tiempos convulsos que nunca vivieron, herederos genuinos de aquéllos a quienes las sociedades libres y pacíficas abruman y acomplejan, de quienes jamás creyeron ni quisieron, en definitiva, que España fuese alguna vez un país europeo como cualquier otro.
La misma edición de ese informativo nocturno al que me referí al principio daba paso minutos después una entrevista con el sociólogo José Félix Tezanos; la presentadora, eventualmente en el rol de entrevistadora, planteaba de entrada al entrevistado lo catastrófico de la situación: ¿qué está pasando, profesor, estamos viviendo un clima similar al que propició el estallido de la Guerra? Tezanos, un hombre tranquilo y bienhumorado, descartó de plano cualquier similitud con aquella situación o riesgo alguno de fractura social. Esas dos Españas, vino a decir ante la tribulación de la agitadora, habitan sólo entre los políticos y ustedes, los periodistas. El resto de el país ha dado sobradas muestras de tener superada esa cuestión. Inmediatamente después de la entrevista, llegaba el comentario diario pregrabado de Tertch, cada día más divertido y delirantemente apocalíptico.
Me hubiese gustado ofrecerles una pequeña muestra de algunas de las intervenciones televisivas de las que les he hablado, pero las compañías telefónicas me lo han impedido, del mismo modo que probablemente me impedirán también mañana agradecerles los comentarios que tengan a bien dedicarle a esta entrada de emergencia, cuyas últimas líneas, de hecho, redacto en un más bien sórdido cibercafé de pueblo. Tengan ustedes, españoles, un buen fin de semana.

(escrito por Gibarian)

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[0] Editado por Garven a las 17:39:00 | Todos los comentarios 55 comentarios // Año IV
29 abril 2010
Ascensión


Pasito a paso,
ascendemos la cuesta del olvido
dejando la persona que hemos sido
disuelta en piedrecillas o migajas.

Va mellando su filo la distancia.
Saber es olvidar: docta ignorancia,
la cumbre es Dios caído: sus rebajas.

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[0] Editado por Al59 a las 8:30:00 | Todos los comentarios 87 comentarios // Año IV
28 abril 2010
Satanás

Término de origen hebreo que significa 'el acusador' o 'el adversario', Satanás representa en la Biblia y, más concretamente, en los Evangelios (aunque en el evangelio de Juan se recurre al griego 'Diablo', se trata del mismo 'Satán' de los evangelios sinópticos) la figura del Mal, del ser demoníaco, aquel cuya esencia consiste en el acoso y la persecución de los hombres y en la propagación de todo tipo de violencias. 

En la obra de René Girard, que tiene a la Biblia como texto de análisis principal, Satanás es la fuente de la rivalidad y del desorden, el principio fundador de lo humano. Identificado con los mecanismos que Girard analiza en su obra, el deseo mimético y el mecanismo sacrificial, los sistemas humanos (siempre erigidos a partir de los dos mecanismos citados) y Satanás acaban siendo una y la misma cosa. Satanás mantiene una ambivalencia fundamental que lo emparenta con el phármakon derridiano-platónico (es decir, el ser a la vez veneno y antídoto, el problema y la solución), porque a su conocida faceta de promoción del desorden une otra característica, de índole opuesta y que acostumbra a permanecer más velada: también es creador de orden, el que permite el sacrificio que disuelve los interminables conflictos de una comunidad ('todos contra todos') para que ésta, ya polarizada frente a la víctima ejecutada unánimemente ('todos contra uno'), se convierta de nuevo en un cuerpo homogéneo dueño de un renovado vigor vital. Las tensiones y conflictos que Satanás introduce, y que siembran el peligro de una destrucción total caso de extenderse por todas partes, son expulsados por él mismo, por el mecanismo que lo representa y define. Y es aquí, en este último paso, cuando se manifiesta más diáfanamente su naturaleza acusatoria y fiscalizadora, porque la ejecución de la víctima debe ser legitimada elaborando e imponiendo una falsa culpabilidad. Realmente representa el principio de acusación sistemática que requiere el mecanismo expiatorio para conseguir propiciar la catarsis comunitaria. De esta manera, Satanás sería el propio mecanismo fundador, el principio de toda comunidad humana: 

"Satanás no forma más que una sola cosa con los mecanismos circulares de la violencia, con el aprisionamiento de los hombres en los sistemas culturales o filosóficos que aseguran su modus vivendi con la violencia" (El misterio de nuestro mundo, p. 192).

Más concretamente, Satanás es el principio del dominio y del poder. Por eso, en el episodio neotestamentario (Lucas 4, 1-13) en el cual tienta a Jesús en el desierto, le promete a éste todo el poder y la gloria del mundo terrenal con la única condición de que se postre ante él. Renunciando a esas ambiciones mundanas, Jesús no pierde una concreta oportunidad de dominar tierras y hombres, sino que renuncia al mismo principio de dominación, y lo hace entendiendo la ambivalencia que se esconde en la tentación del Adversario. Escapa así al poder del mimetismo conflictivo cuya espiral siempre apunta y conduce al mecanismo sacrificial.

Tanto Satán como Jesús son modelos miméticos. Ambos, en sus apariciones evangélicas, demandan ser emulados.  Sin embargo, los contenidos conductuales manifiestamente disímiles de un caso y de otro hacen que el primero sea más fácilmente practicable que el segundo; evidentemente, resulta más cómodo abandonarse a los propios instintos y a las tentaciones más inmediatas que guiarse por rigurosos patrones de contención y autoexigencia. Satán es el gran seductor que primero propaga la positividad prestigiosa de su ejemplo para después, una vez conseguido un nuevo fiel a su modo de ser, enfrentarse con él como el Adversario con mayúsculas que es. O, mejor dicho: enfrentando al seducido un modelo de rivalidad que lo llevará a hundirse en interminables conflictos cuyo único fin sería una resolución sacrificial. Eso lo opone también a Jesús, que es un modelo que nunca se convierte en rival o adversario de quien lo imita. Tras proclamar las virtudes de la transgresión de los tabúes de la Ley, Satanás erige un obstáculo insalvable para aquel que ha accedido a seguir sus pasos: 

"Más allá de las transgresiones se alza un obstáculo más coriáceo que todas las prohibiciones, aunque al principio oculto bajo la protección que éstas procuran mientras son respetadas" (Veo a Satán caer como el relámpago, p. 54).

(escrito por Horrach)

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[0] Editado por Johannes A. von Horrach a las 8:00:00 | Todos los comentarios 143 comentarios // Año IV
27 abril 2010
¡Quiero saber!
Los casos de pederastia, en los que eran acusados y condenados sacerdotes de la Iglesia Católica no son nuevos. Algunas películas de los años 80 ya frivolizaban con el tema, por tanto, los que tenemos memoria este tema nos escandaliza por lo que es y no por que sea una novedad. Sin embargo la saña con la que se emplean ciertos medios de comunicación, aprovechando estos repugnantes hechos para pasar cuentas con toda una Institución se me asemeja injusto. Por eso, por un sentido elemental de la justicia, desde este momento reclamo que para todo ciudadano se establezca un registro de acceso público en el que consten estos datos de los delincuentes:

Sexo
Lugar de nacimiento
Profesión
Aficiones
Equipo de fútbol
Orientación sexual
Si fuma o no
Qué marca de tabaco fuma en su caso
Partido político afín o militante
Qué libros lee (si procede)
Grupo de música favorito
Diario favorito
Televisión más vista
Lugar de vacaciones
Número de hijos
Estudios acabados
Tatuajes en el cuerpo
Piercings
Si tiene perro o no
Si tiene otra mascota diferente al perro
Si quiere que dimita el TC en bloque
De qué equipo de F1 es aficionado
Qué religión profesa
Si se entera de “Perdidos”
Si cree que Buenafuente es un pelma
Si no le gusta Galicia
Si cree que en las playas del Norte uno no se puede bañar
Si le cargan los vascos
Si le gusta “El tío la vara”
Qué coche conduce
Si es rico
Si es pobre


A partir de aquí todo se podrá valorar en su justa medida, y de paso hacer estadísticas curiosas. ¿Cuánta audiencia de Tele 5 son prevaricadores?

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[0] Editado por Schultz a las 8:00:00 | Todos los comentarios 89 comentarios // Año IV
26 abril 2010
Breve Diccionario de los blogs gastronómicos

Los llamados blog gastronómicos son a la gastronomía lo que la música militar a ... . Lo cierto es que la cosa esta de comentar las novedades de los restaurantes en la red al principio fue bien. Uno podía encontrar joyas de restaurantes que no figuraban en las críticas ó guías de papel y también que aquel restaurante tan recomendado por una guía de prestigio era un truño de muy señor mío, antes de tenerte que comer - literalmente - el citado truño por desavisado.
Ahora todo esto ha desaparecido prácticamente. El internet gastronómico ha sido tomado por los mismo intereses creados en torno a la coquinaria impresa y el que no ande ojo avizor puede acabar tropezando en el truño de turno. Les dejo un breve diccionario por si a pesar de todo deciden pasarse por alguno de esos blogs:


ALMA DE CABALLO: Dícese de algún crítico gastronómico


BLOGUERO: Dícese de los nicks en los blogs gastronómicos, en los que no hace falta blog propio para ser bloguero. Para ser considerado como tal basta realizar comentarios. Es un plus ser “palmero”.



BLOGUERO AFICIONADO: Dícese despectivamente de los blogueros gastronómicos con exitoso blog propio que no tienen reconocida la categoría y/o título de crítico gastronómico profesional.



