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30 junio 2008
La tisis puede ser curada
En posguerra proliferaban en prensa y radio los anuncios de salvación. Uno de ellos rezaba así de rotundo: La tisis puede ser curada. Por supuesto, no ofrecía ningún remedio solvente más allá de unas cataplasmas de mentol pero prometía algo mucho más valioso, esperanza. No consuelo, sino el optimismo de la esperanza, que es lo propio de una sociedad con ganas de cambiar. La esperanza era el salvoconducto necesario para el progreso por venir, aunque éste no lo viera ya el tísico pero sí lo disfrutaran sus paisanos, que eran los verdaderos destinatarios de la publicidad. La publicidad de la escasez siempre ha ido asociada al riesgo y a la promesa de un futuro mejor. Durante la Gran Depresión una funeraria se anunciaba, con pompa vital: ¿Para qué vivir cuando por 30$ podemos hacerle un entierro magnífico? Aquí entraba en juego el compromiso de servicio y la atención al cliente típicos de la moral anglosajona. El cliente exigía a cambio de su dinero y tiempo empleados y en los años 80 un londinense demandó a la compañía del gas porque falló el suministro cuando iba a suicidarse. La utilidad como sinónimo de felicidad. Los anuncios ofrecen felicidad y hasta las leyes de países con buenas credenciales totalitarias obligan a dar noticias felices. Pero cuando se supera la miseria y la sociedad se estanca en un presente continuo de opulencia, como la actual, la publicidad ha de vender los bienes más escasos, que son acción, valores y distinción. Acción en Cuatro, que promociona su Eurocopa con un dinámico Podemos encarnado por futbolistas matrix que se muestran todopoderosos ante la amenaza de las máquinas infernales. Y valores en los bancos, por supuesto, que siempre han sido la vanguardia de su privatización: el programa de Acción Social de Bankinter proclama que Somos distintos, para que todos seamos iguales (y recibió el "Premio Empresa y Sociedad 2006" en la modalidad de "Mejor Acción Social apoyada en Productos y Servicios”, entregado por SS.AA.RR. los Príncipes y aplaudido por las ONGs allí presentes). El anuncio añadía el subtítulo, vergonzante y un poco innecesario, porque para Bankinter, la capacidad de una persona no la marca su discapacidad. El mutilado pasaba de caballero con reserva de asiento en el metro y medalla de respeto en el pecho a excusa de asiento contable y producto publicitario del brazo financiero del Estado.

Sin embargo, la publicidad, como la novela, mantiene unas constantes por encima de las épocas de necesidad, abundancia o acumulación de ajuar social, como fueron los 60: la felicidad y el desafío al conformismo con que Zanussi anunciaba su nueva lavadora automática. Ambos rasgos fabrican un mundo de ficción que demuestra que la publicidad no es sólo un género literario sino también artístico.


Los anuncios de la tisis, el entierro y el suceso del gas revelaban hechos cotidianos, atendían situaciones personales y ofrecían compromisos de las respectivas empresas para solucionarlas. Su mensaje era literario cuando el soporte, prensa y radio, no daba más de sí, hasta que el invento de la televisión hizo que saltara a la imagen y el de los actuales medios de comunicación instantáneos, teléfono móvil e internet, al color como principal impacto. Curiosamente, a medida que desaparece el analfabetismo oficial se vuelve a los métodos visuales de la Edad Media para ilustrar al pueblo y ser eficaz en el mensaje. No es una paradoja, puesto que se busca la simplificación en una sociedad confusa y, de paso, la simplicidad del cliente.

Con el color como verdadero producto, más allá de su anuncio, se reconstruyen y apropian patrias que se escondían por vergüenza hasta hace un suspiro, La Roja, y se conquistan plazas públicas antes ocupadas por el enemigo: Plaza de Colón – Zona Cuatro. O se fundan partidos políticos que fían el conocimiento y éxito de público a colores llamativos y aún no ocupados por sus rivales. La ampliación del negocio que se pretende con la venta de un producto nuevo -aunque de género viejo- a través de un color ya fue bautizada por Goethe como tendencia a la universalidad. En prosa, ocupación de mercado. La teoría de los colores de Goethe se acerca más a la identidad que lo moderno persigue entre el fenómeno que se quiere vender y su percepción por el potencial cliente: “Cuando el ojo ve un color se excita inmediatamente, y ésta es su naturaleza, espontánea y de necesidad, producir otra en la que el color original comprende la escala cromática entera. Un único color excita, mediante una sensación específica, la tendencia a la universalidad. En esto reside la ley fundamental de toda armonía de los colores...” (Teoría de los colores).

Qué afán por distinguirse para ser iguales cuando ya eran iguales sin necesidad de ser condecorados con la distinción.

(Edward Burtynsky, Cadena de montaje en una fábrica china)

(Escrito por Bartleby)

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29 junio 2008
El tiempo de la seguridad

Los primeros años del siglo veinte nos dejaron una intensa ebullición de ideas, de hombres geniales, y a la vez una tremenda convulsión social, los mayores avances científicos y artísticos y las mayores debacles de la humanidad. Acertar a relacionar todo ello en su justa medida se me antoja complicado, prefiero acudir a pequeños detalles, anécdotas nimias, de las que no podemos sacar grandes conclusiones, pero quizás sí material para seguir buscando.

Tengo para mí que Stefan Zweig representa poco menos que el paradigma de una pugna, contradictoria pero típica, de los hombres de esa época: el ansia de romper con lo conocido y abrir nuevos caminos contra la tentación de la comodidad, de lo confortable.

Cuando hacia 1940 escribe sus memorias, da al primer capítulo un título significativo: “El mundo de la seguridad”. Zweig se lamenta amargamente de las convulsiones que ha tenido que vivir, por contraposición al tranquilo pasado de sus padres y abuelos. Podría pensarse que estamos, simplemente, ante el manido lamento de alguien apegado a la tradición, pero la cosa no es tan sencilla. Casi inmediatamente, el autor relata su infancia y adolescencia explicando el afán de libertad de su generación, ahogada en los rígidos convencionalismos sociales de la época.

Esta disyuntiva se repite una y otra vez, el escritor vienés recrea la ciudad imperial, su perfecta estratificación social, pero a la vez narra los irrefrenables deseos de aventura de sus coetáneos, que no caían en la cuenta, nos dice, de que “los cambios que se producían en el campo de lo estético no eran sino vibraciones y síntomas de otros, de un alcance mucho mayor, que habían de conmocionar y, finalmente, destruir el mundo de nuestros padres, el mundo de la seguridad.”

En ese ámbito de lo estético la mayor revolución de aquella época la produjo el surrealismo. Se ha dicho que tras la Primera Guerra Mundial, hubo un antes y un después en el mundo del arte, que radicó en una nueva concepción de los problemas del mundo, donde los sistemas políticos hegemónicos eran incapaces de ofrecer seguridad y bienestar.

Como reacción, Breton y sus seguidores predicaban la libertad de la imaginación, lo que dieron en llamar escritura automática, pero incluso los surrealistas necesitaban una base, un trocito de seguridad. Así, Breton, tras leer a Freud, malamente traducido, al parecer, en aquella época, siente que las ideas del nuevo genio pueden confluir con las suyas. Finalmente, consigue ser recibido por el padre del psicoanálisis. Su experiencia no pudo ser más frustrante. Freud le hace ver que “yo mismo no soy capaz de comprender qué es ni lo que quiere el surrealismo. Puede ser que yo no esté hecho para comprenderlo, yo que estoy tan alejado del arte…”

El pobre Breton volvió a Paris echando pestes del austriaco, de quien dijo despectivamente que era “un humilde anciano que recibía en su modesto gabinete de médico de barrio.”

Lo cierto es que Freud no era precisamente una persona que buscara las simpatías ajenas. En su larga relación con Zweig, por cierto, resulta llamativa la forma en que lo que en este último es rendida admiración por un hombre al que consideraba uno de los genios indiscutibles de la época, en el primero no pasa, en algunas ocasiones, de un mal disimulado desdén. En su correspondencia, el escritor insiste una y otra vez en su deseo de biografiar al genio, pero éste se resiste. “Quien se convierte en biógrafo se ve obligado a las mentiras, la ocultación, la hipocresía, al embellecimiento e incluso a disimular una comprensión deficiente, pues la verdad biográfica no puede lograrse, y si alguien la tuviera no serviría para nadie”, dice Freud, quien llegó a confundir a Stefan con otro Zweig, Arnold, aunque finalmente aceptó, vanidoso al fin y al cabo, el premio Goethe, que Zweig impulsaba.

Estas relaciones entrecruzadas entre grandes del arte y la ciencia son una fuente constante de curiosos malentendidos: Breton admira a Freud, quien sin embargo no entiende el surrealismo. Zweig admira a Freud, por su valor moral, por su búsqueda a toda costa de la verdad, pero, sin embargo, sigue confiando en el hombre, frente al pesimismo irreductible de su amigo. Freud, por su parte, no acaba de verse bien reflejado por el escritor, que se centra en la importancia de su comportamiento, más que en la aceptación de su terapéutica, pero acepta su amistad.

