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31 marzo 2010
El informe Garton Ash
El historiador y periodista británico Timothy Garton Ash se trasladó a vivir a Berlín cuando tenía 23 años, en 1978. Allí permaneció 3 temporadas, residiendo en la parte occidental las dos primeras, aunque pasando de vez en cuando a la oriental con autorización de las autoridades comunistas, e íntegramente en Berlín Este la última. Sus motivaciones eran de tipo intelectual, pues pretendía acabar su tesis doctoral (en Oxford) investigando en los archivos de la ciudad (en el Archivo del Estado Prusiano y en el Centro de Documentación de Berlín) la resistencia al nazismo en el interior de Alemania. Sin embargo, y aparentemente sin motivación alguna, Garton Ash fue expulsado a finales de 1980.

Nueve años después el Muro de Berlín fue derribado, uniéndose de nuevo lo que la franquicia del bloque soviético había separado décadas atrás. En 1992 se abren los archivos secretos de la ya finiquitada República Democrática Alemana (de niño yo siempre confundía a la Alemania comunista con la democrática. No entendía todavía los peculiares giros de la neolengua estalinista), lo que permite a Garton Ash llevar a cabo otra investigación y saldar un capítulo de su pasado: ¿Qué causas llevaron a las autoridades comunistas a expulsarlo del 'paraíso socialista'? Se presentó de nuevo en Berlín, en la Junta Federal de los archivos del Departamento de Seguridad del Estado. Un archivo que le correspondía le estaba esperando. Estaba fichado por la Stasi, que primero lo registró con un número, el 246816, y después bajo el nombre de 'Romeo'. Su expediente contaba nada menos que con 325 páginas (1) en las que diferentes individuos a sueldo de la Stasi daban cuenta de prácticamente todos los días de la vida de Garton Ash en Berlín. Allí estaba todo, un collage exhaustivo y con vocación paranoica: informes de vigilancia diarios, fotocopias de artículos que Garton Ash escribió sobre Polonia, copias de sus notas y documentos fotocopiadas en registros secretos de la policía, etc. Lo más sorprendente y traumático: que algunos de los informadores habían sido amigos suyos. Él confió en esos amigos, los trató con cariño, les dedicó su tiempo, mientras que ellos ponían su vida en peligro. Por supuesto Garton Ash no pretendía acabar con el sistema comunista, no era un espía inglés, sólo trabajaba en su tesis, aunque parece que incurrió en pecados que la RDA no podía dejar pasar: "una actitud burguesa liberal y una falta de compromiso con la clase trabajadora".

En la RDA, como buen estado policial que fue, todo estaba controlado por el poder, en éxtasis  permanente de celo. Pero el poder se expresaba en cada esquina, en cada rincón de la sociedad. El primer mandamiento de una dictadura comunista consiste en destruir la autonomía de la sociedad civil. De hecho, el miedo estaba totalmente generalizado porque cualquier persona podía ser un espía de la Stasi, y cuando digo cualquiera es cualquiera. Tu padre, tu hijo, tu mujer... La primera esposa del actor Ulrich Muhe informó durante los 6 años de matrimonio. Una activista política, Vera Wollenberger, descubrió al leer su expediente que su propio marido la había espiado desde el mismo momento de conocerse. O el escritor Hans Joachim Schädlich, cuyo hermano también era agente de la Stasi. Garton Ash tuvo suerte, pudo abandonar Berlín sin problemas serios, aunque muchos otros fueron menos afortunados.

Aunque equivalente a las Gestapo en métodos e intenciones, la Stasi sigue siendo escasamente conocida en España, sobre todo entre las nuevas generaciones. No se puede criticar u odiar lo que no se conoce, buena táctica. Pero fue un inmenso ejército de vigilancia (también de 'intravigilancia', pues la labor de muchos espías consistía básicamente en controlar a otros espías), apoyado por una imaginativa parafernalia tecnológica (2), que llevaba su labor hasta los extremos más minuciosos. ya he dicho que el sistema de delaciones y sospechas se infiltraba en todos los sectores de la sociedad, y en este sentido los datos impresionan: en 1988, el Ministerio de Seguridad del Estado contaba nada menos que con 170.000 'colaboradores no oficiales'. Es decir, que uno de cada cincuenta adultos de la Alemania comunista tenía vínculos directos con la Stasi. En realidad, la Alemania de Honecker se parecía terriblemente a la Alemania de Hitler, como el imperialismo destructor del estalinismo era análogo al hitleriano, aunque sea un terreno común de nuestra realidad establecer diferencias entre ambos de modo que el primero nunca sea totalmente condenado.

Hace unos pocos años la película La vida de los otros retrataba a uno de esos espías, aunque añadía un detalle de ciencia ficción: en la película, el espía (interpretado por Muhe, precisamente) se arrepentía. Pero, como señaló en las fechas de su estreno la encargada de los archivos de la propia Stasi, Marianne Birthler, nunca se ha dado el caso de un espía de la Stasi arrepentido. También hay que tener en cuenta que, como buen sistema totalitario, las prohibiciones en la RDA eran muy imaginativas: uno no podía casarse sin la aprobación del ministerio; tampoco podías comprar una casa sin autorización; viajar al extranjero estaba sometido a permisos, por supuesto; incluso se prohibían cosas como dejarse barba...

Garton Ash cuenta esto y más cosas en un libro esencial para saber lo que nos depararía ese 'otro mundo posible' al que jalean no pocos publicistas del totalitarismo mesiánico. Está publicado en Anagrama (1999. El original es dos años anterior) y se titula El expediente. Una historia personal.

(1) Hay expedientes más voluminosos que otros. Por una parte, el del escritor Jürgen Fuchs cuenta con 30 páginas, mientras que el expediente del cantante Wolf Biermann tiene nada menos que 40.000.
(2) La Stasi era capaz de esconder micrófonos en cualquier lugar. Por ejemplo, llegó a intervenir todos los teléfonos de Berlín Oeste.

 (escrito por Horrach)

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30 marzo 2010
Martes Santo
Simón Pedro le dijo:
-«Señor, ¿a dónde vas?»
Jesús le respondió:
-«Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde».
Pedro replicó:
-«Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti».
Jesús le contestó:
-«¿Así que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces»." (Juan 13, 21-33 36-38)
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Para vosotros las vacaciones, para mí, el calvario.

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[0] Editado por Desierto Polaco a las 8:00:00 | Todos los comentarios 219 comentarios // Año IV
29 marzo 2010
Dulces horas


Hace ya tiempo que abandoné la lectura de novela española contemporánea. Hay algunos novelistas notables: Javier Marías, Antonio Muñoz Molina, Álvaro Pombo, Soledad Puértolas, lo fue Belén Gopegui, y pocos más. Ahora suena Manuel Vilas y algunos hispanoamericanos que ya no tienen el paraguas de aquella explosión literaria de los años cincuenta y sesenta.
No leo novela española y apenas cualquier otra. Las novelas las releo, al contrario que la poesía, el cuento o el ensayo que, sin intentar estar al día de lo que se hace, sí que intento saber qué hay de interesante. En los últimos meses han vuelto a caer algunas de Faulkner, La letra escarlata y La casa de los siete tejados, Moby-Dick, y La Regenta.
Así pues, me disponía yo a pasar una agradable tarde sabatina con algún libro de ensayos, pero la mala suerte de salir el sábado a comprar bacalao para estas próximas vacaciones, que merecidas o no, lo son, me llevó a la librería. Lo malo de tener una librería a la que siempre vas es que tienes crédito y puedes comprar los libros que quieras aunque no dispongas de efectivo. (Las consecuencias vienen después, claro.) Una vuelta por la planta de literatura (literatura y más) bastó para que cayeran tres libritos que espero sean interesantes. Luego un poco de conversación con uno de los libreros, y ya en la caja, cuando la dependienta estaba a punto de darme la factura, veo una foto que me llama la atención. Una mirada un poco más detenida me muestra un nombre conocido. “Espera un segundo”, le digo. Me dirijo a la estantería, cojo el libro y sin hojearlo ni ojearlo, lo cojo. “Este también.”
Ahí se quedaron todos mis planes para el sábado. Comí con cierta premura, puse parte del bacalao a desalar, y me recosté en un sofalito. Con la caída de la tarde, cerré el libro con la sensación de haberme topado con una buena novela, efectiva. La novela de un periodista diría yo, aunque quizás el interfecto se revuelva en su sillón, o donde quiera que se siente.
La estación violenta está bien tramada y tiene un argumento creíble, quizás demasiado conocido (aunque esto pueda ser solo una impresión mía, que
ya me lleva ocurriendo desde hace varios años antes de desertar de la lectura de novelas españolas.) No voy aquí a ensayar un esbozo de crítica de la novela. Solo les apunto que el autor domina el lenguaje y que a pesar de momentos, sobre todo los iniciales, cuando intenta crear el ambiente para que los personajes actúen, a excepción de esos momentos, digo, quizás algo subidos de tono (literario, se entiende), el resto mantiene una encomiable austeridad. (Esto viene a cuento, ya se habrán imaginado, de que a mí los barroquinos al modo de JMdP o JVB, me aburren y me echan para atrás. Una cosa es Umbral, y otra el olor a Umbral, que es lo que a estos dos (y a muchos más) les ocurre.)
La novela me ha gustado aunque algunas maneras son propias de un tiempo anterior. Me alegro de que no intente ser nocillesco ni siga a DFW, pero me sorprende ese comienzo, esa trama, esa preocupación más propia, ya digo de tiempos algo anteriores, pero tampoco mucho. Por concretar un poco y a riesgo de montarla, me ha recordado a algunas narraciones primeras de Soledad Puértolas. Pero esto debe ser únicamente una asociación que he hecho yo basándome en nada concreto.
En fin, para ir acabando, si alguien no la leyó hace dos años en gallego, ya pueden disfrutar de ella ahora en castellano. Vayan y pidan La estación violenta.