DISCLAIMER: El gran desconocido para los críticos gastronómicos. No verán jamás que un señor de estos mencione en una crítica que le une una relación empresarial, profesional y/o de amistad con el propietario ó el chef del restaurante del que opina.



GAÑOTERO: Que tiene por hábito comer a costa ajena. La mayoría de los críticos gastronómicos españoles lo son parcial ó enteramente.



GASTRÓNOMO: Persona que se cree entendida en gastronomía.



GIN TONIC: Líquido que es un “must” beber. No hay hortera sin transistor y gastrónomo sin gin tonic.



HACE MUCHO TIEMPO QUE NO VOY: Dícese cuándo no se tiene puta idea de un restaurante, pero aun así el gastrónomo se atreve a dar su opinión sobre el mismo.



MUST: Dicho de una plato o de un restaurante del que no se puede prescindir. I.e. : “El cocktail Papichulo en O’Bluf es un must”



PALMERO: Dícese del 95% de los nicks participantes en un blog gastronómico.



RAFA-ANSÓN: Dios




YA LES CONTARÉ: A nadie le importa un carajo lo que voy a contar pero voy a crear un poco de suspense. En el 50% de las ocasiones nunca se finaliza el cuento.

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[0] Editado por Garven a las 8:00:00 | Todos los comentarios 75 comentarios // Año IV
24 abril 2010
De compras
Salí de casa pensando que quería comprar un e-book. Pero estaba equivocado. Según me explicó un amable dependiente, en realidad lo que yo quería era comprar un e-reader. Empezamos bien, dijo mi subconsciente, ¿qué se hizo de la razón que siempre tenía el cliente?
El caso es que el hombre empezó a sacar modelos: aquél venía con nosecuantos mil libros pregrabados. Pedí un listado: no había. Desde el Quijote hasta Jane Austen, creo que decía el folleto, algo que me resultó demasiado abstracto.
El otro era táctil. A cambio, parece ser que brilla más y por lo tanto se lee peor.
Dudando entre chinos y japoneses volví a casa y me puse a buscar en la red. Descubrí que la dificultad no acababa en la elección del cacharro. Luego hay que descargarse los libros (puedo escuchar las risas al fondo, no se corten). ¿En dónde?, según el encargado hay muchos sitios y efectivamente, así es.
Ahora bien, si no tienes alma de pirata estás acabado, porque no hay publicaciones "oficiales" recientes (por recientes me refiero a este siglo y al pasado, aunque a lo mejor exagero).
No entiendo nada: yo compro, de media, 1,5 libros al mes. Libros que cuestan sobre 20 €, unos con otros. Digo yo que ahorrándose el papel y los bosques de la Amazonia, así como la distribución y el beneficio del librero, un e-book (ahora sí) puede venderse, aunque sea la última de Pérez-Reverte, por no más de 10.
Se da la circunstancia, hagamos un paréntesis, de que una vez descargado el libro hay que "adornarlo". Como están colgados a la buena de Dios, hay que cambiar formatos, corregir tabulaciones, saltos de página, notas al pie, poner una carátula, esas cositas. Para ello (está todo inventado) hay unos programas estupendos que no creo llegue a entender.
Todo eso lleva tiempo y a nada que uno sea tan torpe como yo, bastante.
Mi conclusión es evidente: si las editoriales espabilaran y pusieran a mi acceso, a su precio lógico, las últimas novedades, corregidas, maquetadas y estupendas, lo último que se me ocurriría es acudir al pirateo, aunque sólo fuere por comodidad.
Y teniendo en cuenta los precios a los que se pondrían vender esos que ahora sólo se encuentran en esas pésimas ediciones de bolsillo, los que no compraste en su día porque no podías agenciarte cinco libros cada semana, estoy por decir que, al final, gastaría más que ahora.
Pero ya se ve que la industria sigue un paso (o dos) por detrás de la realidad.
Esta entrada tiene que durar dos días. Como todavía no me he hecho con el aparato (me inclino por uno que no tiene más defecto aparente que ser de plástico del malo), pueden ustedes tirar de cortesía y asesorarme al respecto (no con otro fin escribo estas líneas).
Para orientarles diré que lo quiero para leer en castellano y quien sabe si en francés.
Muchas gracias.

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[0] Editado por Schultz a las 8:00:00 | Todos los comentarios 124 comentarios // Año IV
23 abril 2010
Una lectura para San Jorge

A estas alturas he tenido que asumir que nunca iré a Etiopía. Me voy a quedar con las ganas. No veré esas iglesias excavadas en en suelo de Lalibela, ni a sus sacerdotes custodios de las Tablas de la Ley, ni a los pastores que comen la sémola cocida con la mano derecha, príncipes en harapos. Ni veré, ¡ay tierra de leche y miel! tus colinas de Afar

Así que me consuelo con libros de viajeros y cuentistas, y mi súcubo me trae la jarra de helado karkadé para que me haga la ilusión de que estoy en aquella corte medieval del Rey de Reyes, León de Judá, cuya sangre es la misma que la sangre de la Reina de Saba, ella que era la mas Amada entre las Amadas, y hacía reposar la cabeza del Sabio Rey en su regazo, y era negra pero era hermosa, hijas de Israel. Del último de sus descendientes coronados leo ahora el libro de Kapuscinski (perdónenme los lectores pero este procesador de textos no sabe polaco). Una biografía de pequeñas historias, las que cuentan sus súbditos, relatos quebrados donde asoman los pies del Emperador, la oreja del Emperador, la sombra del Emperador que apenas deja huella sobre los almohadones.


Hoy, que es el Día de San Jorge, meditaré en estoica disposición sobre la Vanitas del Poder leyendo el libro del Ubu etíope, que invitaba a los representantes extranjeros a banquetes fabulosos donde los pulcros occidentales daban grititos de placer escandalizado y disfrutaban comprobando el atraso del sátrapa (“¿habré comido carne humana?”) de la misma manera que los viajeros decimonónicos gozaban en sus viajes por España contando con delectación las pulgas atrapadas y los bandoleros tropezados en las posadas (“¿habré comido serpiente?”). El, que fué Rey de Reyes, que quiso detener el tiempo en una red sutil de favores y desdenes y delaciones y regalos en una corte bizantina, hábil jugador con los subversivos que “al volver al imperio (tras su estancia en el extranjero) se echaban las manos a la cabeza”, que conjura al tiempo intentando levantar una estatua de su persona taumatúrgica en el Nilo, que enumera sus logros para salvar a su pueblo de las tinieblas de la barbarie (olvidando que sin recursos ni voluntad para cumplirlas, las leyes no sirven de nada, aunque sean tan necesarias como la abolición de la esclavitud) y hasta ejerce de autobiógrafo, el mas Extraordinario Señor acabada sus días vagando por los pasillos de un palacio desmantelado, muriéndose de hambre como han muerto miles de súbditos en las hambrunas (tal vez, al igual que ellos, a nadie le importaba): el último desafío lo ha acorralado en una esquina del tablero. Los sublevados no son cortesanos o caciques locales o hambrientos campesinos, sino las clases mas bajas del ejército, que para algo son profesionales en las cosas del matar y el planificar. Tan bien planificaron que decidieron que la mejor manera de explotar a sus paisanos era seguir exterminándolos por hambre de forma sistemática para chantajear a Occidente y organizar un Terror Rojo que acabó con masacres apoteósicas y algún q

ue otro genocidio (este si, de verdad, no como los de Garzón). Pero para entonces el Emperador es polvo en el polvo, por mucho que sus creyentes rastafaris lo vislumbren entre nubes de colorines


Ahora dicen que por fin van a traer el agua a la tierra seca. Que van a construir la segunda presa mas grande de Africa. Que poco nos cuentan que el milagro verde estará en manos del Estado o de enormes multinacionales agroindustriales, que se mantiene un sistema adjudicatario que penaliza la inversión en esfuerzo y mejoras de la tierra, que buena parte de los cultivos proyectados son soja, algodón transgénico y biocombustibles, o productos de lujo como flor cortada y café (los etíopes venden rosas a Francia y esta les manda ayuda humanitaria con sus excedentes de leche... con dos leones, si señor...). Que medio millón de campesinos propietarios serán condenados a la muerte o a unirse con los rebeldes (que gestionan la ayuda internacional usándolos como usan las mafias de mendigos a sus niños drogados)


Pero esta historia, como la de Haile Selassie, no es una historia extraordinaria, porque en Africa hay muchos relatos así; solo son historias tristes en el paraíso de nuestra hipertatarabuela Lucy

 
[0] Editado por Mandarin Goose a las 8:00:00 | Todos los comentarios 73 comentarios // Año IV
22 abril 2010
Sin motivos
Andaba yo escuchando esta canción cuando me vino a la memoria esta película. No me pregunten por qué. Es evidente. Lo que no es tan evidente es que también me acordara un texto de Agustín Fernández Mallo sobre los epílogos, y que viene a darnos una idea muy parecida a lo que Mystery Train viene a mostrarnos. O a lo mejor no es tan parecida pero a mí me lo parece.
Son esas cosas de la libre asociación de ideas, recuerdos y sensaciones.



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Por otro lado llevo varios días interesado en saber cómo se puede sentir Mariano Rajoy al hacerse oficialmente público ( de forma oficiosa lo era desde hacía varios meses) el sumario del caso Gürtel. Supongo que cuando empezaron los rumores habló con Luis Bárcenas, con Francisco Camps, con los hermanos Costa. Supongo que le dijeron que no tenían nada que ver con eso. ¿Hasta qué punto se sentirá traicionado por al menos Luis Bárcenas?