Otro genio de la época busca también su basamento: nuestro Salvador Dalí también ha leído a Freud y, como Breton, busca su bendición, el asidero científico para su teoría de la paranoia como método creativo. Hasta tres veces viaja para visitarle y otras tantas vuelve de vacío. Finalmente, averigua que está en Londres y se dirige allí, en contra de la opinión de Breton, ya escaldado del asunto y del propio Dalí, a quien el francés acabará “expulsando” del surrealismo, algo que al bueno de Don Salvador se le antojó imposible (el surrealismo soy yo, dijo).

Curiosamente, Dalí recurre a Edward James y Zweig para conseguir que Freud le reciba. El gran hombre está ya muy enfermo, apenas le queda un año de vida, pero conserva su entereza. La escena es fenomenal: Dalí lleva uno de sus cuadros, Metamorfosis de Narciso y una revista en la que habla de su método. Intenta explicarse, pero según el mismo pintor catalán Freud no se molesta en contestarle y se limita a hablar con Zweig, aunque mantiene su mirada fija en el pintor, que al mismo tiempo retrata a su interlocutor. Zweig, a un lado, observa la escena, que culmina con una exclamación de Freud, dirigida al otro vienés de la sala: “Nunca vi ejemplo más completo de español. ¡Qué fanático!”

Dalí contará más tarde que volvió completamente apesadumbrado, convencido de que no había logrado interesar en lo más mínimo a su anfitrión de aquella tarde.

Es difícil saber hasta qué punto la frustración del pintor le llevó a renegar del psicoanálisis a favor de la física cuántica. Hay quien dice que Dalí era un hombre muy interesado en la ciencia, hay quien piensa que cuando se adhería a las distintas corrientes que florecían sólo buscaba notoriedad y lucimiento. En todo caso su frase ha pasado a la posteridad: “Mi padre ya no es Freud, sino Heisenberg.”, dice. De la búsqueda de la seguridad a la búsqueda de la incertidumbre, quizá.

No es menos cierto, sin embargo, que su ruptura con Freud suena más a despecho que a otra cosa. Al poco tiempo, se encontró con Zweig en Estados Unidos (quien había pronunciado unas palabras en el funeral de aquél) y le preguntó qué le había parecido al genio el dibujo en que lo había retratado durante su visita. Zweig contestó con evasivas, de forma poco concreta, asegurando que le había gustado.

De América del Norte Zweig viajó a Brasil, acompañado de su segunda esposa. Allí, algún tiempo después, tras redactar sus memorias, desolado por las noticias del avance de Hitler, se quitó la vida en un pacto de suicidio con su mujer. Esta muerte tampoco deja de resultar contradictoria, en cierto modo: el hombre redacta cartas, se despide, lo prepara todo. El amante de la seguridad se quita la vida, un gesto que parecería impulsivo, pero que la lectura de sus cartas revela meditado. Está desazonado por la tragedia del mundo, pero guarda siempre un atisbo de optimismo.

En todo caso, si quiso encontrar algo seguro en la muerte no lo consiguió por completo, alguien manipuló los cuerpos y dejó dos instantáneas que se antojan incompatibles.

Stefan Zweig nos dejó unas cuantas novelas que sospecho que han envejecido de manera regular, alguna biografía interesante y sobre todo unas memorias que todo europeo debería leer.

Así lo hizo el propio Dalí, quien leyendo “El mundo de ayer” comprueba que Zweig le había mentido. Freud no llegó a ver el dibujo, éste representaba con toda crudeza a un hombre moribundo y el escritor no quiso que Freud lo viera. También se entera de que Freud escribió a Zweig tras la visita del pintor, diciendo de él que “Hasta ahora me inclinaba a pensar que los surrealistas, que parecen haberme elegido como santo patrón, eran unos locos absolutos (pongamos que al 95% como el alcohol). Pero el joven español, con sus ojos cándidos y fanáticos y su innegable maestría técnica, me ha sugerido otra apreciación y a reconsiderar mi opinión”.

Ni que decir tiene, que esta revelación alimenta su inagotable vanidad y lo lleva a vanagloriarse de que “sin darme cuenta dibujé la muerte terrestre de Freud, en ese retrato al carbón que hice un año antes de que muriera”.

Tres prototipos de la época: el pesimista Freud, el idealista Zweig y el ególatra Dalí. Sus vidas tuvieron mucho de tragedia, pero el tiempo arrasa con todo. Hace unos años, Terry Johnson estrenó Hysteria, dirigida por el gran John Malkovich, una revisitación, en clave cómica, de aquel encuentro en Londres. El hombre que lo hizo posible ha sido olvidado, pero algo nos queda.


(Esto es para nuestro austrohúngaro particular, traductor de portugués en sus ratos libres)


(Escrito por Schultz)

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28 junio 2008
Ensalada para un cuadro de Fragonard

Visto que la tremebunda sequía del apocalíptico Cambio Climático (CeCé para los amigos) se ha transformado en primavera lluviosa, está el campo verde y florido como hacía tiempo que no se recordaba. Pocas ganas se tienen de meterse en la cocina para guisotes, y aun menos de comidas pesadas. Lo que le pide el cuerpo al Homo Mediterraneus es apañar algo ligero y sabroso, a ser posible que se pueda meter en una tartera y disfrutarlo en algún silvático paraje de nemorosas fuentes y pastorcillos bucólicos (y rijosos como machos cabríos/ encendidas como avutardas, que lo cortés no quita lo valiente y la feromona está en el aire). Así que para disfrute de digamos dobles parejas bien avenidas en sintonía meridional pergeñaremos un avío sencillo a la par que elegante, que no desmerece de un servicio en vajilla de la Cartuja y enjuague con servilleta de hilo.

Primeramente, y según lo que encontremos en el mercado (y nuestros gusto palativos) elegiremos la carne de ave. Es fácil en este nuestro entorno de abundancia capitalista hacerse con una pechuga de pato limpia y dispuesta a ser cocinada, pero podemos probar otras volátiles: así los pichones, tan típicos de los pueblos (se suelen criar en las casas) están en Junio en un excelente momento, tiernos y bien engrasados. La perdiz también es buena opción, e incluso las codornices tan socorridas. Aves mas grandes proporcionarán piezas demasiado voluminosas de cocinar, y los pajaritos diversos demasiado trabajo para unos gramitos de carne. Grajos, palomas y otras plumíferas son correosos y necesitarán demasiada cocción, eso si no tiene un resabor a carroña propio de las especies oportunistas. Así que una vez decidida la proteína del plato (una o dos piezas por comensal según tamaño) saca las pechugas en una sola pieza con tanta habilidad como puedas y un cuchillo bien afilado. El resto del ave puedes aprovecharla retirando los muslos (para otra receta) y haciendo un consomé de la carcasa.

En una sartén bien caliente se pone un poco de aceite de oliva virgen, uno bueno, nada de grasas girasoladas o sojiguarras para fritangas. Si es posible, y dado que vamos a utilizar muy poca cantidad, buscaremos un varietal de sabor a nueces, como el de aceituna picual. Unta la sartén como decíamos, y saltea un buen puñado de nueces y una taza de bacón ahumado. Cuando se doren ligeramente, retíralos de la sartén y resérvalos.

Mezcla en otro recipiente un chorrito del mismo aceite que elegiste, dos cucharaditas de vinagre de vino tinto de los buenos (no pongas módena ni cosa parecida, solo un vinagre a ser posible orgánico, que son menos agresivos), un pellizco de tomillo fresco y un diente de ajo picadito para aromarlo, dejando que repose.

En el aceite restante que dejaste en la sartén, pon otro pellizco de tomillo fresco. Salpimenta la carne (generoso en la pimienta, cicatero en la sal) y cocina las pechugas en el juguillo restante como si fueran a la plancha, zas zas! Visto y no visto, lo justo para darle color dorado pero dejando el centro rosado. Queremos la carne salteada, no frita, así que poco aceite y mucho fuego.

Retira la carne de la sartén y bajando el fuego añade la mezcla de aceite, vinagre y demás. Deja que cueza lentamente unos minutos para combinar los sabores, disolviendo bien las esencias que quedaban en la sartén. Mientras, pon en una fuente amplia unos puñados generosos de hierbas de ensalada. Se admite simplificarnos la vida con las mezclas preparadas de ensalada de hierbas frescas, las que se dicen “alimentos de cuarta gama”, pero elige de las que tengan verdura amarga, como diente de león, rúcula o escalora. Mezcla con desparpajo la ensalada y el combinado de nueces y bacón, y añade la salsa de la sartén a manera de aliño. Revuelve con alegría, que vamos acabando.

Filetea las pechugas, disponla con primor sobre la ensalada y recoge cualquier caldillo que haya rezumado para devolverlo a la carne. Ajusta de sal si dispusieras con escamitas de sal Maldon por encima.

Si así lo sirvieres, ya tendrías un plato vistoso y apetecible. Mas si tienes el punto guasón y barroco, y de ellas dispones en confianza, esparce sobre la ensalada algunos pétalos de flores: pensamiento por su colorido, rosa aromática que embriaga, caléndula procazmente amarga, espliego sin su cabezuela leñosa, violeta sin su pedículo… Bastará un pellizco de flores que sorprenda al comensal y le haga pensar en columpios y violas de gamba.