Se me olvidaba el autor es un tal gallego Manuel Jabois.


(Tecleado por Garven)

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28 marzo 2010
El secuestro del secretario general (y II)

Comenzaba ya a preocuparme cuando divisé al secretario general acercándose entre los transeúntes, saboreando una trufa que se había agenciado en la pastelería de la esquina.

El pleito fue largo: creo recordar que en primera instancia se desestimaron tanto las demandas de unos como las de los otros, que hubo apelación.

Fue un asunto que se demoró mucho y que me permitió contemplar los estragos del paso del tiempo sobre las organizaciones políticas. Unos malos resultados electorales acabaron con aquel secretario general. Su sustituto era un hombre mucho más joven, bien preparado, que prescindió también de su propio secretario, a quien no volvimos a ver. Se presentó el nuevo dirigente, pues, para conocer los entresijos del asunto, antes de partir a un viaje ya programado a la Unión Soviética. Este hecho me dio qué pensar: ¿acaso todo nuevo secretario general hacía esa peregrinación tras su nombramiento?

No sé qué pudo ver aquel hombre en Moscú. A su vuelta presentó su dimisión irrevocable y su relevo, hombre sumamente cordial y, o eso me pareció, más dotado para la ironía que sus antecesores, aludió vagamente a ciertos problemas psicológicos, a cierta inestabilidad mental. No dijo nada sobre si los síntomas habían aparecido tras el viaje o eran anteriores.

No hay mucho más que contar, recuerdo los interminables escritos que presentaba la otra parte, plagados de citas de Marx, de Engels, de todo aquello que pudiera servir para acreditar la naturaleza básicamente libre (pongan ustedes las risas) de toda organización marxista, que debía conllevar el reconocimiento del derecho de los escindidos a separarse de la organización.

En la víspera de la vista de la apelación, dos hombres buenos nombrados como mediadores llegaron finalmente a un acuerdo: los escindidos renunciaron al nombre, que tampoco les interesaba mantener, por otra parte, en su empeño de aparecer como la nueva vía, y tras una valoración discutida a cara de perro, las dos organizaciones se repartieron el patrimonio, que, por ora parte, era de lo que se había tratado desde el principio, tras aquel falso ropaje de citas y estatutos.

Los jueces aceptaron de buen agrado el acuerdo, que les evitaba estudiarse unos tochazos infames, y allí acabó casi todo.

Después, como casi siempre, los problemas para cobrar El nuevo secretario era un gran tipo, ya lo he dicho, pero no tenían un duro. Finalmente, hubo que tratar directamente el asunto con la gente de Madrid, que pagó tarde, mal, y, en una buena parte, con dinero de dudoso color.

No voy a ser tan exagerado como para decir que aquello me hizo un descreído, porque nunca había sido un fervoroso creyente, ni en el socialismo ni en la partitocracia, pero sí que me ayudó a comprender enseguida que en toda discrepancia de esta índole, tras la vestimenta ideológica, siempre hay cuatro o cinco locales que repartir.

La imagen que me queda es la de aquel primer secretario general de mi vida, saliendo de la pastelería relamiéndose los labios, con esa sonrisita pícara del sacerdote pillado en un pecadillo venial.

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27 marzo 2010
El secuestro del secretario general
Casi podría decirse que llegamos juntos al despacho. El secretario general, para resolver los problemas legales de su partido. Yo, como abogadito recién licenciado.

Era un despacho fundamentalmente mercantil, especializado en procedimientos concursales, así que no dejó de sorprender que el nuevo cliente fuera un partido político marxista.

Lógicamente, se preguntó el por qué, habiendo como había tanto abogado laboralista con conciencia de clase. La respuesta fue simple: entendían que no era una cuestión ideológica, sino puramente legal.

Era una respuesta simple y, según pude comprobar más adelante, también falsa: la verdad era que se conocían todos muy bien y no se fiaban los unos de los otros.

Sea como fuere, después de que los primeros espadas hicieron las presentaciones de rigor y establecieron los contactos oportunos, el asunto pasó a manos de los operarios de a pie.

La cosa tampoco tenía mucho misterio, el partido se estaba disgregando, la falta de poder ahuyentaba a los militantes ávidos de medrar, y finalmente había llegado la escisión. El problema era lo que llamaban estructura federal. Concebido como una federación de partidos, se daba el caso de que en cada federación había distintas mayorías y la consecuencia era que en un sitio gobernaban unos y en otro gobernaban los contrarios.

En mi tierra, mandaban los escindidos, y los que seguían afines a Madrid, por así decirlo, habían sido defenestrados, pero estaban dispuestos a dar mucha guerra. Esgrimían los Estatutos del partido y argumentaban que el Congreso que los había descabalgado era ilegal.

Frente a ellos, los nuevos mandamases hablaban de federación, de autonomía, de no sé cuantos conceptos que en definitiva se resumían en que no tenían por qué obedecer las directrices de la casa central.

El secretario general era un tipo afable, que venía siempre acompañado de otro, el secretario del secretario, decía, provisto de un gran maletín negro que yo suponía que guardaba los más preciados secretos de la vetusta organización, algún fetiche de los viejos tiempos, el antifaz que usaba Lenin para conciliar el sueño o alguna cosa por el estilo.

Con aquel maletín en ristre, el secretario seguía obediente al secretario general, siempre unos pasos detrás, haciendo a la vez de guardaespaldas, ojo avizor a los mil posibles enemigos. Todo esto eran deducciones mías, porque sólo una vez le oí pronunciar palabra.

Era la primera cita judicial: una declaración, supongo. El caso es que allí estábamos, en la principal arteria de la ciudad, el secretario general y yo, camino del juzgado, y unos pasos más atrás, el secretario del secretario, siempre vigilante.

De repente me encontré hablando solo: miré a mi alrededor y no encontré al secretario general. Era una calle concurrida, es cierto, pero no conseguía entender en qué momento había desaparecido aquel hombre. Entonces el secretario del secretario puso su mano en mi hombro y dijo gravemente: lo han secuestrado.
(Hasta mañana, si Dios quiere)

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26 marzo 2010
Un santo y un miserable
Por dos veces he empezado a escribir esta entrada, y las dos he acabado cambiando de ruta argumental. Yo quería escribir sobre un hombre que sin mas armas que un corazón valiente y una voz sincera se levanta en la Historia como un Titán de la Humanidad, un ejemplo que si no hubiera acabado desengañado de la argucias que los hombres levantan para adorar a un dios que quieren hacer pasar por Dios sería dibujado en las estampitas y colocado en altares. Que no pocas veces se queda uno pensando: ¿Y que fue de tanto empeño, y de tantos esforzados héroes que lucharon por mejorar un poco o un mucho este perro mundo? ¿Mereció la pena el sudor y la rabia? ¿Quedó tras su paso algo que no fuera ceniza y decepción? No es fácil ser bueno todo el tiempo, llevarse todas las broncas por intentar ser el último mohicano (o el primero) y aun así seguir dando cabezazos contra los muros para que entre el aire o salgan los fantasmas. Si encima uno va de llanero solitario, la cosa ya es de de masoquismo o de vocación martirológica (si es que se puede distinguir entre ambas).

Y aun así, hay veces que el empeño de un solo hombre consigue cambiar algo y reducir el grado de miseria en la humanidad. Hoy les quería hablar de Henry Dunant, el creador de la Cruz Roja
Eliminar formato de la selección
No voy aquí a darles una charla hagiográfica sobre el suizo. Pueden leer en la wiki sobre sus hechos: el “pésimo comerciante y malvado capitalista” que intentando ayudar a los colonos argelinos que Francia había dejado colgados acaba en medio de un paisaje después de una batalla. En vez de salir por piernas del infierno de Solferino, Dunant se remanga y hace de enfermero, consuela, venda, limpia, hierve trapos, asiste a moribundos, organiza a las mujeres de la población civil para ayudar a los heridos sin importar su bando al grito de “tutti fratelli!”... El, que ha sido un voluntarioso filántropo en años anteriores, que ha ejercido la caridad en la burguesa Ginebra con sus sociedades cristianas de tacita de chocolate y picatostes, da un paso mas y hace eso que se predica en los púlpitos y se evita en la calle. Y tiene el valor (o las pelotas) de sacar a los heridos pasando entre los dos bandos para evitar una masacre en un acto de tal coraje (aplausos también a su enamorada enfermera Cecille Thuillier), que dan ganas de cuadrarse delante del televisor y rendir honores igual que los soldados cuando se ve la película (que yo les recomiendo encarecidamente compren y disfruten en familia)