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[0] Editado por Garven a las 8:00:00 | Todos los comentarios 120 comentarios // Año IV
21 abril 2010
En la despedida de Bartleby
Bartleby deja la administración del NJ después de haberse ganado un merecido descanso. No es el primer administrador que se va, ni será el último. Quiero dedicar mi entrada de hoy a todos ellos.

Para empezar, en contra de lo que muchos que frecuentan esta sábana asumen, nuestros administradores son el NJ, o el NJ es (de) nuestros administradores. No solo porque ellos controlan los resortes que permiten mantenerlo vivo, sino porque lo han venido defendiendo de la abundante estupidez que ha caído sin parar sobre él.

En ese conjunto de administradores del NJ incluyo al padre fundador, Arcadi Espada. Todos han manifestado en su quehacer administratorial muchas virtudes, pero la más notable, en mi opinión, ha sido la ausencia de protagonismo. Incluso Arcadi, que por entonces estaba de moda y a cuya sombra gustaban muchos de arrimarse, publicaba su entrada diaria y dejaba que la sábana jugara al juego loco del "diga lo que diga Espada, yo vengo aquí a demostrar que soy más ingenioso o listo que mi oponente, sea éste quien sea, salvo los días que me dedico a provocar o escandalizar, que también". Para Arcadi el blog era un experimento en libertad de expresión. Y aquello funcionó. Aunque había muchísimos sapos croando desde muchísimas charcas, también había mucha gente interesante que se esforzaba por escribir cosas que les valieran la pena a los demás.

Llegó un momento en que Arcadi, y hay que comprenderlo, no aguantó más el croar desaforado que salía de los pantanos y se fue sin despedirse, por la puerta trasera, casi puede decirse que huyó, quizá enloquecido temporalmente por el insoportable estruendo batracial.

Entonces se produjo la primera, y hasta ahora única, refundación del NJ. Un conjunto de animosos Nickjournalarcadianos se hizo cargo del gobierno del buque, intentando mantener su espíritu fundacional: libertad de expresión, libertad de elección, podías escoger entre centrarte en las entradas, en los comentarios de la sábana, muchos tan sabrosos o más que la entrada del día, o en el puro y puto chateo, lo que quisieras. Y escribir lo que te pareciera o pareciese. Esta labor, que nuestros administradores han venido desarrollando durante cuatro años, ha sido un rotundo éxito, porque el blog, pese a las aspiraciones, no solo irracionales, sino poiquilotérmicas, de algunos sapos mayores, no se ha hundido y se ha mantenido fiel a sus principios. Para esto ha hecho falta, por parte de los administradores, mucha generosidad y mucho aguante. Quiero expresar con el mayor ruido posible mi agradecimiento por todo esto.

Por las mesas y rincones del NJ pulula todavía el espíritu fundacional de Arcadi, lo que dice mucho en favor de los dos. En el fondo de nuestras conciencias blogueras, la mayoría de los veteranos del NJ nunca hemos dejado de echar de menos a nuestro gran Espada. Y es una pregunta interesante, que quizá haya llegado el momento de plantearse, si el NJ sería viable sin la presencia de lo que ya no puede ser sino un fantasma. Yo me atrevo a animar a los dueños del NJ, que considero son todos los que en algún período han actuado como administradores del mismo, a que se planteen una segunda refundación.

Reúnanse en concilio de amigos. Griten “El Arcadi del NJ ha muerto, viva Arcadi”. Emprendan una crítica profunda del pasado, no busquen las glorias, sino las debilidades. La idea central del NJ, el único motivo detectable que justificaba su existencia, era la libertad de expresión, noble y bellísimo concepto, sí, pero que en muchos participantes de nuestro NJ se ha reducido a libertad de rebuznar o dar coces, formas legítimas de expresarse solo si eres un irracional, y a los irracionales no debemos admitirlos en nuestra taberna. Y quien dice rebuznar o cocear dice ladrar, gruñir, mugir, kikirikear, qué sé yo. Hay múltiples formas de dar por saco. Nuestros administradores han tenido que empeñarse en una lucha incómoda, porque la han peleado como caballeros, y sin fin por mantener a los animales en sus corrales, sin que molesten demasiado. Creo que han ganado y siguen ganando esta guerra, pero a un precio muy alto, sobre todo para ellos mismos.

Hecha la crítica, ¿por qué no pasan ustedes a pensar en una manera nueva de hacer las cosas? ¿Por qué no, si tienen todo el derecho a refundar? Una refundación implica una nueva carta de principios e intenciones, en la que todo lo importante quede explícito, esa es la que tendrían ustedes que discutir y publicar. Tienen ustedes todo el derecho a reservar la admisión en el NJ solo a animales racionales que demuestren además buena salud mental y aptitud para el juego limpio. A definir los requisitos que van a exigir a los entrantes, entre los que puede figurar la manifestación de su identidad real. A delimitar los ámbitos temáticos en los que se va a mover el III NJ, y cómo va a hacerlo. A muchas restricciones más, todas compatibles con la humana libertad de expresión. Una refundación implica borrar la pizarra y empezar a escribir en ella algo nuevo.

Es por otra parte, un hecho absolutamente natural, cargado de sentido darwiniano. Sólo las organizaciones capaces de refundarse sobreviven. Anímense pues, y si lo hacen, cuenten conmigo. Si no lo hacen, también. No abandonaré este querido barco en tanto no vea a sus capitanes a punto de tirarse al agua.

En cuanto a mi amigo Bart, mi editor en el NJ, muchas gracias por su apoyo y que tenga unas felices y merecidas vacaciones. Pero eso, vacaciones. Lo seguiremos esperando aquí.


(Escrito por Olo)

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[0] Editado por Bartleby a las 8:00:00 | Todos los comentarios 84 comentarios // Año IV
20 abril 2010
Cuatro horas en Málaga

Lunes, 19 de abril, tengo un juicio en Málaga. Termina la vista, y siguiendo el consejo de AS, el ausente, me dirijo al centro de la ciudad. Se celebra el Festival de Cine Español, así que ha de haber movida. El día está espléndido.

En la calle Larios han extendido una alfombra roja, patrocinada por Cruzcampo. No hay mucha gente: los jubilados habituales, dos turistas, cuatro estatuas humanas, algún vendedor de lotería y un reportero de Caiga Quien Caiga. Ni rastro de acordeonistas; ni rastro de famosos. Ya en la plaza Cervantes, junto a la carpa de prensa, reconozco a la hija de Rocío Dúrcal: no recuerdo su nombre, pero sí el papelón que hacía en Al salir de clase. Entrevistan también, para la tele, a un señor gordo y calvo con pinta de director de películas de Nadiuska. ¿Quién será?

- Los vips hasta la tarde no pisan la alfombra roja. Hoy tenemos a..., deja que mire..., Jordi Vílches –le dice una señora con acreditación a otra señora con bolso.

Me acerco a la estatua de Picasso, en la plaza de la Merced. Le doy una collejita, para cumplir con un extraño ritual. Picasso sí que es famoso, y vip.

En el hotel AC Málaga Palacio, un grupo de quinceañeras ociosas esperan la salida de alguien muy guay. Me quedo esperando un rato, por si aparece Chiquito, pero no pasa nada.

Hace tan buen día que lo mejor es ir al paseo marítimo, a ver si me encuentro, ya, con el lujo y el esplendor propios de un festival de cine. Nueva decepción: ni yates, ni modelos en biquini, ni ná. En fin, me tomo una caña en un chiringuito de la playa, y me voy al aeropuerto. El taxista me informa de que con esto del Festival la ciudad está llena de tías buenas:

- Es que a mí follar me gusta más que levantarme tarde –dice, con esa alegría tan andaluza.

En Málaga, el único glamour estaba hoy en los juzgados, donde declaraban Cachuli (delgadísimo) y el presidente del Sevilla (bronceadísimo). Eso sí, también se anunciaba para la tarde una conferencia de Arcadi Espada sobre Aly Herscovitz. Definitivamente, Málaga es un falso Cannes.
***
(Escrito por Desierto Polaco)

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[0] Editado por Desierto Polaco a las 8:00:00 | Todos los comentarios 92 comentarios // Año IV
19 abril 2010
Boiro News


Estas fotografías vienen de Boiro. Alguien, quizá el almonedista, las arrancó de un álbum. Trato de buscar un elemento cohesionador del conjunto. ¿Una familia, fotos familiares? ¿Un fotógrafo, un estudio? ¿Un coleccionista de fotos de época?









En algunas fotos aparece el estudio en el que se ha tomado la foto como Schoenfelder & Kehle de Newark o B Wohlegemuth de Glasgow. Los nombres de los fotógrafos no parecen muy british o escoceses. ¿Y esos tipos con un extraño gorro en la cabeza que parece una máscara de bucear? Bien, no es una máscara de bucear sino de esgrima. Y los soldados frente a un portal nevado. ¿Vienen o van a una guerra? ¿Y de qué bando son ? ¿Rusos, alemanes o polacos?




















¿Alguna idea? ¿Ribadesella revisitada?