Puedes servirlo con un Sauternes, sobre todo si lo acompañas de una tabla de quesos y foie variada, y hacer la sobremesa a modo de sátiros y ninfas correteando por el sotobosque mediterráneo y lavandulero, alabando la excelsa sabiduría del Gran Dios Pan.

(Escrito por Mandarin Goose)

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27 junio 2008
Me moría
San Juan, la noche más larga, introdujo en mí el desasosiego. El siguiente anochecer llegó un minuto antes y así será sucesivamente hasta que finalice el verano. Puede decirse que la temporada ha terminado. Y no respiraré bien hasta que esta certidumbre sea incontestable dentro de dos meses o así. Como cuando en la tarde los viernes el estómago ya se comprime sabiendo que el domingo será maléfico por la perspectiva del lunes. Una prisión en el asueto y una prisión en la ocupación, esto no hay quien lo soporte. El aire es irrespirable hoy igual que el frío reduce el alma en los inviernos. Los primeros after-shave.

En la playa, durante la noche más larga, las hogueras se estiraban hacia el cielo como goma ingrávida, y allí empezaron a dibujar mis recuerdos de otros veranos. Veranos que perduran todo el trayecto. Forman sedimentos indelebles en la memoria del corazón que a cada año que pasa refulgen con mayor dolor -el duelo nostálgico- y se avivan como las hogueras al recibir una leña y el cartón liberados de reciclaje. En Días Extraños (Kathryn Bigelow, 1995) había tráfico de recuerdos y Ralph Fiennes se torturaba visitando las horas felices. En mi madrugada calurosa desfilan por mi pantalla un puñado de amores jóvenes. Garrapatas que inyectan la absurda disyuntiva moral proponer un regreso a cambio de perder el presente. Como el argumento de una comedia juvenil de los ochenta. Loveless.

El fútbol en todas las conversaciones atiza otro rotundo golpe en la línea de flotación anímica. El acontecimiento actual remite a los anteriores y el diario evoca una, dos, tres, cuatro, cinco Eurocopas. Y los Mundiales y su coincidencia con el arranque de aquellos veranos. Tardes blancas y callejones de pueblo marino. Horizonte despejado, quién podía imaginar que habría un límite. Terraza de bar, corriendo por una cuesta, de la mano. Siempre riendo sin reparar en la relevancia trascendental, bigger than life, de esos paseos casuales. Toto Schilacci.

Lunas, ferias, fuegos artificiales. Si en Finlandia lo supieran beberían aún el doble. Y aquí, esperando a que las paredes sean pantallas o las pantallas sean paredes, uno siente que ningún objeto del mundo vale un duro. La playa es terreno febril; las orillas y sus huellas son el paraíso que no fue enseñado. No hay otro sentido, como bien sabía el camarero de Rumblefish. Así que a la hoguera las artes y los negocios. Y que el viento marino avive el fuego. Su humo y el cerco lunar forman los nombres inmemoriales. Pero justo cuando me atrevo a machacar el diccionario institucional con un Faro centenario, una voz del presente barre este maldito vendaval cósmico. Es un saludo de buenos días.

Absurdo, como desayunar helado.

(Escrito por Sickofitall)

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26 junio 2008
La víbora enroscada al cedro

-No todo es inmutable en Oriente Medio, y aún menos los grupos armados que andan partiéndose la crisma entre ellos (y de paso matando a los que pillan en medio): véase Hezbolla, que mientras le interesó fue un grupo terrorista puro y duro (muy duro, y muy por lo tapado), pero ahora está mudando de piel para aparecer como chicos serios y dar el perfil de partido político (eso si, después de machacar y asesinar a cuanto contrincante pillaron, robar la tierras y los negocios de todos los demás, aterrorizar y esclavizar a todos los musulmanes que pudieron y, en general, comportarse como bandoleros que después de poner el culo en el sillón del castillo decidieron que se acabó la rapiña. y que habría que ahorcar a rotos los condottieros para proteger a los súdbitos a los que tanto aman secularmente desde hace diez minutos y por cuya felicidad tanto han sufrido). De hecho, la población libanesa tendrá que ser persuadida que Hezbolla NO es ya una milicia radical islámica que trataría (¿cueste lo que cueste? ¡Ah, los millonarios!) de reemplazar el estado por una república teocrática islámica de serles dada la mínima oportunidad para ello. Así que los hezbollanos aprovechan cualquier resquicio para hacer campaña y probar (¡ja!) que se han (terra)transformado en un partido de verdad y no es una simple manita de pintura y maquillaje oportunista. Puesto que esto sería difícil en una tierra con una gran población cristiana y un marcado secularismo en los grupos religiosos, la integración de Hezbolla (si tal extremo fuera posible, aunque cosas mas raras y perversas se han visto) sería un proceso delicado y lleno de obstáculos, empezando por ellos mismos. Y eso que los hezbollanos se presentan en sociedad como la respuesta árabe (no solo musulmana) a la “agresión israelí contra Palestina”, usando esta idea como banderín de enganche y sin entrar en sutilezas ni dudando en cambiar la historia cuando podía ser contraproducente. Ellos, los vengadores de los pobresitos palestinos contra el malvado sionismo… Pero es que las otras sociedades de héroes (OLP, Al Fatah…) habían demostrado ser tan inútiles como una barbacoa en el infierno. Y los líderes de los países árabes que deberían haber promovido cambios en la situación palestina se quedaron haciendo cuentos de la lechera sobre como harían grandes cambios en Palestina: todo ello permitió que el Islam radical, ofrecido como la solución a la corrupción y la pasividad de los que mandaban, se hiciera un hueco en la jaima. Estos grupos islamistas ofrecen interpretaciones desaforadas y violentas, obsesionados (o quizás sólo usando a modo de herramienta) con una Yihad de exterminio de los infieles (es decir: todos lo que quedan en el espacio no-Hezbolla) y ofreciendo lo que faltaba en la sociedad que infiltraron: cohesión social, apoyo comunitario, un ideal, una esperanza grupal a través de un nihilismo individual. Justo lo que siempre ha sido la base de la estructura social en el Medio Oriente. La postura de la política exterior israelí, el deterioro de la economía de Gaza y Cisjordania en los 80, y paradójicamente la ceguera de Israel con los envíos de fondos para nutrir los grupos de Jihad Islámica y Hamas procedentes del Golfo para fundar mezquitas, clubs deportivos y centros comunitarios (quizás una cierta mala conciencia por su parte de responsabilidad, tal vez extraños juegos de ajedrez) engordaron el problema hasta que el monstruito se hizo del tamaño de un rascacielos.

-¿Pero no suena conspiranoico afirmar que los propios israelíes dieron cancha a los grupos islamistas? Claro que si uno juega al Risk, apoyar a los islamistas sutilmente para contrarrestar la influencia de los grupos laicistas como Al Fatah… qué carajo, ese mismo ha sido el movimiento básico de la política casera egipcia durante lustros, hoy le doy cuerda a los carcas para que me espanten a los opositores, mañana le acorto la rienda a los barbudos para que se queden quietecitos… la jugada salió muy cara a largo plazo; la piraña que se quedó sola en el acuario es un mujaidin suicida

-Pues ahora la piraña quiere ser dorada carpa de pecera con adorables ojos saltones. Para eso hace burbujitas de amor jurando ser seculares, libaneses y motivados por los grandes intereses sociales (será que los oteguis locales empiezan a sacar tripita como dice Montano…)

-Tienen un buen semillero en los miles de refugiados palestinos en el Líbano, movilizados e integrados en cuerpos paramilitares que les ofrece lo que no tienen fuera. Catalizados por izquierdistas musulmanes dispersos coaligados contra las fuerzas armadas cristianas surgidas en los 70 (que se guardan muy mucho de explicar los hezbollanos porqué surgieron, claro, eso no interesa… así como que el subdesarrollo de los sectores musulmanes que tan cabreados les tenía era mas cosa de la corruptela y caciquismo local que de un plan del malvado Fu Man Chú). Cristianos y hezbollanos lucharon sin cuartel ni reglas durante 17 años, incluyendo raptos, asesinatos, coches bomba y asaltos a los sectores ajenos en razzias salvajes. El ejército libanés casi desapareció según con los años oficiales y soldados desertaban para pasarse a los paramilitares y milicias de su confesión. En este zancocho surge Hezbolla, inicialmente como un grupo de “nosotros vamos a resolverlo y para ello os vamos a traer la república islámica que es la solución definitiva”. Por importante que fuera para los mullás abjurar del materialismo laicista y ateorro, causa de todos los males, la estructura política libanesa (incluyendo lo mal que se llevan tradicionalmente chiitas y sunnitas) se lo ponía muy difícil, eso lo tenían claro.