Todo esto lo contó Dunant en un panfleto (dicho sea con el mayor respeto) que titula Recuerdo de Solferino. Lo malo es que ¡ay! En su afán de alma buena, tiene la mala suerte de poner un ejemplar en manos de Gustave Moynier. Este elemento fatídico, abogado de amplia panza, es un descendiente de zapateros devenidos en banqueros y comerciantes que preside una sociedad filantrópia de tercera regional y que ve en la conmoción provocada por el texto un terreno adecuado para colocar sus piezas. Disfrazando de pragmatismo lo que no es sino zorrería y mezquindad, Moynier usa a Dunant para atraer a las personas adecuadas y luego negociar en camarillas. Para cuando se organiza la reunión de Ginebra de 1863, Moynier ha conseguido exprimir a Dunant, quitarlo de en medio y hacerse pasar por el auténtico creador de todo el tinglado, pervirtiendo de paso las mejores propuestas de Dunat (como la independencia y universalidad de la futura organización) y dejando a Dunant solo como “artista invitado”. Aun así, el héroe es capaz de conmover (¡y de que modo!) a los oyentes; sus palabras dejan rastros fulgurantes en los que tienen un poco de dignidad. Tanta fuerza tienen las ideas de Dunant que Moynier se pasa el resto de su vida intentando socavar al gigante, que se mueve por Europa embarcado en docenas de proyectos humanitarios (lean, lean la Wikipedia...). Los primeros textos sobre la Cruz Roja son copias mas o menos elaboradas del indisimulado panegírico excusado de memorias que el orgullosamente humilde Moynier redactó con el título de Les premiers dix ans del la Croix Rouge, y que impreso y anunciado con gran presupuesto distribuye por todas partes. ¡Que diferente del panfleto de Dunant, pagado de su bolsillo y boicoteado por los Servicios Secretos Franceses, que llegan a quemar la imprenta y dar una soberana (imperial) paliza al editor Samuel Lowenthal!. Moynier llena folios y folios intentando eliminar a Dunant del mapa, falseando los hechos y esparciendo rumores, empeñado en una damnatio memoriae que le deje como único protagonista de una historia donde el nunca pasó de ser un simple intrigante y politiquero que hacía manitas con Francia y ponía a disposición de sus políticas exteriores a la organización. En su bando están sus amigos y partidarios, que vocean los bulos que esparce el escritor sobre la “incapacidad” de Dunant, su “egoísmo”, y aun de su supuesta homosexualidad. El taimado Moynier tira la piedra y esconde la mano, y durante los próximos años no encuentra nada demasiado ruin para dañar a Dunant, intentando silenciarlo, negar cualquier relación del mismo con la Cruz Roja, y convencer al mundo de que le fuera negado incluso un lecho y un plato de sopa. “Moynier empleó toda su vida en destruir la verdad, sin sentir jamas la sombra de la verguenza, el miedo o la culpabilidad”. No faltan quienes prefieren llevarse bien con el estratégicamente colocado Moynier (y su protectora Francia) a ser justos con el buen Dunant, que duerme en los bancos del parque y lleva un abrigo con rozaduras disimuladas con tinta china, Cuando a pesar de todo algunos tipos decentes van sacando a la luz la verdad, Moynier excusa sus mentiras con mas mentiras,y se enroca en sus falsedades, pasando a la defensiva

Dunant muere solo y pide ser enterrado sin mas honores que los de un perro. Sus últimos años han sido apenas aliviados por los esfuerzos de algunos valientes que se asombran de la mezquindad de gobiernos e instituciones.

No busquen en las páginas oficiales de la Cruz Roja mas datos sobre el tipejo (mejor leanlo aquí). A pesar de lo que se ha escardado en la reconstrucción de la verdad, el turbio Moynier aun permanece agarrado a la figura de Dunant como el muérdago sobre la encina, parasitando al noble árbol. Un árbol que ofrece su sombra a una institución que, con todos sus problemas y corrupciones, sus podredumbres y vicios, sigue teniendo hombres y mujeres buenos que como Dunant un día se arremangan y cogen la mano de los heridos, ¡Tutti Fratelli!


(Escrito por Mandarin Goose)

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25 marzo 2010
Bajas



Caemos, es inevitable. De un modo u otro. Entre las maneras, al menos más elegantes, es la que Nathaniel Hawthorne, el gran Nathaniel Hawthorne, nos confiesa en el prólogo a La letra escarlata.
(Léanlo, y si no les gusta, protesten aquí.)
(escrito por Garven)

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24 marzo 2010
La insoportable levedad de los fundamentos de nuestra civilización tecnológica
Las circunstancias me han hecho testigo cercano del megaterremoto que asoló a Chile el 27 de febrero del 2010. Ha pasado el momento de hacer una descripción pormenorizada de hechos de sobra conocidos, y no ha llegado el de lanzar veredictos acerca de por qué pasó o no debería haber pasado todo lo sucedido. Pero sí vale la pena que exponga algunas de las consecuencias más generalizables y permanentes que yo he sacado de estos acontecimientos. Antes de empezar, me limitaré a señalar que mis fuentes de información han sido las emisoras de radio locales durante las horas de crisis y los testimonios de testigos directos o indirectos de la catástrofe con los que he hablado. No estoy pues deslumbrado por esas imágenes televisivas que, llenas de dramatismo cinematográfico, nos aloban, impidiéndonos recapacitar. Esas que, acompañándonos día a día, convierten lo que debería ser nuestra vida real en una larguísima ficción.

La sorpresa.

No hay catástrofe que merezca el nombre de tal que no se presente por sorpresa. El terremoto chileno rompió a las tres y media de la madrugada, cuando el país entero dormía, y el poderoso tsunami que lo siguió produjo la mayoría de sus efectos destructores en las dos o tres horas siguientes. Esperándolo teóricamente, en la práctica nadie lo esperaba. Las tres últimas grandes catástrofes telúricas se han producido en Chile en 1960, 1985 y 2010, con intervalos exactos de 25 años, es decir, de más de nueve mil madrugadas. Quizá sea posible diseñar un sistema de alerta temprana, integrado por una élite muy profesionalizada que, como monjes en un cenobio, sea capaz de mantener una vigilia permanente durante estos enormes intervalos de tiempo, siempre pensando que la catástrofe puede iniciarse al segundo siguiente. Pero es imposible que un sistema de alerta extendido a todo el país sea capaz de movilizar a las poblaciones en peligro, poniéndolas a salvo, en períodos de pocas horas o fracciones de horas. De manera que con la sorpresa hay que contar, y la única forma de contrarrestar en lo posible las consecuencias de una catástrofe así es educar a la población para que, ante el menor indicio de desencadenamiento de lo catastrófico, actúe de modo autónomo poniéndose inmediatamente lo más a salvo posible.

La caída de los fundamentos técnicos del orden.

Las consecuencias inmediatas de una catástrofe son la destrucción material y la pérdida de vidas. Pero el país afectado tiene que mantenerse en un orden civilizado para que los muchos daños mediatos que también se han producido y que todavía tienen remedio puedan repararse: ciudadanos heridos, sepultados bajo los escombros, faltos de agua o alimentos, etc. El terremoto de Chile ha puesto de manifiesto que en una sociedad como aquélla lo es tecnológicamente avanzada, el orden y la seguridad civilizados descansan sobre un solo factor, la distribución de energía eléctrica. Como consecuencia inmediata del terremoto, algunas líneas de alta tensión y estaciones de transformación sufrieron daños irreparables, lo que resultó en un colapso inmediato del sistema eléctrico del país. De aquí se siguió la gran sorpresa: cayó inmediatamente todo el sistema de comunicaciones inalámbricas, porque el funcionamiento de la red de telefonía móvil depende de antenas repetidoras animadas por energía eléctrica, y lo mismo sucede con la red de emisoras de radiotelevisión, y con Internet. El país entero, pero sobre todo las autoridades que tenían que actuar inmediatamente con dispositivos de emergencia, quedaron ciegos y sordos. No era ya que no se pudiera actuar, sino que ni siquiera se tenía una idea exacta de lo que estaba pasando. Y esta situación se mantuvo durante casi veinticuatro horas. El gran apagón resultó también en el colapso de la distribución de agua potable, movida casi exclusivamente por bombas eléctricas. Lo básico de las comunicaciones terrestres, como los firmes asfálticos de autovías y carreteras, soportó razonablemente bien el impacto telúrico, salvo en algunos puntos críticos, como puentes sobre grandes ríos. La sorpresa fue que las instalaciones accesorias inmovilizaron el sistema; así sucedió en la ruta 5, autovía que constituye la columna vertebral de las comunicaciones terrestres en un país de más de 4.000 km de largo, y en la que los muchos pasos elevados no resistieron el seísmo y cayeron sobre ella, bloqueándola. De aquí se derivó otra gran sorpresa: nuestra civilización tecnológica es cortoplacista, da respuestas inmediatas a demandas que apenas están empezando a formularse, es la civilización del just in time, basada en la eficiencia de un sistema de comunicaciones hiperfluido. Al bloquearse las rutas de transporte terrestre, es decir, la cadena logística, se puso de manifiesto que los super e hipermercados de las áreas urbanas afectadas carecían de stocks suficientes, lo que resultó muy pronto en una situación de desabastecimiento.

La inevitable desintegración social.