(escrito por Chef)

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[0] Editado por Garven a las 8:00:00 | Todos los comentarios 39 comentarios // Año IV
18 abril 2010
MENSAJES (II)
Hablábamos del principio de la realidad. La realidad, en realidad, se deja hacer bastante bien. Para construirla no hace falta más que unos buenos mensajes difundidos adecuadamente. Ahí tienen, por ejemplo, nuestra percepción sobre la edad de jubilación. Siendo sinceros, quien más quien menos ya hemos interiorizado nuestra jubilación a los setenta años. Cuando nos digan que no, bobos, será a los sesenta y siete, le soltaremos 50 euros al ministro de Economía; de purita felicidad, que diría el mexicano M. El asunto va tan en serio que el tándem Otero-Espada coincide por una vez y ya dio su aprobación. Como son ustedes gentes informadas no les repetiré el qubit a transmitir: vivimos más, luego hay que trabajar más. Qué importa si los mismos -los pueden encontrar firmando el “Manifiesto de los 100”- nos dijeron que el sistema quebraría en 2005 (se trataba de colocar fondos de pensiones. Vean su tratamiento fiscal y su rentabilidad: un negocio redondo).

No importa si el paquete básico contradice nuestros recuerdos y experiencia. Al fin y al cabo se trata del futuro, incierto por definición. Y el miedo es útil. Porque, ¿dónde está escrito que trabajando menos años y menos horas produzcamos menos riqueza? Hace 50 años nos gastábamos un 3% del PIB en pensiones, en 2004 un 8,4%, y no parece que España tenga menos fondos para los no pensionistas. Tampoco es un dato pertinente recordar que somos uno de los países europeos con la edad de retiro más alta, ni uno de los que menos gasta en pensiones. Menos aún explicar que nuestro sistema está ligado al IPC y no al promedio del incremento salarial. Vale, pasemos por alto todo ello. Algo hay que hacer, dicen. Puestos a hacer, podemos hacernos franceses y jubilarnos a los 60. Qué sé yo.

No deja de ser curioso. Si una avería en el coche nos dejara tirados y al llevarlo al taller nos dijeran que ha sido el sistema eléctrico pero que no lo van a arreglar, sino que la solución es cambiarnos las ruedas, veríamos la falta de lógica y buscaríamos otro taller (aquí somos muy de Camba). Pues eso es lo que nos vienen diciendo en las últimas tres décadas, que ya son. Sea el que sea el desencadenante de la crisis, la solución y el mensaje siempre son los mismos: la reforma del mercado laboral. El meme económico en España. Tengan por seguro que, convenientemente mutado, se repetirá en la próxima crisis.

Ya tenemos construida la realidad: es la rigidez del mercado laboral español la causa del rápido aumento del desempleo y las altas cifras de paro. A la que oímos el sintagma nos viene la imagen de un bloque de cemento –marca Chicago años 30- con los empresarios metidos en él hasta las rodillas. El caso es que un mercado laboral rígido respondería poco al entorno externo. Uno flexible tendría sensibilidad a él, creciendo o decreciendo en función de la actividad económica. Si el mercado español genera más empleo en las fases de crecimiento (¿recuerdan a Aznar? Dos de cada tres empleos nuevos en Europa son españoles) y destruye más en las recesiones, no parece muy adecuado el adjetivo “rígido”.

Hasta donde recuerdo, la primera fue la crisis de los años 80. Hacia la mitad de la década las empresas que acogerían a los baby-boom en su primer trabajo se cayeron sobre sus cabezas. Y a los empresarios acostumbrados al protegido mercado español les cayó Europa encima: cierres y ventas masivas de empresas industriales al capital foráneo y primeros apoyos públicos al sector bancario. En 1983/84, en respuesta a la rigidez y los elevados costes de despido, se hacen reformas en la contratación laboral que llevaron a la proliferación de empleos eventuales. Esto, contradecía el meme de la rigidez. No tardó en mutar. La rigidez era un asunto dual: unos empleos fijos y muy protegidos con otros precarios sin protección. Es decir, en tiempos de recesión el ajuste recae sobre los eventuales (falso), mientras que los estables pueden apoyarse en los sindicatos y su poder de negociación, generando tensiones inflacionistas. La solución a esta dualidad, evidentemente, es unificar las condiciones de empleo a la baja. Despido barato y fácil. De esta forma se eliminaría un indicador de la mala calidad de los empleos y se recortarían derechos laborales. Como en la crisis actual casi todo el ajuste ha recaído en el empleo temporal, más o menos el meme de los 80 sigue vigente.

Lo que sucede es que ésta lectura que escuchamos a todas horas es falsa. Porque la destrucción de empleo eventual o estable, como se demostró en la crisis de los noventa, depende de los sectores y de la estructura productiva. Es un error suponer que la estructura laboral es la misma por sectores. Por ejemplo, en torno a un 60% de eventuales en la construcción –sin contar autónomos- y un 20% en la industria o la banca. Ni a todos los sectores ni a todas las empresas les afectan por igual las vacas flacas. Si ahora la recesión se cebó con la construcción, donde si la actividad se para las obras se dejan a medias, es lógico que el ajuste sea brutal en los eventuales.

En los años noventa el ajuste lo soportó la industria y el empleo estable. Lo curioso fue que coincidió con una creación de empleo en el sector servicios (implantación y expansión de hipermercados). Al final se terminó con la creación neta de empleo temporal y la destrucción neta de empleo estable. Lo contrario al mensaje que nos lanzan a diario.

Volviendo a la crisis actual. En los últimos meses se vuelve a destruir empleo estable y se crea empleo temporal. O sea, que no parece tan rígida la protección a los empleos estables ni que la dualidad del mercado laboral sea la culpable de todos los males.

Lleva razón Espada cuando critica la política errática en el cambio del modelo productivo: Entre otras cosas porque uno no se pone a calafatear el barco en plena tormenta. Se necesita buen tiempo y pensar a largo plazo. Pero mientras el mensaje siga siendo sólo “cambiar las ruedas” (que también hay que revisarlas) y no queramos ver las causas, más en la estructura productiva que en la regulación del mercado laboral, a cada crisis económica seguiremos soportando una masiva destrucción de empleo.

Ahora bien, lo que no se acaba de entender es por qué no nos hablan de los planes, si es que los hay, ante la amenaza más abrumadora que se cierne sobre la economía: la restricción del crédito. Si no se consigue relajar la restricción crediticia, por mucho estimulo fiscal y monetario que quieran, no se arreglará nada: una ligera mejoría y un desmoronamiento final. Lo que no se acaba de entender es que por qué no nos explican cómo van a solucionar el problema de dar buenos consejos y no obligar a seguirlos. Quiere decirse que las inyecciones de capital pueden hacer más solventes a los bancos, pero no necesariamente van a prestar más dinero por ese motivo. Lo que no se acaba de entender es el porqué algunas soluciones aplicadas por esos peligrosos suecos –en su crisis bancaria de los 90- se convierten en tabú (Financial deregulation in Sweden. Peter Englund). O también, ¿hay equidad en un sistema que permite a un autónomo con ingresos netos de 6000 euros mes tener una presión fiscal de mileurista (sin defraudar)? Sé de lo que hablo. Y, ya puestos, ¿alguien sabe qué pasa con las Cajas? Paro, por no agobiar.

Para terminar y retrocediendo al inicio. Hace más años de los que me gustaría, un grupo de amigos creíamos que internet era el medio para romper el monopolio en la emisión de mensajes. Acabar con la unidireccionalidad, con lo que Baudrillard llamó “la palabra sin respuesta”. Volver a la característica esencial en la comunicación: el intercambio. Éramos unos ingenuos. Como dijo E. González: internet ha quedado en anunciar urbi et orbi que acabamos de comernos un bocadillo de mortadela.

(Escrito por SPQR)

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17 abril 2010
MENSAJES (I)
Nada podría resultar menos razonable que darle el poder al pueblo,
pero privarlo de la información, sin la cual se cometen los abusos de poder. (James Madison)

Dicen que el miedo es la mayor y más peligrosa de las emociones. Es cierto. El corazón late más en el pecho. La pupila se dilata mejorando la visión. Incluso, las sinapsis neuronales juegan con el tiempo deseando angustiosamente que pase lo antes posible. Nos sentimos pequeños en todo y notamos, afuera, que la vida sigue afanándose, y ella es, en el fondo, lo que importa.

A falta de leones en la sabana subimos a la montaña rusa, hacemos rafting, escalamos paredes de roca o, cogemos el coche en Semana Santa. En fin, buscamos sucedáneos. No es culpa nuestra. Milenios de evolución, los genes, el chute de adrenalina y endorfina; ya saben. Ahora bien, si en un acto de terquedad decidimos no ceder y llevar una vida tranquila, la cosa puede ponerse fea. Empezamos a percibir un peligro inminente que no conseguimos descifrar y el cuerpo se prepara en una respuesta ataque-huída. La situación es tan confusa que viene acompañada por mareos, dificultad al respirar; nos volvemos torpes y lentos en los razonamientos lógicos. Es lo que se conoce como estado de ansiedad. De no actuar, puede llegar un ataque de pánico. Básicamente, así funciona una economía capitalista: subidones de epinefrina y endorfina, con caídas en estados de ansiedad, ataques de pánico y depresiones.

Escribir o leer sobre una de las cíclicas crisis capitalistas es caer en la melancolía. Nos vuelven a contar la historia de los tulipanes holandeses y nos recuerdan al racional Newton comprando impulsivamente en el siglo XVIII. Retomamos los clásicos mientras analizamos las crisis antiguas, desde la Gran Depresión hasta llegar a la japonesa mientras sesudos analistas nos dicen qué se hizo mal, bien o regular. Uno, que ya calza los cuarenta y ésta es la tercera de la que tiene recuerdo y más o menos consciencia, estaría por seguir con su vida razonablemente infeliz, o, centrarse en analizar cuestiones novedosas como el papel del sistema financiero: Tengo la firme convicción de que la confianza que inspira en estos momentos el sistema bancario es nula. (Declaraciones ante el Comité de prácticas bancarias del Senado norteamericano en 1990. Bueno, quizá no tan novedosas). Sucede, sin embargo, que el miedo puede ser muy útil. Si lo padecen los demás.