-Así que el lema básico es la defensa del Líbano frente al invasor, y disfrazados soldaditos arrean contra objetivos civiles (probablemente porque los militares de verdad son duros de roer). Mucha marcha, mucha parafernalia, pero los métodos usados son de terrorismo puro y duro. Y lo mismo la emprenden con los occidentales que contra sus vecinos de escalera. Para los que los tienen que aguantar, más parece que Hezbolla sea la maza que la clerigalla iraní (atrapada en sus sueños teológicos y sus fracasos en la gestión) y la satrapía moderna siria (la mano izquierda de la oscuridad), con una cintilla atada al mango que pone “somos el verdaderos Islam”, usan para arrear golpes en sus apaños de equilibrios de poder, que nada tienen que ver con los palestinos ofendidos, los oprimidos libaneses o cualquier otro publicitado elemento del victimario, al que por cierto eliminarían de un soplido si dejara de serles útil.

(Escrito por Mandarin Goose)

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25 junio 2008
The black heart procession. Música del subsuelo (6)

En 1998, dos miembros del grupo de San Diego Three Mile Pilot, Pall Jenkins (co-fundador) y Tobias Nathaniel (colaborador ocasional), se encontraron en una situación idéntica: habían sido abandonados por sus respectivas novias. La depresión los unió y comenzaron a juguetear con sus sentimientos a partir de la música. Cansados del sonido rock de su banda, Toby al piano y Pall al micrófono, con la referencia del By this river de Brian Eno (del que grabaron una versión), se lanzan a terrenos más líricos y sutiles. De sus sesiones fúnebres salió un sonido que en Three Mile Pilot apenas habían practicado, que bebía de las influencias country de Jenkins y de la música clásica del siglo XX que gusta Nathaniel. Así nació The Black Heart Procession (nombre que define a la perfección su proyecto), un proyecto paralelo que se acabó convirtiendo en su principal ocupación musical.

The waiter #1

Todo comenzó con su primera versión de un tema que ha dado 5 entregas: The Waiter. Con su ritmo monótono y cansino, define lo que será el estilo del grupo. Hay que tener en cuenta que sus dos primeros discos surgieron de forma casi involuntaria; no buscaban nada concreto, sólo daban salida a sus emociones. Ya en el tercero la elaboración es más pensada y consciente, aportando, sobre todo instrumentalmente, más matices y sentidos. En su primer disco había piezas lúgubres como Stitched to my heart, y otras más melancólicas y oníricas como A heart the size of a horse.

The waiter # 2

Su música, sobre todo en sus tres primeros discos (titulados 1, 2 y Three), se muestra fúnebre y depresiva, además de someterse a estructuras rítmicas repetitivas y solemnes, como en A light so dim o en Outside the glass. Pocos grupos de los últimos 25 años he escuchado con esa capacidad para expresar el abatimiento y la postración, lo que se suele llamar ‘el vacío de la existencia’. Obsesionados con la tristeza, los desgarros del amor y la miseria de la soledad, su música tiende a lo enfermizo, y está estrechamente vinculada a lo que nos roe y hunde en lo indiferenciado. En apenas ninguna de sus canciones podemos encontrar una rendija por la que respirar.

We always knew

Sus siguientes discos no son, a mi juicio, tan inspirados. Tal vez tenga eso que ver con su divorcio del productor Ryan Hadlock (a los Joy División-New Order también creo que les afectó más la baja de su productor inicial, Martín Hannett, que la del cantante Ian Curtis). El caso es que su música, conservando sus rasgos característicos, suena más formal, más mainstream, por decirlo de alguna manera (de su cuarto disco, Amore del Tropico, A cry for love). Algo se ha perdido, aunque el nivel siga estando por encima de casi todos los grupos que suenan en las ondas (de su último disco, The spell, las canciones The letter y Not just words).

Guess I’ll forget you

Servidor los descubrió en el año 2002, gracias al amigo Fernando Llorca (gracias, Nando), que un día me habló de ellos en la UIB, concretamente de su tercer disco y de su EP A 3 song recording. Mi situación en ese momento, absolutamente subsuelítica y enfermiza, me ayudó a que estos sonidos entraran a formar parte de mi vida.

Voiture en rouge

El grupo apenas ha tocado en España, donde son unos grandes desconocidos. Espero que algún día el gran Tomeu Gomila (creador del sensacional festival Waiting for Waits) pueda llevarlos a Mallorca algún día.


(Escrito por Horrach)

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[0] Editado por Bartleby a las 8:00:00 | Todos los comentarios 275 comentarios // Año IV
24 junio 2008
Insomnidario





Oí por ahí el maravilloso futuro político que le espera a Obama «incluso si pierde». Hombre. Futuro, lo que se dice futuro tendrá si pierde. Si gana le queda ya un pasado previsible; amortizable a ocho años vista... como mucho. 2017, 56 años. Como Clinton. Bill. Un pasado hermoso.




La visita a la exposición de Sorolla y la Hispanic Society of America en el Museo de Bellas Artes de la ciudad deparó una sorpresa y no sólo la propia exposición, excepcional. Al salir ingresé en el claustro del convento de la Merced y reparé pronto en su reloj de sol. Probablemente ya lo habría visto pero no lo recordaba. Ya sí recordaré. Ocurrió que ingresé a la hora del tránsito. Allí me senté, esperé brevemente y observé. Fue la primera vez sobre un reloj de sol y la segunda vez en mi vida. El reloj de mano iba, por supuesto, a su bola y marcaba más o menos las 1423CEST.



Un teléfono móvil no da para más: pinchen, amplíen y verán con algo de dificultad la sombra vertical. El Sol transitando sobre mi cabeza.

Hace unos años lo había hecho en casa; para determinar el meridión(*), el mediodía, ahora llamado sur. Es fácil, un GPS o google que determinen la latitud y longitud del observador. Con estos datos y una página web (solar noon; seleccionen horario de middle europe y cuidado con la corrección del verano o la NOAA, seleccionen Enter lat/long, seleccionen un offset to UTC igual a -1 y seleccionen yes en el horario de verano DST para tener la hora CEST) tendremos la hora del tránsito. Un reloj sincronizado por radio frecuencia que se venden barato y reciben la señal con precisión atómica o un ordenador conectado a internet sincronizando la hora por ntp y esperamos el momento.

(*) Intuyo, Montano, que meridiano y meridión no significan más que medio día.



Esta historia de hacienda y sus borradores falsos se desmonta en una frase: «Una vecina de Madrid, que prefiere mantener el anonimato, aportó 9.015 euros a una cuenta vivienda sin que Hacienda lo reflejara en el borrador: han sido mil euros de diferencia a su favor.» Donde los sintagmas claves son una vecina de y su redundante anonimato, por si no había quedado claro. Tanto redunda que deben ser millones de casos anónimos iguales y vecinos. La anonimicidad del caso sólo puede deberse a la vergüenza de la vecina o a la ignorancia de la redactora. La vecina anónima quería recibir mil euros sin mover un dedo y sin responsabilizarse de nada. Es un ejemplo de contribuyente logse.


Ein Deutsches Post / last churrero

Herr qtyop,

Últimamente me repito bastante, así que es posible que ya hayamos hablado de este tema. Espero que me disculpe si ya lo hemos hecho. Como sabe, me interesan mucho los mapas, especialmente los mapamundi. (Hay más agua que tierra en esos mapas, tal vez a eso se deba...). Pero, a lo que iba, que me disperso. La última vez que estuve en Australia pude comprar un idinumapam algo particular porque it needn't be a Eurocentric world!. Que se lo digan a los irlandeses.

Siga con salud,


Eine Spanische Antwort /
poytq


Senoicnevnoc sal raretla rop otsug us ed somebas.

Yo mismo tengo uno de esos mapas upsidedown. Me pirran otros artículos de masas. Por ejemplo un puto reloj levógiro o counterclockwise clock. También observo con interés los artículos para zurdos. El más fascinante de todos la baraja para zurdos.

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[0] Editado por Tsevanrabtan a las 8:00:00 | Todos los comentarios 182 comentarios // Año IV
23 junio 2008
Algo que ofrecer
Tienden los rumanos a creer que nada tienen que ofrecer al mundo. Entre los civilizados, que son también los conscientes y los atormentados, se distinguen dos clases. Quienes voluntariosamente escarban en la tradición y la historia en busca de algo decente y recuperable que empuñar como bandera y los que rechazan sin contemplaciones su desgraciado destino de rumanos. Los heroicos obstinados tienen un problema de escasez e insignificancia, y sus esfuerzos están abocados a la melancolía. La felicidad de los apocalípticos pasa necesariamente por la emigración. Pero encuentra siempre el escollo de su propia trascendencia solemne, y basta un compatriota poco aseado amenizando con el acordeón su café burgués en una plaza de Madrid para arruinarles el día.

Fuera de este grupo está la masa, que es la que da fama al país en el mundo. Puede clasificarse, ambiciosamente, en abnegados trabajadores deslucidos y carne de las leyes de peligrosidad social. Los rectos grises, como los de todos los países, no tienen el menor interés. Los marginales, también como en todas partes, no son demasiado aconsejables como compañía, y acaban cansando después de la atracción romántica inicial. Pero tienen respecto de los demás una ventaja muy estimable.

A diferencia de los conscientes no tienen nada que demostrar ni se esfuerzan en justificarse o hacerse aceptar. Tampoco temen el futuro, y la despreocupación con que reciben las urgencias materiales repercute muy favorablemente en su calidad de vida.