Cuando no hay electricidad, ni agua ni comunicaciones ni alimentos. Cuando las autoridades civiles desconocen la magnitud de los daños que ya han llegado o están por venir. Cuando las fuerzas de orden público y las organizaciones de defensa civil, en el caso de Chile carabineros y bomberos, llevan ya más de dos días en un ejercicio continuo de ayudar a las víctimas y se derrumban de sueño y fatiga, surge inevitablemente la desintegración social y se pone en marcha un mecanismo elemental de lucha por la vida. Los más pobres se organizan espontáneamente y empiezan a asaltar los supermercados en los que se supone pueden quedar alimentos. De la búsqueda de estos se pasa espontáneamente al saqueo de todo lo que, aun no siendo comestible, puede tener algún valor de cambio, como los electrodomésticos o las grandes pantallas de plasma. Dentro de estas masas incontroladas cristalizan pronto los que en Chile se han llamado grupos de antisociales, que ya ponen su punto e mira en los domicilios privados, donde además de alimentos pueden encontrar dinero. El orden social tiende rápidamente a desaparecer, y el Ejército es la única institución que en tales circunstancias puede restablecerlo. Eso es lo que sucedió en Chile, donde la declaración del estado de catástrofe, previsto por la Constitución y similar en lo operativo al estado de sitio, permitió que las fuerzas armadas controlaran pronto la situación y pudieran además implementar sistemas logísticos y sanitarios de emergencia, como si de una guerra se tratara. Todo lo cual constituyó la última gran sorpresa a la que quiero referirme: las sociedades de nuestra civilización tecnológica se convierten fácilmente, cuando fallan los fundamentos materiales de un sistema muy fluido y automatizado, en masas invertebradas. No existe, y esto escandaliza y hace reflexionar ahora a la sociedad chilena, un sistema de valores capaz de cohesionar a la gente cuando todo el soporte material de sus vidas se quiebra. Surge así la conciencia lacerante de la gran contradicción en que vivimos: nos escandalizamos de las cosas terribles que pasan en sitios remotos como algunas regiones africanas, cuando nuestra pax tecnológica tiene unos fundamentos que, en momentos catastróficos como los vividos en Chile, se muestran aterradoramente endebles.

Termino ya. Puede hacerse una reflexión positiva de lo acontecido en Chile. Para la magnitud del movimiento telúrico, el quinto más violento en el registro histórico, con un Richter de 8,8, los daños personales y materiales no han sido demasiado grandes: el país ha resistido, los chilenos en general, empezando por sus autoridades y terminando por los más humildes campesinos y pescadores de las regiones afectadas, han mostrado y siguen mostrando una sangre fría y determinación dignas de admiración. Estoy seguro de que en pocos años superarán las circunstancias que han vivido.

Pero también puede hacerse una reflexión negativa, hasta estremecedora, extensible, más allá de Chile, a los fundamentos de nuestra civilización tecnológica, que es demasiado inmediata, utilitaria y cortoplacista. Demasiado coherente, precisa y autoregulable. Excesivamente robotizada, teniendo en cuenta que los robots, como las muñecas, nunca serán perfectos. Que por todo eso quizá no se percate de su propia levedad, de que vivimos sobre la corteza de un volcán activo, somos un gigante con los pies de barro, el Aquiles cuyo talón quedará expuesto, antes o después, a la flecha de un Paris de puntería estadísticamente certera. Todo esto, por lo demás, los humanos de a pie, la gente de carne y hueso, lo intuimos. Buena parte de la desesperanza soterrada, el alegre cinismo o la agria inocencia de nuestra época así lo atestiguan. El caso es que también nos sentimos incapaces de encontrar soluciones para estos problemas que, antes o después, acabarán con nuestros modos de vida. Bebamos pues y comamos, que mañana moriremos. ¿O no?


(Escrito por Olo)

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[0] Editado por Bartleby a las 8:00:00 | Todos los comentarios 354 comentarios // Año IV
23 marzo 2010
Un día quedamos y tomamos unas cervezas
Entre quien escribe cualquier cosa y quien lo lee hay un acuerdo tácito de doble dirección: vamos a disfrutar; o, por lo menos, a entretenernos. En mi caso, ese contrato está roto. Supongo que llevamos demasiados años dándole vueltas a los mismos temas una y otra vez. Así que, antes de que mi cansancio cunda entre los posibles lectores, prefiero despedirme como entradista habitual de este blog. Si alguna vez encuentro algún asunto que crea interesante ya haré llegar a los administradores mis opiniones o mis pesquisas, que ellos sabrán encontrar un hueco si lo merece; ahora les ruego que prescindan de mis servicios y que me ingresen el último cheque en la cuenta de siempre.

Para terminar con buenas maneras, aquí dejo un bonito vídeo y
una página en donde se cuenta algo más sobre el mismo. Salud.




Nature by Numbers from Cristóbal Vila on Vimeo.





(Escrito por Mercutio)

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[0] Editado por Mercutio a las 8:30:00 | Todos los comentarios 210 comentarios // Año IV
22 marzo 2010
Secuestros
A raíz de la liberación de Alicia Gámez en el desierto malí por parte de la organización Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), uno se pregunta hasta qué punto los políticos de turno toman por imbéciles a los ciudadanos y confirma la decadencia inexorable del llamado periodismo de investigación.

El otro día, el periodista Manuel Trallero, en su artículo diario en e-notícies, planteaba con muy buen criterio una serie de cuestiones sobre el caso, que quedarán irremediablemente sin respuesta.

1. ¿La ayuda solidaria que enviaba la ONG Barcelona Acció Solidària debía efectuarse con la parafernalia propia del rally París-Dakar?

Supongo que, en su momento, tuvieron ocasión de ver las imágenes de la caravana por televisión. No soy especialista en el tema e ignoro cómo se realizan los traslados de material por esas zonas, pero la estampa habría colado perfectamente si la hubieran puesto en un resumen del famoso raid. No pretendo bromear con este tema porque todavía hay dos personas secuestradas, pero alguno, si le dejan, monta una caravana como las del día del orgullo gay.

2. ¿No había otros medios para hacerla llegar? o ¿acaso se trataba de montar una aventi y/o un espectáculo?

Claro, aquí uno se pregunta, ¿la mercancía se tiene forzosamente que entregar en mano? ¿Hace falta que te firmen algún recibo como comprobante? Debe haber mil maneras de hacer llegar la ayuda sin tener que ir personalmente, pero...

3. ¿No estarían haciendo simplemente turismo, solidario, eso sí?

A mí me parece evidente pero me gustaría que me lo confirmaran. Dado que ningún responsable político ni ninguna ONG nunca lo reconocerá, considero que es tarea de los medios de comunicación investigar el tema, aunque aquí topamos con lo de siempre: no existe el periodismo de investigación, sólo existe el periodismo de declaraciones y comunicados, y para hacer eso por mí ya pueden suprimir la carrera.

4. ¿Por qué nunca se ha explicado que hacía la esposa del alcalde de Barcelona en esta historia?

Preguntado el señor Hereu sobre este asunto, desde el Ayuntamiento de Barcelona se redactó una declaración institucional, para variar, en el que se dice más o menos lo siguiente:

“El alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, ha afirmado hoy que el secuestro de tres cooperantes catalanes ayer en Mauritania de la ONG Barcelona Acció Solidària ha sido "un golpe muy duro", aunque dijo que eso no pone en cuestión sus políticas de cooperación ni cortará la voluntad solidaria de la ciudad, porque es la expresión más genuina de Barcelona". En este sentido, Hereu ha dicho estar especialmente sensibilizado con los acontecimientos porque su mujer se encuentra en Dakar (Senegal) con un grupo de 14 personas más entre las que también se encuentra la mujer del delegado de presidencia del Consistorio, Ignasi Cardelús.”

Con un par.

5. ¿Se han pagado dos millones de euros de rescate por parte del gobierno español que ha corrido a hacerse la foto al lado de la liberada?

¿Alguien tiene idea?

6. ¿Puede el gobierno español negociar con Al Qaeda y en cambio no puede hacerlo con ETA?

Buena pregunta. Yo no lo sé.

7. ¿Cómo piensa devolvernos la señora Alicia Gámez o su ONG a los ciudadanos españoles el precio del rescate?

Como tampoco van a reconocer que se ha pagado rescate, la respuesta es evidente.

8. ¿Se ha convertido la señora Gámez, efectivamente, al Islam de forma voluntaria?

A ver, esto dicen los de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) en la edición digital de la cadena de televisión Al Arabiya: “la cooperante Alicia Gámez fue liberada el pasado miércoles después de haberse convertido al Islam "voluntariamente" y a causa de "su estado de salud. En el comunicado, AQMI de "gracias a Dios" por haber puesto a Alicia Gámez "en el buen camino" y anuncia que la cooperante española ha adoptado el nombre musulmán de Aicha y que los propios miembros de la organización le impartieron las enseñanzas islámicas y la introdujeron en la ley islámica (la 'sharia').”

Por lo que respecta a los otros dos cooperantes secuestrados, Roque Pascual y Albert Vilalta, parece que su conversión al Islam no es suficiente para soltarlos. Veamos:

“Asimismo, AQMI afirma en el comunicado que el Gobierno español debe satisfacer sus reivindicaciones (sin precisarlas), ya que ésta supone la "única condición para garantizar la libertad, sanos y salvos", de los otros dos cooperantes españoles. En este sentido, pide al "pueblo español" que presione al Ejecutivo para que asuma "su responsabilidad respecto a la vida de los rehenes".

Sospecho que piden pasta pero igual no. Como soy imbécil estoy dispuesto a tragarme lo que sea pero me temo que ni se molestarán en intentar engañarme.

Por cierto, ¿al final se supo algo de lo que publicó El Mundo sobre el secuestro del Alakrana?

“Tres agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) entregaron un millón de dólares a un falso alto cargo del Ministerio de Defensa de Somalia, con la intención de comprar la libertad de los tres tripulantes del 'Alakrana' que supuestamente habían sido trasladados a tierra por los piratas, cuando el atunero permanecía en manos de los secuestradores.