En cada crisis económica -no importa su desencadenante y éste suele olvidarse pronto- se repiten una serie de mensajes (qubits, los llaman los nuevos expertos) lanzados por los que desde lo alto de la colina observan tranquilamente el paso del tsunami, y cuya finalidad no es otra que recortar derechos a los de siempre. A los asalariados. Vamos, a los ricos de toda la vida.

Sería aconsejable empezar por el inicio. El término qubit proviene de la física cuántica, cómo no. Fue adoptado por expertos en comunicación de masas para nombrar los paquetes de información básica a transmitir y, también sirvió para desarrollar una “atrevida” hipótesis médica. La idea, como toda la física cuántica, es sencilla. Desecha la conocida analogía de considerar al cerebro humano como un ordenador digital y entiende que funciona más como un sistema cuántico donde existe un estado entrelazado de forma coherente. Esos quantums de información o paquetes básicos no se encuentran en la lógica binaria (bits, 1 o 0), sino que operan siguiendo un modelo de procesamiento cuántico. O sea, que pueden estar en ambos estados al mismo tiempo (en on y of). Poseen también una característica muy conveniente en la comunicación de masas: si son observados mutan su estado y funcionan por grados de probabilidad. Ya digo, todo muy sencillo. Como diría Allen: Si le pregunto a un tío qué hora es y me dice seis kilómetros, ¿Qué coño significa eso?

La hipótesis intenta apuntalar un viejo debate teórico: la construcción social de la realidad. ¿Existe la realidad “real”? O se trata más bien de una realidad de segundo orden, confeccionada y seleccionada por temas, empaquetada y servida como un producto para consumir por las masas. En palabras del brillante y polémico Jean Baudrillard: El escándalo, en nuestros días, no consiste en atentar contra los valores morales, sino contra el principio de realidad.

Por supuesto, no se trata de sostener una teoría de la conspiración. Sería tan estúpido e indefendible como ignorante o torticero desechar conspiraciones contra el euro porque lo haya dicho José Blanco. A partir del éxito absoluto de la comisión Creel, Walter Lippman, uno de los miembros más influyentes y reconocido como el periodista con mayor crédito en USA a partir de 1930, sentó las bases para el desarrollo eficaz de la “formación de una opinión pública sana” y cuyo papel es el de “espectador” y no el de “participante”. Esas concepciones iniciales conllevaban que la información a la que tienen derecho los ciudadanos es la que preparan los verdaderos agentes de la escena democrática. Esos agentes son “una minoría inteligente” responsable de “fabricar el consentimiento”, cuando la minoría de los “hombres responsables” no posee de oficio el dominio político (A Social Hystory of spin, S. Ewen). Es decir, una idea muy diferente de aquella que la mayoría de la gente podemos tener en la cabeza. Harold Lasswell, otro de los grandes, aseguraba que a falta del recurso a la fuerza, es perfectamente posible controlar la opinión y que lo realmente importante era no sucumbir a lo que él llamaba “dogmatismo democrático”.

Bien, veamos. ¿Qué sucede si los mensajes económicos, ampliamente difundidos, no son un simple relato de los hechos? ¿Si tienen un efecto real en la economía y en la legislación laboral? Que entonces ya no explican la realidad, sino que son los propios hechos.

¿Quieren ejemplos? Vamos con ellos (en la segunda parte).

(Escrito por SPQR)

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16 abril 2010
Dirección Albuquerque


En el autobús que nos lleva a Albuquerque nos sentamos en una de las últimas filas, justo donde el cristal de la ventana de emergencia no está bien encajado. Detrás de nosotros viajan la reencarnación de Sailor y Lula, una pareja de colgadillos que a gusto encarnan todos los tópicos trasnochados de una rebeldía que no es sino inconsciencia. A duras penas se mantienen en pie, y solo saben repetir expresiones gastadas dentro de una cháchara nerviosa y sinsentido sobre el mucho dinero que van a ganar cuando lleguen a Flagstaff, donde un misterioso personaje, con quien hablan por teléfono repetidas veces, les está esperando. Lula se duele de dolencias imaginarias cuando se percata de que Sailor no le presta la debida atención. Durante todo el viaje brinca en el asiento, se mueve, zarandea el respaldo del asiento delantero. Habla como si todo le sorprendiera: las casas de Nuevo México, las montañas, la vegetación. Requiere en todo momento la atención de Sailor, chaval rubio de rasgos marcados por una delgadez amarillenta y ojos desorbitados de vez en cuando.

El autobús recorre con decisión las millas que llevan a Albuquerque y por los cristales contemplamos el paisaje golpeado por el calor, la tierra seca y agrietada, los rostros polvorientos y marcados con arrugas, la sequedad emocional de las personas. Por vez primera, y de manera un tanto sorprendente, nos encontramos con que algunas personas no intentan entablar conversación, y que responden con monosílabos a nuestras preguntas. Miran y callan, guardan para sí mismos lo que piensan.

Hay una zona que llaman la ciudad antigua y es una reconstrucción de lo que debió de ser una ciudad típica del estado allá por los inicios. Como no puede ser de otro modo está pensada para los turistas. Más que la fidelidad a la historia importa el pintoresquismo de las casas, el sentimiento reconfortante que produce tener frente a uno las estampas costumbristas que imaginaba antes de llegar. Hay otros Albuquerques. Está el nocturno, la ciudad que aparece cuando cae la luz. Los autobuses se llenan de tullidos, borrachines e indigentes. No cesan de hablar y reír ruidosamente mientras el autobús va dando tumbos por las carreteras vacías en medio de la negra noche, cuando ya han cerrado los comercios y la ciudad es un despoblado. Los del fondo callan y cabizbajos dejan que sus cabezas se balanceen levemente con los empujones y frenazos del tráfico. Los hay que corean divertidos un estribillo cada vez que alguien solicita bajarse. Son caras turbias, sonrisas desdentadas, narices enrojecidas. Para unos la noche empieza mientras que para otros acaba.

Está también la ciudad moderna, la que pulula por Nob Hill, una zona retro-chic (que dicen en las guías turísticas) donde abundan los modernos. En Estados Unidos lo moderno suele tener un toque de dejadez y descuido. El desaliño que muestran es una pose y un arreglo muy estudiados. Desde el café Satellite, en un descanso de nuestro vagabundeo por la zona, observamos a varios grupos de personas. Al fondo dos moteros, retrepados en las sillas de metal, de barriga prominente, barba canosa, y ropa de cuero navegan por la Red con sus portátiles al tiempo que hablan por teléfono. Algo más cerca, pandillas de jóvenes de clase media. En primer plano, un chaval enteramente de negro, tez completamente blanca, con varios pendientes a lo largo de las orejas y una argolla en el tabique de la nariz, pelo rapado y muñequeras de clavos, habla con unas chavalas, también de negro que lucen esplendorosos tatuajes en los brazos y en el pecho. Desde Chicago no habíamos vuelto a ver gente moderna. Sí, tatuados, pero sin pendientes ni argollas. El moderno puede tener apariencia siniestra o puede recordar los años finales de la década de los sesenta y los setenta. Viste entonces ropa ajustada, camisas estampadas en tonos parduzcos, el flequillo le tapa la frente y calza en cualquier caso zapatillas Converse.

También hay lugares detenidos en el tiempo, como puede ser Milton’s un restaurante americano de mesas de formica imitando madera y sillones de cuero marrón claro, donde te puedes sentar en la barra y encargar un desayuno durante todo el día, o 66 Diner, un local abierto en los años cincuenta y que permanece estancado en ese entonces. La fachada es de perfiles redondeados y dos barras luminosas de neón la rodean por la parte superior. Dentro brillan más luminosos anunciando sodas, batidos y otras especialidades de los años cincuenta. Las camareras visten uniforme turquesa con cuello negro de terciopelo. Suenan Runaway, Sweet Little Sixteen, Stay y tantos otros éxitos de entonces. Las paredes están recubiertas por láminas de metal. Al fondo, un mapa de la ruta 66 escoltado por una foto tamaño natural de Marilyn y otra de Betty Boop. Llegamos tarde, después de una adolescencia perdida en cualquier ciudad provinciana de España, o quizás para estos momentos el tiempo no transcurra y siempre sea el momento. Años después de haber visto por vez primera American Graffiti, de haber escuchado mil y un veces a Chuck Berry, Elvis o Buddy Holly, y aunque falte el Hombre Lobo desde las ondas, entramos a un local de aquella época. Nada termina por desaparecer, a lo sumo se embarca en una decadencia que va apagándolo, pero siempre queda un rescoldo que aun debilitado persevera. Hay la nostalgia de lo desparecido y el sentimiento entre amargo y reconfortante de que todo podría haber sido distinto y de que podríamos haber evitado el ocaso de nuestro pequeño paraíso. Hay edificios, costumbres, música, en fin, todo un conjunto de signos que se mantienen para recordarnos lo que fue y ya no es, aunque aún queden rastros.

Hacia arriba la ciudad se abre al futuro y hay tiendas y cafés que muestran una modernidad adaptada a su mentalidad. Conforme bajamos surgen moteles antiguos, bares de los años setenta, lugares a los que su momento de gloria ya les ha pasado.

(escrito por Garven)



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15 abril 2010
Dos canciones, un poquito de Camba y algo sobre la identidad
Entregado a la voz de un cantante me dispuse a acercarla a los lectores del Nickjournal. Erróneamente, dí por hecho que no podría encontrarse en las páginas de internet, así que me lancé a hacerlo yo de una manera un tanto rebuscada, como descubriría más tarde.