El verano llena las calles del centro de Madrid, y estos rumanos de cuarta categoría cobran gran protagonismo armados de acordeones y trompetas. Tocan en las terrazas y reciben los gestos de desprecio y los vítores con indiferencia y escepticismo. Pasan el plato con amabilidad justa y fingida y se retiran con sus trastos en busca de otro público más generoso. A veces se paran en los bancos, beben cerveza y fuman cigarrillos relajados y joviales, mirando pasar a las chicas y gritándoles piropos de poco gusto sin esperar la respuesta. Empuñan con gusto los instrumentos y tocan para ellos una música tradicional que acompañan sonrientes moviendo los pies con grititos de jaleo. Los dejan sobre el banco y charlan con naturalidad serenos y satisfechos, y encienden otro cigarro celebrando la vida sin fundamento.

Ante el desfile de pantalones bajos y sombreros, acartonado posturero y amanerado, se ve con claridad que estos hombres tienen algo bueno que ofrecer.

(Escrito por Happel)

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22 junio 2008
Crónica austrohúngara
Poco queda del Imperio Autrohúngaro. No se ha reducido a una serie interminable de joyerías, anticuarios, bombonerías y museos de marionetas. Pero casi. Ciertamente, con la cursilería de las tiendas y la perfecta restauración de todos los edificios uno tiene la sensación de estar en un teatro en que está a punto de representarse una opereta. A esto colaboran los restaurantes, en que siempre te atenderá una muchacha vestida de tirolesa, y las tabernas, repletas de búhos disecados y cuernos que cuelgan de las paredes.

La gastronomía, si no se va a locales de lujo, como es el caso, deja mucho que desear. Si existe la posibilidad, acabas irremediablemente en un restaurante italiano, salvo que quieras que te sorprendan, por ejemplo, con una especie de pastel de cebolla coronado por dos salchichas cocidas. La gulashsuppen es otra alternativa.

Las mujeres, guapas y de apariencia sana, tienen poca propensión a usar productos de maquillaje, lo que, a mi gusto, las hace más apetecibles. Claro que el inglés no está demasiado generalizado, lo que dificulta el indispensable intercambio de ideas.

Hemos visto infinidad de castillos, cascadas, lagos, ríos, montes, glaciares, flores y prados. En fin, que todo es muy bonito, pero algo insípido.

En lo futbolísitico, desde que se retiró Krankl, no levantan cabeza, por lo que se miran la Eurocopa con un entusiasmo algo forzado. El torneo, en lo que a mi supone, me ha dado el gol de Villa en el minuto 92 contra los suecos, y la remontada de Grecia. Mal presagio para esta noche.

Y esto es, más o menos lo que se puede decir, tras un viaje de una semana y con afán simplificador, pero en este cyber de Viena no tengo espacio ni tiempo para mucho más.

.

Después de las comillas, Desierto Polaco añadió lo más importante: Espero que llegue bien y lo puedas publicar. Y que ganemos, conyo! Adéu!
.

Y el editor añade, de su cosecha, la imagen del día. Y no es la de un triste llorón ensangrentado.
¡¡Venganza!!



(Escrito por Desierto Polaco)
(Saboteado por Tsevanrabtan)

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21 junio 2008
Tosta de sardinas con aceitunas

A partir de la una de la tarde se nos está permitido sospechar de las auténticas intenciones de cualquier persona que se acerque a una casa de las llamadas decentes. Por eso cuando ayer escuché el petardeo inconfundible de la Moto Guzzi Hispania 65 de mi director espiritual, el inefable padre López, quien haciendo equilibrios en su histórico artefacto subía lenta pero decididamente por el camino de la olmeda supe que el aperitivo se alargaría.

-¿A que debemos el inusitado placer de su visita, padre?
-Hija mía, esta cuesta me va a costar un disgusto.- El padre López, tosía y se atoraba resoplando como si hubieran sido sus piernas las encargadas de superar el repecho.
-Tome asiento y descanse, padre. ¿Quiere un poco de agua para refresc…
-¿Agua, querida? ¿Pero es que quieres terminar conmigo? ¿No sabes que no se puede tomar agua inmediatamente después de haber hecho un esfuerzo físico? Agua, válgame Dios, que desvarío, Sin embargo una copita de este clarete que adorna el aparador quizás me vendría mejor, mis arterias necesitan un lubricante que disuelva los ateromas que me provocan este sofoco.

Antes de dejarme terminar la frase había descorchado con una navaja suiza convenientemente equipada una botella de PQ 2006 un Syrah con seis meses de crianza en roble francés que elaboran en Alange. Se sirvió una generosa copa, la alzó para apreciar a contraluz los reflejos del caldo y con un rápido movimiento de muñeca hizo que el vino girara con suavidad.
-¡Hummm…! No está mal…-murmuró al catarlo- aunque… ejem, necesitaría… ya sabes hija mía que ahora es delito conducir bajo los efectos del alcohol y hoy he venido motorizado, por eso -si pudiera ser- me gustaría acompañar este reconstituyente con algo que domeñe estos taninos y a la vez ayude a la asimilación de los generosos grados de este remedio sagrado. Así que si no es molestia me vas a permitir que ayude a trasegar este sabroso néctar con alguna fruslería de tu siempre bien provista por la Divina Providencia despensa.

Acto seguido se encaminó hacia los dominios de Nicanora –mi cocinera- sin esperar mi respuesta. Allí dio algunos consejos, una bendición y no menos de dos docenas de instrucciones. Poco después se presentó de nuevo en la galería cargado con medio queso de cabra añejo y blandiendo esa portentosa navaja capaz de hacer más destrozos en una despensa que el mismísimo Carpanta.

-Padre ese queso y sus ateromas…
-Calla, hija. No me atormentes más pues bastante arrepentido estoy. De todas formas, sabe hija mía que he dado instrucciones a Nicanora para que nos oficie un manjar que espera en las alforjas de mi fiel Guzzi. Algo que espero compensará este pequeño exceso que no he sabido resistir.

Como conozco sobradamente su extraordinario apetito me apresuré a abastecernos de una buena hogaza de pan candeal, pero antes de haberlo partido ya había dado buen cuenta -el muy glotón- de casi un cuarto de queso y no precisamente a palo seco pues su buena media botella de vino había igualmente trasegado en el envite. Con el inconfesado ánimo de que la conversación ralentizara la voracidad le planteé un enigma:
-¿Cómo es que nos sorprende con algo tan prodigioso como un presente no sacramentado?- Reconozco que un poco aturdida por algo tan inhabitual como ver al padre López anunciando un regalo, algo tan extraordinario inconcebible e inusual que era poco menos que un milagro.
-¿Se encuentra bien, reverendo? ¿Llamamos al médico?
-Ahórrate esa ironía, hija mía pues la sátira no es propia de una dama, sino más bien signo de socarronería, esa desconsolada habilidad de bellacos y pícaros quienes faltos de virtud han de consolarse sacando punta a su malicia.
-Disculpe vd. reverendo padre, he sufrido, como vuestra reverencia con el queso, un mal arrebato.
-No tiene importancia, hija mía: Ego te absolvo…
-Pero… me tiene sobre ascuas –interrumpí- ¿Qué manjares ha traído en su montura?
-… Sancti. Amén. Esto… pues una docena de sardinas recién traídas del puerto de Setúbal, pescadas esta misma mañana. Vengo de Elvas donde he adquirido algunos objetos para la liturgia y al pasar por el mercado que hay junto al adarve de la muralla he visto descargar el pescado. Saltaba en las cajas todavía vivo y no he podido resistirme. Con mi sueldo no he podido comprar más que unas cuantas sardinas eso sí bien gordas y lustrosas.
-¿Una docena, padre? ¿No le parece demasiado?
-Como bien sabes no son tiempos de milagros, que hoy día con cinco panes y dos peces… además, contaba con que aceptarías mi generosa invitación, pero ya veo…
Se encaminó en dirección a la cocina farfullando algo sobre quien iba a limpiar ahora las sardinas, en la confianza de que a mi edad estaría un poco más sorda de lo que en realidad estoy. Algo que más de una vez me permitió enterarme de algunos asuntos que por ligereza se susurran en mi presencia.
-No se ofenda, padre. No era mi intención y ya que va para allá dígale a Nicanora que mientras se asan las sardinas nos traiga un aperitivo.

Fue esta última palabra la que le hizo cambiar el gesto y en dos saltos cruzó el patio y volvió con una sonrisa enternecedora que alumbraba su rostro sonrosado y hacía brillar de alegría esos ojillos vivarachos y no pudo evitarlo: se relamió como un gato. No obstante, es un hombre educado y ofreció una débil resistencia, justo un gesto ni insuficiente ni desproporcionado.

Tras un aperitivo al que se le podrían aplicar una amplísima gama de adjetivos, si exceptuamos frugal, almorzamos unas tostas oficiadas con esmero por Nicanora según indicaciones del mismísimo padre López.

Tosta de Sardinas con pimientos asados y chalotas.

En primer lugar habremos de asar unos pimientos y unas chalotas, para lo que los dispondremos juntos pero no revueltos en una placa de horno (si no disponemos de cocina de leña), a mi me gusta a no demasiada temperatura, unos 120º por lo menos una hora, de todas formas el asado depende del tamaño y frescor de los asandos. Comprobad que ambos estén tiernos.