El CNI ha hecho público un comunicado en el que señala que el centro "tiene por norma no dar detalle alguno de sus operaciones salvo a las personas o instituciones que indica la ley" y niega "rotundamente" haber pagado cantidad alguna a cambio de los marineros”



(escrito por barley)

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[0] Editado por Garven a las 8:00:00 | Todos los comentarios 223 comentarios // Año IV
20 marzo 2010
Vinieron de dentro
¡Qué razón tenían!.
Lástima que no lo dijeran con claridad: ¡Esto lo pagamos entre todos!
Es lo que tiene la política, que nos concierne y afecta a todos. Votes o no votes, les hagas caso o te tapes los oídos cuando hablen, al final sufres parte de las consecuencias.
Pero no voy a llamar a rebelión. No porque sea un hombre de orden. (Ya me gustaría algo de orden en mi desordenada vida) sino porque a mí este país cada vez me recuerda más a La noche de los muertos vivientes, y una de sus secuelas: Vinieron de dentro.
Algunos, sin embargo, trataron de desviar la atención hablando de los malos de fuera.
(escrito por Garven)

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[0] Editado por Garven a las 9:00:00 | Todos los comentarios 317 comentarios // Año IV
18 marzo 2010
suplicio
Quién sabe si el amigo Teognis y el colega Cirno hastiados y huyendo de los miserables que encontraban entre los griegos acabaron abrazando a los miserables que luego descubrirían entre los medos. Quizás abandonaron definitivamente su ciudad y acabaron, qué se yo, varios siglos más allá, en un blog de eunucos persas en los dominios de Artajerjes, de natural innoble y perverso. En esas épocas en las que la ira de los tiranos ocasionaba el infortunio y desgracia de los castigados. No sé si a estas ejecuciones se le daba ya por aquel entonces el nombre de justicia, pero lo cierto es que pasados los siglos la ira sigue levantando una suerte de 'sed de justicia' insaciable dominada por la pasión del odio. La cosa es que esta pasión por la justicia estaba a flor de piel en la corte persa. Parisatis, mamá de Artajerjes, guarda cierta justificada tirria al eunuco del rey Masabates. Antes de poder hacer lo que quisiera con el triste eunuco, Parisatis se las ingenió para jugárselo a los dados a Artajerjes, juego en el que la mami era extremadamente buena, y ganarlo de una buena tirada. En cuanto lo hubo ganado, dispuso ella que sus verdugos lo desollaran vivo, lo crucificaran en tres tablas y colgasen su piel aparte. Claro que Artajerjes se gastaba otros suplicios más horrendos, como es el caso del suplicio de las artesas, que consiste en lo siguiente, según la receta de la época rescatada por Plutarco:

Se toman dos artesas de tal forma que casen la una con la otra y se introduce tumbado al que se desea castigar; entonces se trae la otra y se coloca de tal manera que la cabeza, las manos y los pies queden fuera y el resto del cuerpo quede cubierto; le dan de comer al condenado y, si no quiere, se le obliga aguijoneándole los ojos. Una vez que ha comido, vierten sobre su boca para que lo beba una mezcla de leche y miel y luego lo derraman sobre su cara: siempre teniendo sus ojos mirando hacia el sol, toda su cara queda cubierta por una multitud de moscas que se le acercan. El hombre hace dentro de la artesa sus necesidades, como pasa en el caso de hombres que han comido y bebido, y las lombrices y gusanos proliferan atraídos por la corrupción y la podredumbre de sus excrementos, de tal forma que al introducirse en el cuerpo del condenado, lo destruyen.


Por lo que cuentan de un tal Mitrídates, parece que dentro de la artesa se pueden vivir unos diecisiete días. Y es que, por lo que traslucen los relatos de la época, la muerte se veía como una manera bastante simple de despachar a un hombre, no se consideraba justa recompensa ¡Ah, la vara de la justicia ¿qué demonios mide?! A Artasiras, otro desgraciado súbdito de la época, 'le sobrevino esa acostumbrada desgracia que acarrea la necedad'', vamos, que enfadó mucho al rey. Receta: diez días de tortura, después se le sacan los ojos y se le vierte bronce fundido por los oídos hasta que muera. Suplicios y torturas quizás se hayan refinado a través d
e los tiempos, aunque algunos de ellos se mantengan, gracias a dios, en su simplicidad originaria. No sé si el de la artesa, por ejemplo, dio pie al suplicio o tortura del agua que le aplicaron a la marquesa de la ilustración, y debió chillar como una fiera, antes de que la ejecutaran. La señora marquesa de Brinvillier-La-Motte que se había puesto ciega de envenenar personas, por cosa reglamentario, hubo de pasar por esta tortura que consistía en hacer beber agua en una postura tal que así, lo que debe de hacer mucho daño.

Estas cosas tan salvajes unidas a la justicia deben venir del odio y de la ira ¿de dónde si no? Claro que antaño a quien robaba un perro le cortaban las orejas y le marcaban con un hierro candente. ¿es que querían tanto a los animales?. En todas estos castigos se muestra también la arbitrariedad, el capricho del hombre para con el castigo elegido. Y esta arbitrariedad perdura aún, como apuntaba Ferlosio ¿por qué diez, veinte, treinta o cincuenta?¿es que las penas tiene alguna relación con el crimen? Aquí me temo que quizás nos dejamos empujar por la inercia de la tradición, que como decía Mosterín el otro día 'no justifica nada'.

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[0] Editado por Mel ha desaparecido a las 8:00:00 | Todos los comentarios 511 comentarios // Año IV
17 marzo 2010
Mudanza

Ésta es aún, Cirno, nuestra ciudad, pero es otra su gente.
Los que derechos o ley // no conocían ayer,
los que cubrían sus flancos usando pellejos de cabra,
y fuera de esta ciudad // solían ir a pastar,
ésos son gente de bien, Polipaides; los nobles de antes
pobres de pronto son hoy. // ¿Quién lo verá sin pesar?
Unos a otros se engañan tratando de burlarse siempre
sin importarles saber // cuándo algo está bien o mal.
No sientas nunca amistad, Polipaides, por tales personas
dentro en tu pecho por más // que pueda el apuro ser.
Mas de palabra aparenta tú ser gran amigo de todos,
sin tú prestarte jamás // a lo que puedan tramar.
Pronto sabrás el talante que tienen tales miserables,
cómo no cabe tener // confianza en ellos ni fe.
Aman las trampas, engaños y enredos los de su calaña
como los hombres que no // puede un remedio curar.

(Teognis de Mégara)

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[0] Editado por Al59 a las 8:00:00 | Todos los comentarios 443 comentarios // Año IV
16 marzo 2010
En una esquina del periódico
Llegó al colegio al final del bachillerato, un chaval grandote, fuerte y tímido, que se sonrojaba con facilidad, no jugaba al fútbol y era mal estudiante. Teníamos pocas cosas en común, si acaso unos apellidos que resultaban enrevesados para la mayoría de nuestros condiscípulos.

Una tarde coincidimos de vuelta a casa. Yo vivía a un cuarto de hora, a él le quedaban un trayecto en autobús y una buena caminata. Sus padres ya habían comprado piso en el pueblo, pero al abuelo no había quien lo sacara del caserío y su ganado y no se atrevían a dejarlo sólo en el monte.

Yo entonces no hablaba de política, fuimos una generación precoz en la materia, pero todavía no me interesaban esos asuntos. Por eso me llamaron la atención sus opiniones, tampoco nada exagerado, ya digo que era de pocas palabras. Encima que vienen de fuera, se ríen de nosotros. Estaba orgulloso de su apellido y hasta de su nombre. Se lo habían puesto por el famoso revolucionario.

En el curso siguiente nos sentamos juntos. Franco había muerto y la calle era un hervidero. Nos cupo el mérito de ser la primera promoción que apoyó una huelga en el colegio, aunque en honor a la verdad fue cosa de unos pocos: aquel chico de la UJM, que por lo que contaba más parecía que se había afiliado para follar y uno del PCE, que situado estratégicamente en la puerta nos explicó que éramos unos burgueses y que si entrábamos nos iba a dar de hostias. Un tipo muy simpático, que al correr de los años cambió de partido y fue concejal de urbanismo.

Mi compañero de pupitre no participó, se limitó a quedarse en casa por el paro en el transporte.

El bachillerato acabó y le perdí de vista. Sólo le vi en persona una vez más, uno o dos años después, una noche de sábado o de domingo, una noche desagradable, de frío y de lluvia, de camino a uno de aquéllos actos político-musicales típicos de la época. Estaba hablando con otro tipo al que no conocía y su reacción fue más bien elusiva: dejaron de hablar, como esperando a que me marchara para continuar la conversación, así que no me paré mucho: qué es de tu vida, a ver si nos vemos.

Tres años después le vi en los periódicos: detenido con otros tres o cuatro, acusados de varios atentados, incluido un asesinato. Cumplió casi veinte años, en los que yo acabé mis estudios, me casé, tuve hijos, cambié varias veces de domicilio. Lo que llamamos vivir.

El otro día leí la esquela de su padre, en una esquina del periódico. No cabía duda, los apellidos coincidían, pero él no aparecía. Era una esquela triste, más triste de lo normal. Aparecía un hijo muerto, pero no el que queda vivo. Comprobé que también su padre llevaba el nombre del famoso revolucionario.

Una mentira sin importancia, entre tanta miseria.

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[0] Editado por Schultz a las 8:00:00 | Todos los comentarios 193 comentarios // Año IV
15 marzo 2010
En ocasiones veo falos

Lo confieso. De pequeño yo sólo veía negras en pelotas cuando me pasaban el Test de Rorschach. En las diez láminas. Incluso en la de la supuesta mariposa.

Dicho esto, en la LEY 34/1988, de 11 de noviembre, GENERAL DE PUBLICIDAD se tiene por ilícita la publicidad subliminal, pero la definición que de esta se hace es muy precisa a la par que limitada: A los efectos de esta ley, será publicidad subliminal la que mediante técnicas de producción de estímulos de intensidades fronterizas con los umbrales de los sentidos o análogas, pueda actuar sobre el publico destinatario sin ser conscientemente percibida. La ley de 1988 parece referirse exclusivamente a prácticas como el experimento LIPTON TEA en el que se intercalan unas determinadas imágenes de un producto durante un tiempo tan reducido, en el que el ojo no puede apreciar el mensaje, pero el cerebro sí.