Bien, les dejo dos vídeos, o mejor, dos canciones ilustradas como, eso puedo jurarlo, jamás han visto.





En este blog somos muy de Camba, como dice Espada. Y así hemos disfrutado con las entradas que de un modo u otro nos han acercado partes de su obra, o con la lectura del hermoso artículo biográfico que pudimos leer hace poco al Príncipe de las Letras de Pontevedra, versión artística. Mi modesta contribución son dos frases entresacadas de la serie de artículos publicados en 'Páginas escogidas' en Austral: 'La superstición es un lujo del espíritu' y 'Las hadas de los hombres son otras, y no se contentan con los tesoros fantásticos de los gnomos'.

*

Forma parte del impulso de dominar a los demás el deseo de conocerlos mejor, como vemos a diario. Mas en esa tarea olvidamos con frecuencia que un mismo hombre es una multitud de personas diferentes y que lo más que llegamos a atrapar son rasgos con los que, quizás por nosotros mismos, vamos a caracterizarlos o identificarlos.

Vuelvo a encontrar la idea de la multitud de personas diferentes y contradictorias en uno mismo, de muchos yoes, en la lectura del 'nuevo libro' de Alan Sokal, o en las recensiones a libros sobre Unamuno. De éste último se recuerda, no con mucha precisión a la hora de contar los yoes, el prólogo unido a las Tres novelas ejemplares, con su cita de la obra de Oliver Wendell Homes, autor más popular actualmente por su hijo Jr (de idéntico nombre). Allí expondrá de manera castiza y rotunda mucho de lo que hay dentro de un hombre:

'Y es que todo hombre humano lleva dentro de sí las siete virtudes y sus siete opuestos vicios capitales: es orgulloso y humilde, glotón y sobrio, rijoso y casto, envidioso y caritativo, avaro y liberal, perezoso y diligente, iracundo y sufrido. Y saca de sí mismo lo mismo al tirano que al esclavo, al criminal que al santo, a Caín que a Abel.'

En esa multiplicidad tengo para mí que nos reconocemos los hombres, al menos cuando hemos alcanzado la suficiente madurez para distingirnos de lo que son los héroes del tbo. Y reconocerlo debería hacernos más tolerantes con los otros.

Especialmente me gusta como lo expresa Montaigne, aunque algunos en su día observaron gran atractivo cuando lo leyeron en Vargas Llosa.

No sólo me agitan los vientos de los acontecimiento según su inclinación, sino que además me agito y me turbo yo mismo por la inestabilidad de mi naturaleza; y quien se observe atentamente apenas si se verá dos veces en el mismo estado. Préstole a mi alma ya un semblante, ya otro, según la coloque. Si hablo de mí de distinta manera, es porque me veo de distinta manea. Todas las contradicciones se dan en mí alguna vez y de alguna forma. Vergonzoso, insolente; casto, lujurioso; charlatán, taciturno; duro, delicado; ingenioso, atontado; iracundo, bondadoso; mentiroso, sincero; sabio, ignorante; y liberal, y avaro y pródigo; todo ello véolo en mí a veces, según qué giro tome. Y cualquiera que se estudie bien atentamente hallará en sí mismo, e incluso en su propio entendimiento, igual volubilidad y discordancia. Nada puedo decir de mí, de forma total, entera y sólida, sin confusión ni mezcla, ni en una palabra. Distingo es el término más universal de mi lógica.

De la inconstacia de nuestros actos. Libro II, Capítulo I.
Ensayos, de Montaigne

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14 abril 2010
Graceland
William Eggleston, Graceland, 1983

Esta es la mejor foto de Elvis. Puestos a ser precisos, la que mejor evoca lo que fue Elvis, aunque en toda maniobra de precisión se pierde fuerza. La fuerza que, en cambio, muestra William Eggleston en esta foto de la serie dedicada a la casa de Elvis, Graceland. Casa con hechuras de clase media y pretensiones de mansión, contra lo que se suele decir de ella y de Elvis, al querer atribuirle un tipo de “factor humano” que lo reduce a un ser común, sin interés. Como si el factor humano fuese democrático.

A pesar de que Eggleston hizo la serie en 1983, seis años después de la muerte de Elvis, no parece una foto póstuma. Hasta el punto de que durante un tiempo circuló la leyenda de que la había hecho en vida de la estrella, aceptando un encargo de la revista Rolling Stone con la condición de que Elvis no estuviera en casa.

Elvis fue el perfecto mirón, un espectador de sí mismo. Aparte de grandes espejos tenía tres televisores en su salón del sótano, para poder mirar simultáneamente las tres grandes cadenas de noticias de entonces, ABC, NBC y CBS. Tres televisores pero una sola dimensión.

Paul Simon hizo una cancioncilla, I’m going to Graceland, a tono con el pastel:



● ● ●

Qué diferencia con este himno, con su letra escrita (incluyendo algún error) para ser coreado hoy, 14 de abril:

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13 abril 2010
Tal día como hoy




La cosa siempre transcurría igual: yo me sentaba junto a ella en el viejo sofá, le iba dando cuerda poco a poco, respetando sus silencios, su propio ritmo, hasta que pronunciaba las palabras mágicas: tal día como hoy atravesamos París en coche de caballos.

Había ido poco menos que engañada, no tenía ninguna gana de marcharse a vivir a la tierra de su madre. Era también la suya, allí había nacido, pero no guardaba ningún recuerdo de España. Tampoco de Ucrania (ella siempre dijo Rusia), aunque estaba más reciente, si acaso la desazón de su padre, harto de dormir con un revólver bajo la almohada.

Así que la engañaron, con el pretexto de París, conocer París, lo que para una muchacha francesa (eso es lo que era, aunque nunca tuvo esa nacionalidad) de 17 años era un sueño.

Pero a la hora de la verdad todo se redujo a llegar en tren a una estación, coger un coche, atravesar la ciudad y coger otro tren en otra estación.

Algo verías, decía yo, el Arco de Triunfo, la Torre Eiffel, pero ella negaba con la cabeza, vagamente recordaba que su padre pidió al cochero que alargase algo el recorrido, tenían tiempo, pero apenas había amanecido, había niebla, no vieron nada.

Estuvo mucho tiempo amargada, recordaba, sin salir de casa, claro que tampoco conocía a nadie y apenas chapurreaba el idioma.

Yo siempre le decía lo mismo: había tenido mucha suerte, yo no había salido de casa y ella con dieciocho años ya había vivido en cuatro países diferentes.

Pero no hubo nunca manera de convencerla, hasta el último cumpleaños siguió haciéndose la enfadada cuando recordaba el pequeño pueblo dejado atrás, su amiga, la petite Marie, la escuela a la que en invierno acudían, muchas veces con zancos por la nieve.

Para mí era el principio de un cuento: atravesar París en coche de caballos al amanecer. Para ella fue un desgarro.

He encontrado, gracias a Internet y al ABC, que por lo visto hizo de BOE o algo así, la publicación de la concesión de la nacionalidad española a su hermana. Me he acordado de ella y tampoco tenía mucho más que contar.

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[0] Editado por Schultz a las 8:00:00 | Todos los comentarios 129 comentarios // Año IV
12 abril 2010
Nave a la deriva


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10 abril 2010
Viaje al medio de la nada


El conductor torció a la izquierda y dejó la primera calle de Tucumcari para llegar hasta el apeadero, rodeado restaurantes de comida rápida. Atrás habíamos dejado la autovía, una carretera cada vez más monótona y un paisaje que desertizaba por momentos y en el que iban apareciendo las primeras plataformas de tierra rojiza dispersas a lo lejos. La vegetación había cambiado y ya no era la de monte bajo ni la de las praderas del Medio Oeste. Ahora predominaban las plantas sarmentosas, de colores parduzcos o verde ceniciento, desperdigadas por la llanura. Comenzamos a ver los primeros valles erosionados, aún recubiertos de vegetación casi seca. Taludes enormes de pie estrecho se levantan en medio de la nada, solitarios y desiertos. Las alambradas señalaban las lindes de los ranchos cada vez más enormes. Los perfiles solitarios de los altos molinos de agua, con sus aspas detenidas se levantaban con periódica irregularidad durante el viaje. A media hora del motel encontramos la calle principal, la antigua Ruta 66 – cada vez más presente, aunque sea breve e intermitente –, y por fortuna hasta llegar a ella fuimos por aceras de macadám. Habíamos caminado hasta llegar a ella porque en recepción nos han advertido de que en el pueblo no había ni taxi ni autobús. Se extrañaban los pocos conductores que pasaban a nuestro lado.

La carretera se difumina hacia el este y el oeste. Un motorista se alejaba sin cesar hacia el este para volver y hundirse en el oeste. El pañuelo azul de estrellas que cubre su cabeza ondea con fuerza. Algunas personas caminan por el borde sin asfaltar de la carretera. Buscan algo o no tienen coche. Unas chicas parecen pasear pero se dirigen a un taller de reparaciones. Allí les espera un Chevy algo viejo pero puesto a punto. Los moteles se alinean a lo largo de la carretera. Todos tienen la misma estructura de casitas de una sola planta y recepción en medio. Los construyeron entre los años veinte y cuarenta cuando el tráfico de este a oeste era intenso y tanta gente abandonaba sus casas para buscar un lugar más acogedor donde hubiese negocio para todos. Algunos viajaban por necesidad, otros por gusto, porque hay algo en los estadounidenses que los impulsa a viajar, como dijo una vez John Steinbeck. Sabemos de esto por Jack Kerouac, pero cuando él, a finales de los años cincuenta se embarcó en varios viajes por los Estados Unidos, aquello ya había entrado en decadencia. Aún se mantienen los moteles, con sus luminosos en el borde de la carretera. Por el día parecen ocultarse y querer pasar desapercibidos: quizás sea el color desvaído que han ido adquiriendo como una pátina que va adornándolos mientras pierden el original. Algunas bombillas ya no lucen y otros luminosos han apagado ya su brillo para siempre, pero aún quedan varios, y todos tienen la seguridad de que siempre habrá alguno encendido, de que las luces no se apagarán para siempre mientras haya un solo viajero que decida cruzar el país en su moto o en su Ford o Chevy. Puede que el tiempo de los Pontiac, los Cadillac y los Buick haya desaparecido para siempre, pero siempre habrá otro modelo dispuesto a revivir la gran aventura por las carreteras interminables.