Pelaremos pimientos y chalotas y los cortaremos en tiras, los dejaremos en maceración en su jugo, con un par de dientes de ajo picados y un chorrito de aceite de oliva.

Evisceraremos un par de sardinas gordas y muy frescas por comensal, pues ya es raro que los pescateros se avengan a tales usos. Rellenamos la panza con chalota muy finamente picada y tras empaquetarlas en papel de aluminio las introducimos en el horno a 150º C durante 15 minutos.

Tostamos una buena rebanada de pan candeal por comensal, como de un dedo o dos de ancha y con cuidado abrimos los papillotes de sardina (queman) y separamos la carne de la espina (se desprende sin esfuerzo). Untamos el pan con un diente de ajo crudo, ponemos una capa de pimientos asados y encima las sardinas, después las chalotas asadas y adornamos con unas aceitunas negras (cacereñas) cortadas en rodajitas, un buen chorro de aceite de oliva y os garantizo momentos de placer inolvidables. Hay que comerlas muy calientes, así que si hace falta un poco de horno, pues se le da.

Un tinto joven, bien despachado de taninos acompañará bien al igual que un plato de aceitunas machadas.

También podríamos haber hecho un sorbete de ballotine de sardinas con ensalada de sus huevas y caviar de algas confitadas con espuma de almejas pero Nicanora utilizó el nitrógeno líquido para quitar unas verrugas al padre López a quien las espumas producen aires.

(Escrito por Tía Concha)

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20 junio 2008
La Cospe

(Dedicado a un primo del Richal, que una vez me dijo: Tienes que escribir algo sobre Cospedal.)

¿Leerá Rajoy este blog? No, claro. Estoy seguro de que don Mariano no visita blogs y si alguna vez ha escuchado el anglicismo, ha pensado en el famoso cuaderno (o bloc) azul de Aznar, ése donde tenía perfectamente diseñado todo el organigrama, con nombres y apellidos, de su futuro gobierno. Pero no me negarán ustedes que la (s)elección de María Dolores de Cospedal como Secretaria General del partido ya estaba sugerida en mi post “Gestionar la derrota”, escrito el mismo día de las últimas elecciones generales. Algún avispado comentarista podrá extrañarse de un hecho que los más aventajados ya conocían –con seguridad– desde hace cinco días. No puede haber extrañeza y una detenida, holmesiana labor de inducción-deducción habría dado con la persona rápidamente.

Veamos. ¿De qué sector del PP han venido en las últimas semanas las críticas más envenenadas hacia Rajoy? ¿A qué figura del partido apoya la prensa levantisca? ¿Quién cuenta con una buena imagen (aunque no tanto como ella cree) dentro de la militancia popular? La respuesta es, claro está, Esperanza Aguirre. Por lo tanto, era estratégico para Rajoy situar en la Secretaría general a alguna persona no exactamente del sector esperancista (eso cantaría demasiado) pero sí bien relacionada con el mismo. Esta es la primera pata del banco.

La segunda, no es menos importante de cara al futuro. El PP necesita ganar poder en determinadas autonomías, históricamente fieles al PSOE al menos en las elecciones regionales. Me refiero, claro está, a Extremadura, Andalucía y Castilla-La Mancha. Ni Valencia, ni Murcia, ni Castilla-León ni Navarra van a darle al PP más de lo que ya le dan. Nuevos viveros. Nuevos yacimientos. Además, en Castilla-La Mancha ya no está Bono, el que ganaba por goleadas inimaginables. Si le logra que la candidata tenga más presencia mediática, más conocimiento popular, al fin y al cabo, se está amasando la argamasa que mañana podrá sostener la victoria electoral. Que un candidato meramente regional aparezca diariamente (o casi) en las televisiones nacionales es, no lo duden, un desideratum para cualquier partido político.

La tercera (y el banco ya sería estable pues sus apoyos delimitarían un plano) es contar con una persona experta en operaciones quirúrgicas delicadas, en finas limpiezas de cutis que esconden, en el fondo, un importante y favorecedor estirado de músculos y piel. No es por estética por lo que se renueva un partido, claro. Pero hay que saberlo hacer. Hay que tener mano izquierda, poner puentes de plata a los enemigos que huyen y buscar canonjías y prebendas para los que quieran retirarse, no vaya a ser que piensen que, en realidad, los están echando lisa y llanamente. Algo así está pasando, afortunadamente, en el PP castellano-manchego. Y Rajoy, claro, lo sabe. Y lo apoya. Y quizás quiera (¡deba!) hacerlo, igualmente, a escala nacional.

Por último, el elegido debe de ser demostradamente fiel a Rajoy y, miel sobre hojuelas, no vinculado con los “poderes emergentes” del partido, Camps y Gallardón, amén de tener una imagen acorde con los tiempos: relativamente joven, escasamente meapilas, sugerentemente fotogénica. Marketing, en fin, que nunca sobra.

Y ahora, la pregunta del leuro: ¿quién es el banco que junta estas cuatro patas? Pues está claro: Maria Dolores de Cospedal. No era una deducción tan difícil, como ven. Aunque a algunos parezca extrañarles.

(Escrito por Protactínio)

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19 junio 2008
GASTRONOMÍA ARGENTINA II: Pizzerías
En Buenos Aires hay locales donde expenden una variante norteamericana de la pizza napolitana, llamada “hawaiana”, con ananá. Reconozco que es aceptable. Hay también “pizzerías” donde preparan una variedad “a la italiana” y hasta se pueden encontrar locales donde ofrecen la “pizza india” o “uttapam”. Aclaro: pizza india, de la India. Con sólo verla dan ganas de vomitar: parece cruda. Para que tengan idea del fenómeno porteño: en Buenos Aires hay más de cuatro mil pizzerías, no hay lugar, pobre o sofisticado, que no tenga una pizzería cercana. Sin embargo les digo que hay que huir de gran parte de esos lugares si es que se quiere comer el típico plato porteño (¡argentino!).

Sin embargo debo reconocer que no han sido los argentinos quienes desarrollaron la pizza napolitana. Fundamentalmente fueron los inmigrantes gallegos, que se hicieron cargo desde hace más de cien años de los principales locales gastronómicos de Buenos Aires. Quedan aún esos viejos gallegos, como los dueños de El Nido, una pizzería que queda frente a la Aduana. Para mí es la mejor de todas las pizzerías de Buenos Aires. Es media masa, con una mosarela como no hay otra. La masa es crocante por abajo y semiblanda por arriba. Le ponen chimichurri o algo raro que te mata. Es algo de otro mundo. Lástima que con toda la mierda de la remodelación de Puerto Madero ahora la pizzería se esta viniendo abajo. Y los gallegos no la cuidan porque están viejos. ¡Qué pena! Les cuento que por ahí anduvimos con Arcadi y su mujer.

Otra pizzería que está casi al nivel de El Nido es "Los tres ases". Queda en Sarandí, partido de Avellaneda, en lo que se llama el “Gran Buenos Aires”. En la avenida Mitre debajo del puente de la estación Sarandí, a pocas cuadras del estadio de fútbol del Club Arsenal. La pizza, obviamente, es al molde (no “a la piedra”), sale del horno a leña, tiene una musarela que es un orgasmo y chorrea aceite por todos lados. Como en toda buena pizzería, para limpiarte te dan servilletas de papel de estraza (papel de madera) que te desparraman la grasa por la geta.

Hay muchas otras pizzerías de primer nivel, por supuesto. Apunto primero las que están en el centro de Buenos Aires y soy consciente que soy injusto y olvido algunas. Yo las frecuentaba mucho cuando participé en el primer reality show hecho en la TV argentina y por ese motivo me permito hablar de ellas:


Las Cuartetas, en Av. Corrientes 838
Es un restaurante de los años 30, cuando Corrientes era una calle angosta. Se mantiene igual, con el horno original. No es un lugar “retro”, es auténticamente antiguo. Pese a estar un poco en decadencia es visitado por miles de personas que cada día ocupan sus múltiples mesas.
Tiene una especialidad llamada “Salvatore”, que surgió por imposición de un cliente, llamado así, que exigía que se combinaran los gustos de las pizzas de musarela, fugazzeta y anchoas. El secreto, no tan secreto, para prepararla como lo hacen allí consiste en que sus ingredientes deben ponerse junto con la masa cruda en el horno, calentado a 400º.

Los Inmortales, en Av. Corrientes 1369.
Es un emblema de la ciudad. A principios del siglo XX congregaba a los artistas de la Corrientes angosta. Está decorada con fotos de los grandes que pasaron por allí: Gardel, Agustín Magaldi, Francisco Canaro, Aníbal Troilo, Edmundo Rivero, Julio Sosa y Juan D´Arienzo, entre otros. Las pizzas a la piedra, tanto la de musarela como la napolitana, la de anchoas o la de jamón y morrones, son sólo algunas de las especialidades, que alguna vez degustaron Liza Minelli, Charles Aznavour, Iris Marga, Rafael Alberti. Estuvo también allí Arcadi Espada, con el que fuimos en un descanso de la filmación de una de mis películas, cuando vino a la Argentina a hacerme un reportaje.