Por lo tanto, no puede considerarse publicidad subliminal en España las imágenes que ilustran este post. Ya que todos ustedes – un rato después de dejar de mirar a los ojos de la primera moza - ven claramente frascos de perfume en las dos instántaneas. Ambas extraídas de revistas que son femeninas, feministas e incluso alguna de ellas católica. La primera es de la revista ELLLE y la segunda de TELVA. Las dos de los ejemplares de Navidad 2009.
Puede que esté enfermo, aunque tampoco es descartable que la Ley General de Publicidad sea muy mala, pero que quieren que les diga, yo no veo los frascos de perfume por ninguna parte, yo sólo veo la foto de una felación y abajo un bosque de falos.




(escrito por pangloss)

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[0] Editado por Garven a las 8:00:00 | Todos los comentarios 204 comentarios // Año IV
13 marzo 2010
¿Seguimos o no?
No es la pero sí una cuestión que se ofrece a la concurrencia. Tras poco más de tres años hemos comprobado que este blog no está nominado para los Oscar, ni siquiera en sus apartados documental de antropología, animación o gran Feature para la historia. Tampoco hemos ganado el World Blogger Championship of Online Poker, lo cual puede ser más preocupante. Es cierto que no competíamos, a pesar de que personajes y tahúres no nos faltan, pero tampoco se trata de entrar en detalles. En cambio, si se trata de conocer el interés (no sólo la opinión) por seguir o no.

Amnistía: Mientras tanto y como no hay pena ni gloria que cien años dure, pensamos que lo mejor es una amnistía. Podría empezarse por do menos daño hubo o por los últimos en bajar a la sentina, pero no habría manera de saber si fueron preventivos, residentes o mediopensionistas. Cada uno tendrá sus favoritos, y gustos y disgustos andan bien repartidos por parroquias. Así que lo mejor es que sea general para evitar discusiones bizantinas sobre quien se fue sin pagar aprovechando el último gol del partido.

Ustedes dirán.




Los operaires

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[0] Editado por Bartleby a las 9:00:00 | Todos los comentarios 157 comentarios // Año IV
12 marzo 2010
Josefa Barranco, más conocida como Laberinta (esto no es un cuento)
Josefa era aún una niña cuando llegó a Los Nardos con su madre, allá por mitad del siglo XX. En Almería el hambre azotaba sin tregua y había que emigrar a tierras menos duras. La madre de Josefa se había quedado sola con su hija al morir el hombre con el que había malvivido durante los diez últimos años. Mientras la madre servía haciendo limpiezas y recados para los ricos Josefa, jugaba sola en las acequias de riego chapoteando agua y barro. A la escuela no iba. Vestida de andrajos no creía la madre que pudiera juntarse con otras niñas. Pasó una infancia miserable y a la postre quedó huérfana también de madre, cuando tenía algo más de quince años. Un verano conoció a uno de tantos andarríos como llegaban a Los Nardos todos los años, atraídos por la zafra azucarera. El tracoma ya le asomaba a los ojos a Josefa dándole a la cara esa mirada enferma y sombría que tanto destacaba en su torturado rostro. Pero a su amigo no le importaba. Ella era joven y él necesitaba hembra. Así que terminaron emparejándose. Romualdo, que así se llamaba el amante de Josefa, decidió quedarse en Los Nardos y se hizo una choza a la vera de la vereda de carne, lindando con el limonar de Las Motillas, propiedad del Conde de Urbina, que también lo era de Las Altas Torres.

Josefa, que sería fea y enferma pero era también muy cristiana, no quería vivir en pecado y aspiraba a santificar su pecaminosa relación con Romualdo casándose con él, pero Romualdo le decía una y otra vez que ya había pedido los papeles que no tenía y sin los que no le era posible matrimoniar. Pasaba el tiempo y los papeles no llegaban. Romualdo, que consiguió un trabajo en la Azucarera, ya era uno más entre tantos forasteros que se habían quedado a vivir en Los Nardos. Sólo le faltaba tener un mote y pronto lo tuvo. En la fábrica dieron en llamarle Laberinto, tal vez porque su vida era eso, un intringulado laberinto: no se sabía de donde venía, ni qué había hecho hasta entonces, ni cómo se apellidaba, ni qué edad tenía.


Un buen día Laberinto enfermó de una enfermedad sin remedio y murió en su choza ante la perplejidad de Josefa. Como la choza estaba en el término de un municipio cuya capital distaba varias leguas, al otro lado del río Grande, el cadáver de Laberinto estuvo insepulto varios días por falta de papeles y de recursos para enterrarlo en el cementerio que le pertenecía. La vida de Laberinto respondió a su mote hasta después de muerto.

Por fin salió el pobre féretro de la choza con los malolientes restos de Laberinto y, a bordo de un carro hacia el lejano cementerio que le correspondía, pasó el río en la barca de maromas para ser enterrado en la zona destinada a los pobres de solemnidad. Josefa volvió a Los Nardos donde le esperaba la choza, el heredado mote de Laberinta y la más atroz de las miserias, adobada con un tracoma ya en fase muy avanzada. Laberinta se ganó la poca vida que tenía recogiendo aceitunas después del vareo, robando limones de la finca de Las Motillas que lindaba con su choza y limosneando por Los Nardos cuando no tenía otra cosa.

El tracoma la dejó casi ciega y algunos vecinos piadosos solicitaron que le dieran los cupones. Vendiendo cupones Laberinta mejoró a ojos vista. Seguía siendo como un espantajo y mirando sin mirar, como al bies, pero se vistió con algo más de decencia y se mandó hacer una casita de ladrillo donde antes había estado la mísera choza que hiciera su difunto. La Laberinta mejoró tanto que hasta tuvo pretendientes entre los infaltables andarríos que todos los años llegaban a la zafra de Los Nardos. Debió amistar con más de uno y uno de ellos la dejó preñada sin querer. Laberinta quedó también, además de preñada, desolada. Algo tenía que hacer pero no sabía qué. Veía que un futuro negro se abría ante ella: temía, y con razón, que le quitaran los cupones si se descubría el desliz y que con ello volviera de nuevo a la miseria. Una noche de angustia se decidió. Con un pincho de atizar el fuego abrió sus entrañas y echó fuera al intruso, a aquel que, sin llamarlo, amenazaba su recién conquistado bienestar. Saltó la tapia del limonar de su vecino el señor Conde y enterró el andrajo de sus entrañas a los pies del limonero más próximo, el que derramaba sus ramas por encima de la tapia, como ofreciendo con generosidad cristiana sus frutos a los más necesitados. Pasó varios días sin salir de casa y a punto estuvo de perder no los cupones, como temía, sino la vida misma, pero milagrosamente consiguió sobrevivir gracias a la ayuda de las vecinas. Cuando mejoró, Laberinta seguía siendo igual de fea, pero pudo seguir vendiendo los cupones que le daban todos los días la suerte de vivir con cierta dignidad.

En lo sucesivo, Laberinta aprendió a tomar precauciones en sus escarceos amorosos con los andarríos, por los que, en verdad, sentía una inclinación atávica tan fuerte que no era a controlar. Dicen que murió de vieja y que fue muy querida por el vecindario, al que en varias ocasiones vendió cupones premiados.

(Este texto, acompañado de una carta anónima, lo recibí poco después de que el NJ publicara la entrada “Los limones de la Laberinta” (ver NJ del 27 de octubre de 2009). La carta no da explicaciones. ¿Querrá decir mi corresponsal que aquella entrada es pura fiction y que existió una faction? Tal vez, pero quién puede saber lo que realmente quiso decir.)

(Escrito por Desdeluego)

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[0] Editado por Desdeluego a las 8:00:00 | Todos los comentarios 101 comentarios // Año IV
11 marzo 2010
Productos raros y curiosos

El curioso caso del vagabundo fotógrafo. Vagabundo nada errante porque Miroslav Tichý vive la mayor parte de su vida sin salir de un pueblo de Moravia, Kyjov. En los primeros años de posguerra estudia en la Escuela de Bellas Artes de Praga, durante el breve periodo de gobierno democrático, hasta que el nuevo régimen suprime sus queridas y carnales modelos y él decide sustituir la pintura por la fotografía. Como se verá en sus fotos rasgadas adrede, con leal nostalgia. Fiel a su querencia por tomar dibujos y apuntes del natural, se va a buscar esas modelos a los parques y calles de una ciudad de provincias, sin sorpresas. Su vida de ermitaño, armado con cámaras inverosímiles fabricadas por él mismo con retales, su aspecto de mendigo cubierto de harapos, hacen que sus vecinos no puedan creer que toma fotos de verdad. Esa impunidad y su obsesión por el cuerpo de la mujer le hacen el mirón perfecto. Pasa más de treinta años alternando una vida miserable en el cuchitril atiborrado de desperdicios que le servía como laboratorio fotográfico, con temporadas en cárceles y manicomios cuando las autoridades locales necesitan embellecer el paisaje de su ciudad. A fuerza de aislamiento y desprecio olímpico por los caminos trillados del arte, terminará labrándose un destino de fama y artista consagrado a pesar de su voluntad.