De entre todos los moteles destacaba el Blue Swallow. Construido en los años treinta y remozado en los sesenta, no había perdido su esencia originaria. Por las noches la gente charlaba un rato en el patio sentados en las sillas son rojas que contrastan con el azul intenso de las paredes. Más allá, o más acá, se encuentra una tienda de tatuajes que ya ha cerrado, varios bares, como el Trails West Lounge o el Lizard Lounge, decorados con madera, luminosos de cervezas y otras bebidas, mesas de billares y futbolines. En una esquina permanece la estructura vacía de lo que fue una casa de empeño. Los cristales, polvorientos, protegen lo que ahora es vacío y en un tiempo fue un negocio próspero.

Al día siguiente antes de que el calor empezara a golpear con fuerza volvimos al centro de la ciudad , que está desierto. Las calles están mal asfaltadas y ni siquiera mantienen el nivel. Las aceras aparecen y desaparecen entre hierbajos y piedras. El cine Odeon es un edificio viejo. La pintura cae descascarillada al menor golpe de viento. Hay una furgoneta roja aparcada enfrente. En letras pequeñas, también rojas, anuncian un estreno. Los escaparates de los edificios contiguos están vacíos. Un poco más allá, otro ha ardido y las lenguas de humo aún ensombrecen la fachada. Algo más adelante, un letrero mínimo anuncia un restaurante nada más torcer la esquina. Lena’s es una casa de comidas familiar regentada por una familia de mexicanos, que sirven las especialidades de su país adaptadas a los clientes del lugar. Los huevos rancheros que hemos pedidos los empapan en chile verde, la hamburguesa la sirven envuelta en una tortilla de maíz. Es un lugar al que acuden los que trabajan en las cercanías: una señora mayor oronda, varios oficinistas, tres granjeros jóvenes, una madre de raza india con su hijo que no para de observar a los jóvenes fascinado por la indumentaria de estos. Mientras comemos, entra un vaquero alto y desgarbado, flaco, que se detiene frente a la señora mayor y conversa con ella durante un rato. Luego se dirige a una mesa, se descubre la cabeza y con un movimiento ágil y elegante se sienta en el sillón de cuero sintético. Unas niñas corretean por la cocina, entran en el almacén para llevar harina, recogen las mesas, y ríen durante todo el rato. Más que trabajo, para ellas es diversión. Quizás dentro de unos años, cuando aún continúen en la misma casa de comidas y sigan sirviendo los mismos platos a la misma clientela adopten el aire adusto de su hermana mayor, o quizás de su madre.

La carretera se despliega gris e inacabable ante nosotros. A lo lejos el puente y las carreteras de servicio que alejan a los viajeros de la ciudad. El calor golpea una tierra seca y agrietada y la calima alza un velo cristalino en el horizonte. Algunos perros ladran a lo lejos, y por la carreta los pocos coches que circulan se pierden en el horizonte incierto.

En el apeadero, dentro de la mínima oficina, una anciana de carrillos algodonosos y pelo recogido en un moño nos entrega las etiquetas, escritas a mano por primera vez, que hemos de atar en las maletas. La oficina es un cuartito pequeño abarrotado de cachivaches y algunos paquetes, en el que la señora pasa las horas sin mucho trabajo. Cuando hemos entrado estaba limpiando la mesa de las manchas de pintura derramada de unos tubos. La oficina es una caseta pequeña pintada de blanco y con el cartel de la compañía de autobuses en el frontal. No hay dársena, o se confunde con los aparcamientos de otros camiones y vehículos, y un banco de hierro es el único asiento de que disponen los viajeros para esperar bajo el sol. La sala de espera es el MacDonald’s de enfrente donde esperamos una media hora antes de que llegue el autobús. Media hora después, Tucumcari era ya un recuerdo agradable, muy agradable al unirlo con lo que nos esperaba unas horas después.



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09 abril 2010
Gaytud (I)

Doy al neologismo gaytud un significado similar a negritud. Según el DRAE, negritud es el conjunto de valores culturales de la comunidad negra. Representa, pues, la base sobre la que se asientan las reivindicaciones de los derechos de los hombres y mujeres de raza negra”.

Parafraseando la definición de negritud, llamo gaytud al conjunto de valores culturales de la comunidad gay. La gaytud, pues, constituye la base sobre la que se asientan las reivindicaciones de derechos de los hombres y mujeres homosexuales. Tanto la negritud como la gaytud tienen en común el hecho de hacer referencia a minorías que padecen represión y discriminación por parte de las sociedades en las que se encuentran inmersas.

Reflexionar sobre la gaytud es algo que se viene haciendo desde tiempo inmemorial pero en este momento obedece, en primer lugar, a la reciente entrada en vigor de la ley que permite que, en España, hombres y mujeres homosexuales puedan contraer matrimonio en igualdad de condiciones con los hombres y mujeres heterosexuales. Y, en segundo lugar, a la noticia también reciente de la condena a muerte de horca en Irán de dos hombres, Mojta, de 24 años, y Alí, de 25, por haber mantenido relaciones sexuales.

Ante todo buscaré una explicación de la homosexualidad como hecho biológico y, más tarde, cultural y, si lo consigo de un modo aceptable, aportaré argumentos para dirimir si es posible considerar matrimonio a los contratos civiles que declaran cónyuges a los componentes de las uniones de dos hombres o de dos mujeres.

Todas las sociedades cuentan entre sus miembros con minorías homosexuales. Quiero decir que la gaytud está ahí y de nada sirve ignorarla. Hay quien sostiene que es algo natural, inherente a la naturaleza animal e incluso humana. Hay también quien sostiene que es un vicio contra natura. Entre ambas posturas se encuentran los que creen que es una opción natural o cultural que ha de ser permitida por las leyes y la sociedad, y los que insisten en verla como una anomalía o como una enfermedad. La postura que ve en la homosexualidad un vicio a erradicar ha sido la más frecuente y se puede encontrar tanto en pueblos atrasados como en sociedades avanzadas. En general, la homosexualidad es rechazada por la sociedad como un tabú, una prohibición drástica, una sanción mágica o religiosa cuya trasgresión lleva aparejada un castigo fulminante por parte de los poderes constituidos.

En efecto, en la actualidad hay numerosos países en los que la gaytud no es admitida y en muchos de ellos, como los musulmanes, es castigada con penas que van desde la muerte a la tortura, la cárcel o el destierro. Durante el franquismo, en España a los homosexuales se les aplicaba la ley de vagos y maleantes que les imponía penas de cárcel. Incluso en los países en los que la homosexualidad no está tipificada como delito por la ley la sociedad la rechaza e incluso la somete a escarnio.

El genetista Bryan Sykes en un libro de recomendable lectura “La maldición de Adán”, incluye un capítulo dedicado a la búsqueda de una explicación científica de la gaytud bajo el expresivo título de Nueva visita al gen gay, título que adelanta que la explicación que busca es de tipo biológico o, mejor dicho, genético. Según Sykes, si la homosexualidad tiene una base genética ha de haber genes implicados. La primera consecuencia de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo es la imposibilidad de la reproducción. Hasta aquí todo muy obvio y conocido hasta por el más lerdo. Sykes casi no se atreve a insinuar que la homosexualidad presenta algunas características parecidas a las de las enfermedades genéticas. Y no se atreve porque sabe que puede ser excomulgado por las asociaciones de gays y lesbianas cuyo poder mediático es considerable en algunos países, entre ellos el nuestro.

Como la curiosidad es la primera característica del científico, Sykes se arriesga a explorar la posibilidad de que la homosexualidad pueda heredarse. La primera objeción que se le presenta es la de que, si fuera así, como los homosexuales integrales, sobre todo si son hombres, no se reproducen, cómo iban a poder transmitir el supuesto gen de la homosexualidad a su descendencia.

Aún así, no descarta esta línea de investigación y, después de minuciosas explicaciones, llega a las mitocondrias y a su lucha sorda contra los cromosomas.Combinando la investigación genética con la investigación sociológica, Sykes revela que hay homosexuales masculinos que proceden de familias en las que predominan las hijas sobre los hijos, realidad ésta que achaca al hecho, al parecer comprobado, de que en esa lucha de las mitocondrias por perpetuarse hay mujeres que consiguen un enorme éxito evitando que nazcan hijos ya que estos no las trasmiten y facilitando en cambio que nazcan hijas por la razón contraria. De esta forma, al parecer, garantizan la perpetuación de las mitocondrias.

Llega a tal extremo esta lucha que hay ocasiones en las que, cuando no resulta posible que se engendre una hija y el feto se conforma a pesar de todo anatómicamente como un hijo puede haber casos en los que se induzca a que ese hijo sea homosexual ya que esto sería un “mal” menor para las hembras. Casi todos hemos podido conocer niños criados entre numerosas hermanas mayores con inclinaciones más o menos acusadas hacia la homosexualidad.