Güerrín, en Av. Corrientes 1368
Funciona desde hace ochenta años. Conserva los mostradores al frente, con cubierta de granito. Se come de parado porciones de musarela o pomarola (una variedad poco común), con un vaso de moscato, mistela, marsala o jerez. Entre la clientela hay músicos, actores y escritores. Entre las 160 variedades de pizza que se ofrecen se destacan la Super Güerrín (musarela, jamón, morrones y cebolla), la Ideal Güerrín (musarela, jamón, morrones y alcauciles) y la de queso y mariscos, todas en sus dos versiones: a la piedra o media masa.

El Cuartito, en Talcahuano 937
Es viejísima, cerca de Tribunales: pizza de molde, manteles de papel, fotos de deportistas y un clima que te hace sentir todo el tiempo acompañado. Ideal la combinación muzzarella, moscato y flan casero, pero sin dudas lo mejor que tiene son las porciones de fugazzeta que se calientan en el momento. Aquí no se viene a buscar buen servicio ni un ambiente sofisticado. Pizza como hay pocas es lo único que tiene para ofrecer. Es una pizzería de “rrioba” (dicho al “vesrre”) en pleno centro porteño.

Pirilo, en Defensa 821
Es un lugarcito histórico en San Telmo (barrio pegado a la Casa Rosada) atendido por una dueña antipática pero lo compensa el hecho de que la pizza chorrea grasa, una maravilla. Un local diminuto cuyo horno a leña funciona desde hace ochenta años. Aún hoy usan los moldes de 60 centímetros de diámetro. En esta pizzería se come "de dorapa" (de parado) o en mesas sin mantel en la acera. Tiene variedades de musarela, de molde, de fugaza o de cancha (enormes, para comer en los estadios de fútbol) que se come fría, con ají molido, tomate y orégano, sin queso. Tiene una gran clientela entre los taxistas. Se puede recalar en el lugar cuando en el fin de semana se visita la feria de antigüedades del barrio, algo imperdible para los turistas.

Recuerdo otras pizzerías un poco más alejadas del centro:

Burgio, en Av. Cabildo 2467 (Avda. Cabildo y Monroe)
Barrio de Belgrano. El horno está al frente, a la vista. Las mesas atrás. Aquí se puede comer la pizza acompañada de fainá. Se come generalmente “de dorapa”. Los “mozos” (camareros) atienden al público con total indiferencia, hasta con desdén. Se pueden dar ese lujo porque en kilómetros a la redonda no se consigue maravilla igual. El que cobra devuelve las monedas engrasadas porque al mismo tiempo atiende en la barra. Hay que soportar todo porque es un privilegio estar allí. El lugar es bastante sucio y mejor no entrar a los sanitarios. Pero casi es una regla de oro que las mejores pizzerías funcionan en los peores lugares. Las pizzas de los relucientes locales modernos suelen ser incomibles.

Angelín, en Av. Córdoba 5270
Barrio de Villa Crespo, en su límite con Chacarita. Muy antigua. Es un lugar de culto para los amantes de la pizza hecha en horno a leña. Era la pizzería preferida por el actor Robert Duvall cuando visitaba Buenos Aires. También estuvo allí Frank Sinatra. El local tiene las paredes revestidas con azulejos blancos y destacan el hecho de ser los creadores de la "pizza canchera" (pizza de "tacho", con salsa, sin musarela, de diámetro mayor que cualquier otra). En esta pizzería se come de parado y al fondo tiene salón comedor. Otras especialidades son la pizza de musarela, la napolitana y la fugazza. Se puede finalizar con una copa de sidra de barril bien helada acompañada de una porción de pan dulce casero o torta de ricota.

Pizzería La Meseta, en A.Thomas 1320 y Elcano
Barrio de Colegiales. Se caracteriza por su pizza media masa y sus tortas de ricota, la pasta frola y la super torta de dulce de leche. Es un local pequeño donde se pueden saborear las porciones de muzzarella y faina, servidas juntas sobre servilletas de papel de estraza, acompañadas con el vaso de moscato de rigor.

El Acordeón, en Av. Alvarez Thomas 1503
La pizza calabresa que sirven allí es la mejor del mundo. ¡Y la de morrones!

El Fortín, en Álvarez Jonte 5299 (esq. Avda. Lope de Vega)
Usan todavía el horno a leña. La fainá que acompaña la pizza se cocina en los tradicionales "taglios" ancestrales, de casi 50 cm. de diámetro. Es la mejor fainá de Buenos Aires: por fuera crocante, por dentro se deshace en la boca. Ha sido declarada “lugar histórico” de la ciudad. Me la recomendó Maradona, habitué del lugar, cuando aún no nos habíamos enemistado por el caso Cóppola. Es frecuentada por una verdadera multitud y expenden más de quinientas pizzas por día. Fue fundada por cinco jugadores de fútbol del Club Vélez Sarzfield.

La Universal, en Av. Rivadavia y Olivera (barrio de Floresta)
Es un lugar donde no pasa el tiempo. Eso sí: hace poco reemplazaron las banquetas sin respaldo por sillas. Allí se puede comer la pizza como antes: grasosa, media masa, puro tomate y musarela con la porción de fainá y el vaso de vino moscato. Los músicos de “Memphis, la Blusera” le dedicaron a esta pizzería un tema de ellos llamados justamente “Moscato, pizza y fainá” que pueden ver en Youtube, interpretado por el popular Cacho Castaña:

“Las luces se encienden
calle Corrientes
se llena de gente
que viene y que va
salen del cine
ríen y lloran
se aman, se pelean,
se vuelven a amar
y en la Universal
fin de la noche
moscato, pizza y fainá,
moscato y pizza.”

Banchero, en Av. Almirante Brown 1200
Barrio de La Boca. Fue fundada por un inmigrante italiano, Banchero, que llegó a la Boca del Riachuelo a fines del siglo XIX. Instaló primero una panadería. Allí nació la fugazza, una pizza de cebolla sin tomate, envuelta formando un saco y rellena con queso musarela. Eran habitués de la pizzería el pintor boquense Benito Quinquela Martín, el autor de tangos Juan de Dios Filiberto, el actor Luis Sandrini, la actriz y cantante Tita Merello, Tomás Simari. De hecho se considera que Banchero fue el inventor mundial de la pizza, y así lo proclaman: “Banchero. Ahora muchos hacen pizza, nosotros la creamos…”

Creo que el marqués disfrutaría a morir en estos templos de la comida popular argentina. En cambio creo que el Crítico Constante huiría despavorido de esos antros. Por mi parte estoy orgulloso de que la mejor comida-basura del mundo sea la que se hace en Argentina. Es tal la fama de la pizza napolitana que se hace en Argentina que se han abierto en muchos otros países locales donde se las prepara a nuestra manera. En México aquí, entre otros lugares.

En Chile compiten brazo a brazo la pizza italiana y la pizza napolitana argentina. En Uruguay solamente se come la variante argentina. Pero también los españoles disfrutan esta exquisitez de la gastronomía argentina. Se puede probar en muchas pizzerías abiertas por mis connacionales en Madrid y otras ciudades de España. Con una advertencia: No es exactamente igual. Han tenido que adaptarse al gusto europeo. La musarela argentina no es lo mismo que la mozzarella italiana (hecha con leche de búfalo). Además en Argentina le ponemos mucha más musarela a la pizza que en España. Pese a la advertencia estas son las pizzerías argentinas de Madrid que recomiendo, porque las visité:

Mamma Carola, en Calle de San Bernardo 86, muy cerca de la glorieta de San Bernardo.
Aclaro que se dice en argentino “mamma” y no como pronuncian los madrileños, “mamá”. Al frente del negocio están el bueno de Ricardo y su mujer, argentinos ambos. El menú tiene como entrante el también muy típico matambre arrollado, del cual en alguna otra ocasión les pasaré la receta, tal como lo preparo en mi casa.

El Trébol, en Calle de la Cruz, 3, cerca de los metros de Sol y Sevilla, en Madrid.
Es un lugar pequeño pero hacen pizzas deliciosas. Algunos madrileños aman este lugar, tal como se puede constatar en la web: “la pizza argentina se ha convertido en un alimento con entidad propia y se diferencia de su antepasada europea, sobre todo, por el grosor de su masa. Mientras la italiana se mantiene fina, incluso crujiente, la porteña tiene una masa más generosa, con lo que el resultado es mucho más jugoso y con esa mozzarella fundida puedes alcanzar el éxtasis. Por eso somos muchos los que, sin hacer ascos a la pizza italiana, preferimos sin dudarlo una buena pizza del país de Maradona.”

Mastropiero, en En Calle de San Vicente Ferrer 34, a dos pasos de la plaza 2 de Mayo.
El nombre de la pizzería homenajea al personaje creados por Les Luthiers, ese grupo musical argentino. La pizza napolitana argentina, es excelente allí. Además, como atención de la casa y cuando no están muy agobiadas por la cocina las dueñas convidan a los comensales (algo que no es poca cosa en estos tiempos) con un postre de bizcochuelo de chocolate con dulce de leche, el dulce típico de la Argentina. Las dueñas son, es obvio, argentinas y muy agradables. Tienen también empanadas criollas muy buenas. Les pregunté a qué se debía que no tenían el otro plato típico de Argentina, la empanada gallega, y me respondieron que tuvieron que retirar la oferta del menú porque los comensales españoles no podían entender que la empanada gallega fuese un plato típico de la Argentina. La pizza se come allí en la barra o con taburetes en mesas altas, porque el lugar es chico.