Durante años se dedica a “dejar pasar el tiempo”, tirando y revelando miles de fotos, imágenes distorsionadas deliberadamente o borrosas y manchadas por la pobreza de los materiales utilizados. "Las imperfecciones forman parte de cada foto. Son su poesía y lo que le otorga cualidades pictóricas. Para eso necesitas una mala cámara", dice. Una imperfección que busca con perfecta constancia. Los fabricantes de arte terminan por descubrirlo en su guarida y le montan exposiciones en el Pompidou (2008) y, ahora, en el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York. Llegan las hagiografías. Esa avalancha sepulta su idealismo: "¿Qué es arte? El arte es sólo una idea", sigue diciendo. Hoy lo han convertido en producto de un arte tan necesitado como siempre de homologar excentricidad, aunque lo califiquen de “arte en su forma más esencial”, queriendo decir precario. Como si la pobreza fuera condición de pureza.

Pero no hay tanto misterio como parece: nunca se entregó al azar; al fin y al cabo no era un mendigo anónimo sin destino. Cuando dice "soy sólo un observador de personas, pero uno muy bueno", reconoce un objetivo perseguido de forma implacable. Sus materiales son las cámaras y carretes de deshecho, junto con sus fantasías volcadas sobre desnudos robados, vecinas en biquini tomando el sol y paisajes pacientes. Su estrategia es automática: "Cuando hago fotos no pienso en nada". Y su dedicación, estoica: "Placer es una palabra que rechazo absolutamente. ¿Cómo podría un escéptico como yo sentir placer? Descarto sentimientos tan efímeros como el placer".

La fama le llega en forma de reconocimiento artístico y con ella su perplejidad, tan llena de desprecio como de atracción: "Si quieres ser famoso tienes que hacer algo y hacerlo peor que cualquier persona del mundo entero", afirma. Él mismo se ríe de la fama, dice no interesarle pero se asombra de haberse convertido en una estrella, dice con una risa mellada. Pero su cara guarda la principal arma para asombrarse, para admirar: un mínimo de inocencia. Tichý es un hombre que saltó de un extremo al opuesto sin cambiar de naturaleza, aunque sí de ropa, en el que lo que menos importa es el producto artístico que termina en éxito. Y sus promotores son una tropa ansiosa por confundir la mirada de Tichý con un mundo borroso y roto, expuesto por tanto a la reparación y venta de esos publicistas.





(Escrito por Bartleby)

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[0] Editado por Bartleby a las 8:00:00 | Todos los comentarios 75 comentarios // Año IV
10 marzo 2010
No profanéis el sueño de los muertos
Hay que reconocer que los muertos dan mucha guerra. Miedo, lástima, respeto, cualquiera cosa que nos produce un vivo también lo produce un muerto. Hay una serie de muertos que son directamente un tostón. La izquierda hace ya veinte años que murió. Palmó un nueve de noviembre de una manera bastante tonta, por puro agotamiento. Sin embargo el fiambre, en lugar de ir hacia la luz y someterse al juicio correspondiente, pretende quedarse aquí en forma de espantajo y cadáver maloliente, cada vez más putrefacto. Como buen muerto viviente se alimenta de cualquier cosa que le sirva para mantenerse en el mundo de los vivos. Y en su afán de fagocitar no duda en tragarse cosas, que como decía el comandante Truman de Rambo, harían vomitar a una cabra. Por eso quien use la lógica en su vida no dejará de sorprenderse de las causas que abraza la izquierda, desde el ecologismo totalitario (cuyo paradigma más hortera lo refleja “Avatar”) hasta la salvación de la banca más retrógrada (cuyo paradigma más trágico lo reflejan las reacciones a la bancarrota de Lehman Brothers). Es que el muerto es muy tostón, pero al mismo tiempo muy listo, como cualquier espíritu que (no) vive emboscado en una mansión encantada. Encantada de haberse conocido, como es la población de un planeta (ya no digo un país), dispuesta a no renunciar a nada y dejarse enredar por el cadáver con su mensaje lleno de trampas, de mucho cartón piedra, demasiado, y sobre todo carísimo. Y es que el muerto es muy chulo, tan chulo que las cosas son o no son en función de si el fiambre quiere que sean. Lo que el muerto no quiere que sea no será, por mucho que tenga peso, medida y precio. Solo hay pruebas judiciales si ellos dicen que son pruebas, lo demás conspiraciones, alucinaciones o canciones.

Estas son las últimas hazañas del cadáver:

Agresiones a Rosa Diez en la UAB. El muerto no soporta, sobre todas las cosas, al que ha resucitado. Me avergüenza ser profesor de esta casa (hace mucho tiempo ya), una Universidad que cada día huele más a las contaminadas rieras que la rodean y atraviesan.

Debates en TV3 dónde sólo hablan independentistas. Televisión pública que da voz gratis a una parte minoritaria.

Defensa de la dictadura totalitaria cubana, con altavoces mediáticos que se permiten el lujo de comparar la situación en las cárceles cubanas con las cárceles francesas. Y el moderador (de CNN+) con cara de póquer.

Debate del tema de los toros, dónde se les ofrece el mismo peso a los que están a favor y en contra. Poco importa que los antitaurinos (ojo, un etarra era un destacado miembro del partido antitaurino -así que cada uno sepa con quien se alía-) sean una minoría, su voz se oirá más que la de los que presentaron la iniciativa popular sobre la lengua en la educación (y que sus señorías echaron a patadas)

Campaña en defensa de un juez que tiene tres querellas admitidas a trámite por el Tribunal Supremo (casi nada). Además sin ningún tipo de rubor con miembros de la administración socialista haciéndole la pelota.

Aprobación de una ley (con ayuda de la derecha carca nacionalista católica) que otorga el derecho a matar a la descendencia en estado de gestación.

Consolidación del robo como ideología política. Es inmoral que una mayoría decida que hay que quitar el fruto del esfuerzo de una minoría para pagar la factura de los desmanes del muerto.

Oposición de “pixapins” contra la instalación de un mal denominado “ cementerio nuclear”. La causa, según uno de los muertos más relevantes de este país, la falta de consenso; que traducido al lenguaje mortal significa “porque yo que soy superior al resto de los mortales he decidido que los paletos de Ascó no pueden decidir nada”.

¡Ay Venezuela! Con el muerto más plasta que ha pisado el planeta, y que más gracia hace al resto. País que sólo exporta misses universo y petróleo de mala calidad, que da el tostón un día sí y otro también. Además de colaborar con al menos dos organizaciones terroristas y tener a su país en la degradación absoluta, se permite el lujo de insultar a media España. Por cierto, nuestro presidente callado como una tumba (¡claro este es otro muerto más!) pues se mete con el contrario (¡que fácil meterse con viejas beatas y embriones!). Una muerta que tiene un espacio en una radio comercial le preguntaba a otro cadáver por qué subía la inflación en Venezuela. La respuesta era idiota, poco importaba que se hubiera devaluado la moneda el 100%, lo importante era que una cadena de distribución francesa había sido expropiada por subir los precios (esas cosas tiene el cumplir las obligaciones). Y al final, el problema era que en Venezuela no llovía.

La crisis. Una especie de mal bíblico del que resulta que nadie es culpable (salvo Dios y el viento). Pero la crisis es como los divorcios, la culpabilidad poco importa. Hay que solucionar la situación, pero el muerto ha decidido que nadie lo pague (total él está muerto que más le da). Gran estrategia (que busca sólo que al final se coja un papel con capullo a modo de flor mortuoria en un momento dado) que hundirá el país, pero todos contentos escuchando a esa gran orquesta del Titánic que se han convertido los mass media y otros subvencionados del país.

Este elenco es sólo de hace un par de semanas. Hasta final de año puede haber otra lista más amplia del fiambre. A ver si un día va hacia la luz y descansa en paz. Así podremos descansar de una vez por todas.




Coda: Ha ganado la magnífica película “En tierra hostil”. Una alegoría de lo que hoy es el mundo, una tierra hostil para inadaptados que por mucho que quieran desengancharse son adictos a este mundo, pero que pasan por suicidas para el resto de los mortales.

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[0] Editado por Schultz a las 8:00:00 | Todos los comentarios 102 comentarios // Año IV
09 marzo 2010
Curiosidades
1



Adivinen lo que me ha llamado la atención…


2

Parece ser que en los mataderos se suele extraer toda la sangre de los animales allí sacrificados. Así que la carne que ingerimos es básicamente tejido muscular. El tono rojo-sangre que rezuman algunas porciones cocinadas es mioglobina (proteína parecida a la hemoglobina) que resulta igualmente siniestro.


3

No creo en absoluto que la aeronáutica entre nunca en juego para modificar de manera importante los medios de transporte. (H.G. Wells, “Anticipación”, 1902)

-¿Cómo os atrevéis a engañarnos con trucos de ventrílocuo?
(Jean Bouillaud, físico, cogiendo por el cuello al físico Du Moncel cuando éste presentaba el fonógrafo de Edison.)

“Anna Karenina”, de Tolstoi es basura sentimental. (El Correo de Odessa, 1877)

Lo sentimos, Señor Kipling pero no tiene ni idea de cómo usar la lengua inglesa. (Diario San Francisco Examiner, 1899, rechazando un manuscrito del escritor.)

De aquí a cien años la historia de la literatura francesa mencionará a Baudelaire como una simple curiosidad. (Emile Zola, 1857)


4

Love is a name,
Sex is a game.
Forget the name,
Play the game.