Sykes refuerza su hipótesis contando el caso de una pareja que tuvo once hijas. El caso me recordó que, en mi pueblo, había una familia en la que el padre era guardabarrera del ferrocarril. Vivían en una vivienda que era conocida por todos los vecinoscomo “la casilla de las once rajas”. El genetista Sykes es consciente de que hay abundantes pruebas que demuestran que la cultura y el entorno tienen una importante influencia en la orientación sexual, pero que también hay indicios muy serios de la existencia de mecanismos biológicos que podrían dar a la madre la oportunidad de influir genéticamente en la orientación sexual de sus hijos varones durante los nueve meses que los lleva en el útero, admitiendo, sin embargo, que sobre el particular no hay un acuerdo generalizado.

Al parecer, la homosexualidad masculina se explicaría por un fallo en la en la transición desde la indefinición sexual del feto hasta que se alcanza, pero al mismo tiempo con un desarrollo cerebrar que puede llevarlos a comportarse sexualmente como mujeres de un modo más o menos completo. Los que tienen orientaciones invertidas pero no completas serían homosexuales, mientras que los que desarrollan una orientación invertida completa serían transexuales, es decir, mujeres alojadas en cuerpos de hombre, anomalía que hoy se trata de paliar por medio de la vaginoplastia.

Según esta teoría, la homosexualidad o transexualidad sería una anomalía heredada por vía materna, no paterna. Un indicio que Sykes refuerza por la mayor aceptación de las madres frente al rechazo generalizado de los padres con respecto a los hijos con orientación sexual invertida.

Sykes termina este capítulo de su libro reconociendo que es perfectamente consciente de que su explicación de la homosexualidad masculina puede no ser la adecuada, pero insiste en su hipótesis de que tanto el hombre homosexual como su cromosoma Y pueden ser víctimas de la guerra que los sexos tienen entablada a nivel genético. Se lo confirma el hecho observable de los beneficios que las madres pueden extraer de la ayuda que un hijo gay le podría brindar para criar a sus hermanas como una hermana más, lo que, dice, constituiría una ventaja para los fines de perpetuación de las mitocondrias. A su juicio, cualquier pequeña ventaja de este tipo es muy importante para la supervivencia del ADN mitocondrial aunque sea a costa de condenar a la esterilidad a los hijos varones, un sutil plan de este ADN no solo para librarse en la medida de lo posible del cromosoma Y en su descendencia sino también para poner cuantos más medios mejor en beneficio propio.

En la parte segunda expondré la explicación de la gaytud como hecho mental, psicológico y cultural para mostrar una visión antropológica de las uniones gay en diferentes culturas. Será entonces cuando podamos pronunciarnos sobre la procedencia o improcedencia de llamar matrimonio a esas uniones.

Los intentos de explicar la homosexualidad por medio de la ciencia genética solo han conseguido indicios que aconsejan avanzar en esta línea de investigación, aunque, de momento no ha sido posible identificar un hipotético gen gay. En espera de que en el futuro haya aportaciones más sustanciales por parte de la genética, conviene cambiar de campo de estudio para profundizar en el conocimiento de la gaytud, pero ahora combinando la historia, la sociología y la antropología, sobre todo de esta última, combinada con la economía.

Recordemos que la humanidad procede de la animalidad y que en ella pasó millones de años. Observando la conducta de muchos animales podemos descubrir en ellos prácticas homosexuales. El hecho de que sean esporádicas y que las heterosexuales sean preponderantes no hace al caso. Todos hemos visto a un perro acosando sexualmente a otro perro. Con los monos pasa lo mismo. Ignoro si hay casos de animales con prácticas homosexuales completas, sobre todo si tales prácticas son preponderantes o incluso excluyentes, pero imagino que no será así.

No tiene sentido, pues, llamar homosexuales a esto animales, sino tan sólo que tienen relaciones sexuales esporádicas con otros machos. De aquí que si algunos ejemplares de homo sapiens hacen lo mismo que esos animales tampoco tiene sentido hablar de homosexuales sino de relaciones sexuales no reproductivas. Durante miles de año fue así. La categoría hombre-homosexual fue identificada no hace tanto y se debe a la sociología victoriana del siglo XIX. Esa sociedad, obsesionada por la productividad y el desarrollo industrial necesitaba aislar y rechazar a los hombres con una orientación sexual que se percibía como peligrosa para los fines supremos de la producción. Fue entonces cuando se acuñó el concepto hasta entonces desconocido de la homosexualidad. De esta forma, identificado el colectivo con conductas poco recomendables para la generación de riqueza con una denominación aportada nada menos que por la ciencia del momento, los ecos del tabú milenario pudieron ser convenientemente recogidos por la moral de la sociedad victoriana, extremadamente puritana como es sabido, con lo que fue posible intensificar el rechazo de la sociedad y su tipificación legal con fines represivos.

Retrocediendo en el tiempo podemos estudiar de qué forma fueron tratados los hombres con una orientación sexual diferente según épocas y sociedades. Para ello podemos clasificar las sociedades en dos grandes tipos: las sociedades productivistas y las no productivistas. Durante millones de años, estas últimas fueron las únicas existentes. Eran las que hoy llamamos arcaicas, las que vivían como hordas, como los animales, puesto que vivían al día, es decir, sin conciencia del tiempo por venir. Fue la aparición de hombres con conciencia del porvenir como consecuencia de lo que he llamado deriva económica, simbolizada por la expulsión del Paraíso, el hecho clave para que surgieran las primeras sociedades productivistas.

Dentro de las sociedades productivistas o desarrollistas las hubo y las hay de religión politeísta, como la Grecia antigua, el Egipto faraónico y el Imperio Romano, por poner tres ejemplos conocidos. En ellas las prácticas sexuales no reproductoras eran aceptadas o al menos no rechazadas de una forma represiva. Es curioso constatar que en Grecia y Roma, estas prácticas podían no solo estar aceptadas sino que incluso podían llegar a ser recomendadas. Como las mujeres tenían en estas sociedades un estatus inferior a los hombres, lo humillante no era la sexualidad entre hombres sino el papel del hombre que hacía de mujer con otros hombres. ¿Cómo es posible, pensaban griegos y romanos, que un ser superior como el hombre se rebaje hasta asumir semejante humillación?

Las culturas mediterráneas abandonaron el politeísmo hacia el siglo IV y aceptaron el monoteísmo de origen judaico por medio de la generalización progresiva del cristianismo y de las enseñanzas evangélicas. Es cierto que durante la Edad Media estas culturas eran ya monoteístas pero aun no habían desarrollado una orientación claramente productivista. Fue a partir de la reforma luterana cuando el productivismo se desarrolló con fuerza y llevó al Occidente cristiano a las sucesivas revoluciones tecnológicas que desde entonces han tenido lugar y cuyos efectos se están expandiendo desde entonces a todos los países del mundo. Y con ellos, la generalización del fuerte rechazo social e institucional a la homosexualidad que aun hoy prolifera.

Tampoco las tribus semitas nómadas rechazaban las prácticas homosexuales, pero el islamismo acabó con la ineficiencia de estas conductas como un obstáculo para la generación masiva de riqueza y les infundió una fuerte tendencia al productivismo al mismo tiempo que acabó con el politeísmo, sustituido como se sabe, debido a la doctrina de Mahoma, por un intenso y profundo monoteísmo. Las prácticas homosexuales, antaño toleradas, fueron radicalmente prohibidas en los países que abrazaron el islamismo y, en consecuencia, condenados de un modo inmisericorde los acusados por este nuevo delito a la muerte de horca y a otros castigos, como ya expuse antes.

La situación no ha cambiado de un modo generalizado en el mundo en la medida en que el modelo altamente productivista sigue practicándose en todos los países. Sin embargo, así como cuando lo que imperaba eran modelos de producción intensivos en trabajo tenía sentido prohibir la homosexualidad, habida cuenta de que ponía en peligro la disponibilidad del factor trabajo humano, aportado por nuevas generaciones de hombres reproductores, esa prohibición empieza a dejar de tener sentido en los países altamente desarrollados, en los que el viejo modelo ha sido sustituido por otros modelos en los que el trabajo humano está siendo sustituido por enormes inversiones en capital gracias al desarrollo tecnológico. Se trata de modelos de producción que continuamente aumentan su eficiencia para la generación de riqueza. Los países que lo adoptan son países más que ricos, son opulentos. En estos países la producción ya no depende tan estrechamente como hace un siglo del factor trabajo, con lo que en ellos tiene menos sentido proteger y fomentar la natalidad, como así ocurre, en efecto. Las mujeres utilizan anticonceptivos, se permite el aborto y se tolera en cierto modo la homosexualidad.

Pues bien: si unimos el cambio de modelo de producción con la vigencia en los países occidentales de sistemas políticos democráticos se comprenderá mejor que cada vez en más países occidentales se esté alcanzando una situación en la que la gaytud está siendo aceptada por la sociedad y despenalizada por las leyes. Cada vez tiene menos sentido mantener las viejas penalizaciones contra las prácticas homosexuales y, en consecuencia, aumenta el número de países en los que estas prácticas están dejando de ser nefandas. Holanda y el Reino Unido admiten ya las uniones de dos personas del mismo sexo con idénticos derechos civiles que las uniones de personas de diferente sexo, y España ha ido aun más lejos al dar estatus de matrimonio a estas uniones e incluso reconociéndoles el derecho de adopción.


(Escrito por Desdeluego)

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