PizzaCoteca, en Calle Cervantes 26, Majadahonda
Muy importante: En esta pizzería se puede pedir el típico combo argentino “pizza, fainá y moscato”. Tienen también la cerveza argentina Quilmes. Y nuestros típicos alfajores de maicena.

Pero la mejor pizzería argentina que hay en España no está en Madrid. Paseando por Sueca (Valencia), donde había ido para comer paella, me encontré con la pizzería Mi Buenos Aires querido en Avda. Vilella esq. c/ Castelló de la Plana, 55 ¡Y no me pude resistir! Allí pude comer algo que yo creía que solamente se podía conseguir en Argentina: ¡las milanesas napolitanas! Les cuento que cuando los argentinos deambulamos por el mundo solemos confraternizar para consolarnos porque desde que salimos de nuestro país no hemos comido las imprescindibles milanesas napolitanas, comida que aparece por lo menos dos veces por semana en todas las mesas argentinas. La receta de la milanesa napolitana es otra deuda pendiente que dejo con este nickjournal. Hay un sitio de Internet donde pueden ver este restaurante que me restauró el alma (y el estómago) cuando estuve en Valencia. Volví cada vez que pude a probar los distintos platos típicos argentinos que allí preparan: pollo a la portuguesa, la hamburguesa completa, los canelones, los sorrentinos… Son todos platos típicos de la Argentina.

En otro lugar donde comí en España la auténtica pizza napolitana argentina fue en “La pizza del Born”, en el Passeig del Born, 22, en Barcelona, lógicamente. Ahí también se consigue la cerveza argentina Quilmes, el dulce de leche y los alfajores de maicena. Pero en los fines de semana el lugar es una locura, no se puede entrar por el gentío que hay ahí. Recomiendo ir entre semana, mucho más tranqui, como decimos los argentinos.

En Nueva York encontré de casualidad el “Nina´s Argentine Pizza Restaurant” con música, decoración y feeling argentinos. Queda en Manhattan/Upper East Side. En el 1750 de la 2nd Ave. Hasta tienen una variante reciente de la pizza argentina, la coronada por rúcula fresca.

Debo decir, sin embargo que en Internet hay un sitio español donde se hizo una absurda encuesta sobre cuál es la mejor pizza, si la argentina o la italiana. Allí un español se atrevió a opinar en la cuestión por haber comido pizza en un restaurante regenteado por argentinos en Algeciras y que comparó con la que comió en Florencia. Y alguien le replicó, con justicia, que en Algeciras no se consigue el mismo tomate ni el mismo queso (musarela) que se consigue en Argentina. Otro llega al absurdo de decir que como no había probado la pizza argentina optaba por la italiana. (!)

Una joven argentina, de visita en Roma, opinó así en su blog sobre la pasta y la pizza italiana: “obviamente no hay como la pizza argentina!!!! Estos tipos se creen que son los mejores, pero ni la pizza, ni la pasta, ni los helados son como los nuestros!!!!”

Claro, dirá alguno, es una argentina. Pero lo mismo dice un español especialista en gastronomía: “Soy un buen comedor de pizzas. No me da vergüenza confesarlo. Por el año 1988 que tuve que estar una buena temporada en Estados Unidos comí pizzas en el este, oeste y centro. Pese a la fama de las pizzas de Nueva York, descubrí que las gruesas de Chicago son infinitamente superiores y las tuve algún tiempo entre mis favoritas. Con los años y los buenos amigos me di cuenta que la pizza insuperable era la argentina. Incluso, tras comerlas asiduamente en Italia, sigo pensando lo mismo: las mejores pizzas son las argentinas.”

O esto que opina un joven norteamericano de origen nipón: “in terms of pizza, i have to admit pizza in argentina is even better than in Italy.” Yo también, que he probado todas esas variedades y sin nacionalismo alguno de por medio digo que la mejor es la porteña: ¡esos triángulos donde la abundante musarela derretida se deshace en hilos que no se cortan!

Si los participantes de este nickjournal me avisan con tiempo los podría acompañar cuando visiten Buenos Aires. Los llevaré a lugares horribles, tal como hice con Arcadi, pero en los que se come la mejor pizza napolitana del mundo.

(Escrito por Hércor)

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18 junio 2008
El cristalero, la viuda, el pianista y los clientes
Lo peor que le puede pasar a alguien es que nadie se acuerde de él cuando esté vivo. Sobre todo al que olvida, porque empezó ignorando situaciones incómodas creyendo que le eran ajenas o irremediables. Recordarán ustedes el caso del cristalero, la viuda, el pianista y los clientes, cuya obscenidad no está en el título de película X sino en las fuerzas paralelas de su constancia y olvido. Es un caso que recorre la historia reciente del País Vasco, desde los años 60, con una tozudez sólo equiparable al silencio que envuelve a parte de sus protagonistas, a los condenados al ostracismo social y político, no a sus verdugos. Aquí falla la aplicación de la música, eso que decía Miles Davis de que "el silencio es el ruido más fuerte, quizá el mas fuerte de todos los ruidos". Pues no, no se oye, ni como alegoría moral.

El cristalero es otro cantar. La viuda sigue viviendo donde solía, con empeño de mujer acostumbrada a encontrar la calma sólo donde ya ha estado, aunque le hayan expropiado el lugar. Se resiste a creerlo. El pianista son los presidentes de los gobiernos de los dos territorios en liza, poniendo música chill out de referéndum y legalidad de ocasión a la Historia. Si protestas, el pianista te contesta con un administrativo vuelva usted la próxima generación. Han convenido una Restauración política, con sus caciques con mando en plaza, cesantes de mejor empleo, quinquis y menestrales. Éstos son los clientes, los ciudadanos que renuncian a tal condición por ser espectadores, ésos dispuestos a confundir una bomba con una explosión de gas. Ésos que cuando huele mal el piso del vecino llaman a sanidad municipal, no vaya a ser que el cadáver les recuerde su vida de zombis. Se han comido el paisaje como nuevos ricos. A los clientes les ha pasado lo que Ortega decía de la muchedumbre, que de pronto, se han hecho visibles, tapando todo lo demás.

Los hechos, contundentes, secos, inapelables:

1. Azcoitia, 1962: un hombre joven, soltero, paisano del pueblo, pasea por el lugar y ve cruzar la calle a la mujer del carpintero, a la que conoce bien, con su bebé en brazos y su otro hijo de 2 años corriendo tras una pelota, mientras un camión se abalanza sobre ellos. El hombre se lanza hacia la mujer y le coge el niño de sus brazos mientras ella va a rescatar al otro niño. El hombre llega a tiempo y lo salva, pero el camión arrolla a la mujer y al hijo mayor, matándolos.

2. En otro lugar del País Vasco, 1980: el bebé se ha convertido en un joven de 18 años que le da el tiro de gracia a un paisano de Azcoitia, concejal, a cuyo coche acababan de disparar siete tiros sus compañeros de ETA sin conseguir matarlo. Este paisano resulta ser el hombre que le salvo la vida. Al cabo del tiempo, el joven es condenado a indemnizar a la viuda e hijos del muerto con 90.000 €, que son pagados subsidiariamente por el Estado al declararse insolvente el vecino.

3. Azkoitia, ya con la k kafkiana propia de la época, 2005: Nuestro protagonista instala una cristalería en una planta baja que había comprado anteriormente por 120.000 €, situada en la misma finca donde nació y sigue viviendo la viuda e hijos del asesinado y en cuya casa prestan servicio los guardaespaldas de esa mujer, ya que está amenazada por ETA (ahora es concejal en el mismo pueblo). Se convierten en vecinos de escalera. Les separan dos pisos. El cristalero declara que su padre nunca le dijo quien le había salvado la vida de pequeño.

4. Un hecho que es toda una narración: El cristalero se llama Kandido. Con el mismo tipo de k.

5. La historia se convierte en institucional: llega a editorial de El País. Un editorial de pedagogía contable.

6. Se impone la auténtica verdad de esta historia, la síntesis más exacta e implacable de esta situación: Kandido dijo estar seguro de que los vecinos de Azkoitia lo respaldan a él y no a ella (Azkoitia, 10.000 habitantes). ¿Alguien lo duda?

7. Azkoitia, en la actualidad. La vecindad se hace institucional: el cristalero y la viuda comparten el salón de plenos del Ayuntamiento (aunque en la web del Ayuntamiento no aparece Kandido como concejal).

La imagen, que transmite una situación de normalidad absoluta: la viuda pasa ante la tienda del cristalero, seguida de su guardaespaldas, cada día idéntico al siguiente. Se dirige al portal de su casa.


Esta es una historia sin poesía, por más que vivamos en los pronombres de las víctimas. Y sí, ésta es una historia de extrañamiento y alejamientos, sin más órdenes de alejamiento que las que hemos querido obedecer.


(Escrito por Bartleby)

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