(by Goslum)

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[0] Editado por Bartleby a las 8:00:00 | Todos los comentarios 109 comentarios // Año IV
08 marzo 2010
Con trolls

Mi amigo Charli llegó a William Borroughs a través de las apasionadas recomendaciones de Rosa Montero, toda una fan. Del batiburrillo yonki a Charli le interesó la teoría, esbozada en un inusual registro de aparente rigor y meditación, según la cual la derecha internacional y policial había resuelto controlar la droga del mundo. La Razón: el peligro que ésta/s comporta/ba para el sistema, su presumible acción sobre los individuos como liberadora de un hábito capitalista inducido por vía conductista (muy actual: ver preguntas de los lectores de Público a William Toledo).

"Er sistema e otra droga", pensó mi amigo Aurelio, resuelto entonces a experimentar la teoría de Burroughs. Como mi amigo Santi ya se bebía lo suyo cada día y no le había dado por revolverse contra la estructura desde dentro, entendió que la fórmula precisaba de otro estupefaciente.

'Por prescripción médica se tiró a las paranoias de la coca/

pero de ahí mi amigo Benny apenas sacó heridas en la boca'

, una afonía y pajas retardadas.

De modo que mi amigo Gumersindo probó entonces con la marihuana, adquirida en una herboristería. Esta vez sí ‘empirizó’, mi amigo Silvio, pues que se puso a leer El Mundo y donde antes desestimaba una caprichosa relación entre hechos ahora descubrió un encaje incontrovertible. Le bastó leer el titular y su asociación excedió en contenido y profundidad al sumario de Bermúdez.

Para cuando intentó leer la primera línea del artículo, mi amigo Argimiro tenía en la cabeza demasiado material pendiente por anotar. De modo que mi amigo Tomás fue a buscar un boli. Entonces, al levantar la vista de las esclarecedoras letras, mi amigo Fernandisco vio un McDonald’s y tuvo que entrar y pedir tres menús y de nuevo entonces, esperando que le sirvieran, mi amigo Claudio se espantó porque las brillantes teorías que había desarrollado a raíz del clarividente titular no aparecían.

Y estaba cerca de rescatarlas, mi amigo M.A., ya con la tercera hamburguesa en la boca, pero interfirió una aún más brillante teoría sobre el elemento pepinillo como Aleph del contubernio con que McDonald's dirige las conciencias occidentales y entonces le entró sueño, o el sueño entró en él, y fue a dormir.

Al despertar desmemoriado, mi amigo Rodrigo entendió su fracaso y decidió probar con la heroína, que le facilitaron en un centro de salud junto a un litro de metadona para la quincena siguiente. Ya colocado, mi amigo Tennessee no pensó en nada. Bueno sí, pensó en 1984 y en el empleo del dolor como anulador de la voluntad. Mi amigo Torcuato se sentía en el extremo contrario, la voluntad esclavizada por el placer. La improductividad en la punta de un Manolo Blanick de esos, reflexionó mi amigo Davor. Y entonces durmió. Sueñan los yonkis con William Tell(edo).

La Gaceta se anuncia con El orgullo de ser de derechas. Por un lado, la apropiación del vocablo reivindicativo de los gays, lo cual parecería denotar una saludable transversalidad. Pero enseguida los caracteres, con los toros y un cigarrillo en el bar como estandartes del genotipo. Cuando vi este anuncio por primera vez me pareció ideado por el enemigo. A este alegato del estereotipo, de la simpleza, sólo le falta Torrente.

¿Tiene base el neoclasismo "la derecha de la derecha"? La anterior legislatura fue un desastre gubernamental por orbitar en torno al estatuto y el fiasco del plan de paz. Y un desastre para la oposición por un antitodo que la sececionó del debate. Aún padece ese aislamiento, pero gradualmente, y basta la inercia con que se desacredita el Gobierno, adquiere la pole para las próximas elecciones en tanto que sale del aislamiento. Este camino es condenado por quienes jalean el antitodo. El enemigo. Los torrentes puestos de setas y anhelando el control.


(Escrito por Sickofitall)

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[0] Editado por Garven a las 8:00:00 | Todos los comentarios 71 comentarios // Año IV
07 marzo 2010
¿Qué vamos a hacer?

Lo que más me inquieta es que en España todos se preguntan ¿qué va a pasar? pero casi nadie se pregunta: ¿qué vamos a hacer? Quizás hoy el profesor Marías hubiese matizado su celebrada reflexión. Es desalentador, por supuesto, que casi nadie se pregunte qué vamos a hacer, pero me atrevería a añadir que, tratándose de españoles, lo realmente inquietante es que algunos sí se lo pregunten. Un servidor, paciente partidario de la república, observa asombrado como los mismos que convirtieron en dogma el papel arbitral y moderador de la Monarquía comienzan ahora a hacerse la pregunta con la excitación y la urgencia propias de un país en llamas: ¿qué vamos a hacer con el Rey? No hablo, claro, de quienes ya se lo cuestionaban hace tiempo, desde el principio y desde los principios, porque éstos en alguna medida han contado siempre con la respuesta. Tampoco, por cierto, de esa especie de antijuancarlismo no menos sobrevenido, perfilado con matices rosas y amarillentos en torno a la convicción de que el Rey guarda secretos y fortunas inconfesables cuya existencia supone un grave problema potencial para el Estado, cuando la triste e indiscutible realidad es que, aun contemplando la posibilidad de que quienes así hablan estén en lo cierto, cualquier corrupto alcalde de pueblo es mucho más dañino en una monarquía parlamentaria que un rey golfo, rico o irresponsable. A los afiliados a tal conjetura suele reconocérselos por algunos detalles pintorescos: como chisperos y manolas celosos de su indumentaria o agraviados afectos al Archiduque, usan invariablemente la expresión "el Borbón" para referirse al Monarca, o bien consideran a quienes no comparten su fascinación por el lado oscuro como incautos compradores de mercancía averiada, en el mejor de los casos.

Además de condescendiente republicano, un servidor es también discretamente partidario de la descentralización, del federalismo asimétrico y de la lucha contra el alzheimer. Desde este punto de vista, resulta no menos extraordinario que sea precisamente ahora, en el momento en que Galicia, Euskadi y Cataluña están gobernadas por -pongan todos los matices que deseen- partidos no nacionalistas y el terrorismo independentista se encuentra contra las cuerdas, cuando algunos se plantean como perentoria e inaplazable otra pregunta de máximos: ¿qué vamos a hacer con el Estado de las Autonomías? Es ya vieja cuestión, de manera que lo realmente novedoso en este caso es la auto respuesta: conceder aquello que sólo una minoría, estridente en casi todos los casos y criminal en algunos de ellos, viene solicitando frente a los deseos de la mayoría.

Inclinado por tanto hacia la república federal, uno se siente en medio de esta vorágine de inquietos partidarios de la acción directa e inmediata como víctima de una inesperado e insólito sorpasso a la española. Dejando ahora a un lado a quienes se guían únicamente por la efervescencia juvenil o el más genuino de los aburrimientos, podría concluirse que los recientes antimonárquicos están lejos en realidad de pretender colarse en la fila, porque su reivindicación tiene que ver únicamente con el oportunismo político y la falta de escrúpulos. Si no he entendido mal, este apasionado fervor neo-republicano se fundamenta, básicamente, en el inexplicable hecho de que el Monarca se haya abstenido hasta ahora de promover un golpe palaciego o encabezar una revuelta militar que desaloje a Rodríguez Zapatero de la Moncloa. Es de esperar, por tanto, que la institución recupere su vieja consideración de ingrediente estabilizante, conservante y edulcorante en cuanto Esperanza Aguirre gane las elecciones generales. Insisto, no obstante, en que tal vez mi compresión de los argumentos ha sido insuficiente: no suelo escuchar la radio y acepto por consiguiente cualquier precisión en ese sentido.

Me preocupan mucho más, desde luego, los convencidos de que ha llegado el momento de solucionar ya y de una vez por todas el asunto autonómico. Estos sí me han rebasado limpiamente y a toda velocidad, aunque no sabría decir si lo han hecho por la izquierda o por la derecha ni tampoco esto parece relevante. Olo, nuestro Olo, para qué acudir a otros más celebrados pero también más lejanos -aunque al parecer también él ahora lo está bastante- y sobre todo menos dotados, se arrancaba desde este mismo speaker's corner hace un par de semanas con una especie de arrebato antiorteguiano, considerando llegado el momento de intervenir quirúrgicamente, nada menos que con el objetivo de refundar el Estado sobre una nueva constitución que reconozca el derecho a celebrar referendos vinculantes por la independencia en aquellas comunidades autónomas que así lo deseen. Añadía que esto es lo que en su opinión sería realmente democrático. Aprovecho para saludarle desde su querida patria y desearle la mayor de las venturas en su nuevo camino personal y el mayor de los fracasos como cronista político. Los jóvenes partidarios de la República Federal Española -mi amigo Ignacio y yo- gustamos de las largas sobremesas y somos contrarios al estado autonómico actual, pero lo somos aún más al reconocimiento efectivo del derecho de autodeterminación de las regiones o a fórmula alguna que implique desplazar la soberanía de su legítimo titular, el conjunto de los ciudadanos españoles, en dirección a alguno de sus subconjuntos o cualquier otra instancia.

Si unos y otros, los irascibles neo-antimonárquicos de ocasión y los exhaustos y desmoralizados neo-independentistas siguen preguntándose qué vamos a hacer, Ignacio y yo, que también desearíamos preguntárnoslo, no tendremos más remedio que pedir otra copa y otro puro y resignarnos a integrar el angustiado coro del qué va a pasar. Dándole un giro a las palabras del profesor Marías, quizá podríamos también intentar invitar a los excitables y a los derrotistas a, por una vez, no hacerse preguntas. Es sólo una idea, de modo que no se solivianten ni se me vengan abajo.

(Escrito por Gibarian)

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